Una nueva vida
«Quema, duele, ya basta…», rogaba una voz aguda, dolorida
y disgustada, como si resonara directamente dentro de mi cabeza.
«Aunque digas eso, ¿qué quieres que haga?», pensé, mientras
esa vocecita iba disminuyendo.
En cuanto dejé de escuchar esa voz infantil, sentí como si la membrana que envolvía mi consciencia se desgarrara, y que esta, poco a poco, iba resurgiendo. Al mismo tiempo, sentí extenderse por todo mi cuerpo un profundo dolor y una fiebre muy alta, como si se tratase de una gripe.
«Tienes razón, esto quema y también duele. A mí tampoco me gusta», asentí a la vocecita, pero esa voz infantil ya no volvió a responder.
Tenía mucho calor, como si estuviera ardiendo. Traté de moverme en la cama, buscando un lugar que estuviera más frío. Quizá fuera debido a la fiebre, pero mi cuerpo no se movía como yo quería. Además, mientras me retorcía, intentando moverme de algún modo, oí un sonido como si hubiera papel o hierba arrugándose debajo de mi cuerpo.
—¿Qué es este ruido?
Mi voz debería haber sonado rasposa, ya que tenía fiebre, sin embargo, salió de mi garganta una voz aguda como la de una niña. No era para nada parecida a la voz a la que estaba acostumbrada. Más bien me pareció que se trataba de la voz infantil que había escuchado dentro de mi cabeza.
Estaba soñolienta por la fiebre, pero sin poder ignorar la textura poco familiar del futón ni mi inesperada aguda voz, fui abriendo poco a poco mis pesados párpados. Como tenía fiebre muy alta, mi vista estaba un poco borrosa y húmeda. Las lágrimas parecían actuar como gafas y pude ver con mucha más claridad de lo habitual.
—¿Eh?
Por alguna razón, lo que apareció frente a mi vista fue la mano de una niña, pequeña y escuálida, con un color enfermizo. Según mi memoria, mi mano era la de un adulto hecho y derecho, no esta mano de niña pequeña y malnutrida.
Abrí y cerré la mano varias veces, comprobando que podía
mover esa manita a voluntad. No era el cuerpo que estaba acostumbrada a ver y mover a mi antojo. Sentí cómo se me secaba la boca ante tal conmoción.
—¿Qué está pasando aquí?
Tratando de no echarme a llorar, eché un vistazo a mi alrededor, y pude ver que no estaba para nada en un ambiente que me resultase familiar. La cama