| 'La locura, el sexo, el desamor, las frustraciones, la violencia y, por supuesto, la enfermedad, son el velo que cubre las vidas de los personajes de estos relatos. Con su prosa, Augusto Rodrguez abre ligeramente la persiana para que podamos asomarnos a la soledad con la que pervertidos, desahuciados, amas de casa y escritores, entre otros, se consumen en su cotidianidad.En 'El hombre que amaba los hospitales', el trance hipntico de la repeticin maquinal de la rutina contamina todo: el tiempo, las acciones, el lenguaje, la vida misma, y nos obliga a pensar en la manera en que la monotona nos invade y lo difcil que es escapar de ella.' |