INTRODUCCIÓN
La experiencia de nuestra generación:
el capitalismo no morirá de muerte natural
WALTER BENJAMIN
Me gustaría comenzar este libro con las palabras de José Carlos Mariátegui quien en 1925 escribió que: «La inteligencia burguesa se entretiene en una crítica racionalista del método, de la teoría, de la técnica de los revolucionarios. ¡Qué incomprensión! La fuerza de los revolucionarios no está en su ciencia; está en su fe, en su pasión, en su voluntad. Es una fuerza religiosa, mística, espiritual. Es la fuerza del Mito».1
El hecho de haber crecido en México, país mayoritariamente de confesión católica, me permitió observar el doble papel de la religión: por un lado, como la legitimación del poder y, por el otro, como «el suspiro de la criatura oprimida» (Marx). Sin embargo, el desdén mostrado hacia los mitos populares, las creencias y la fe de los militantes por ciertos cenáculos de intelectuales de una izquierda eurocéntrica me orilló a estudiar, de manera profunda, la fuerza subversiva de la religión.
Durante la recta final de mis estudios de sociología en la Universidad Autónoma de Puebla, cayó en mis manos una obra tituladaGuerra de dioses.Religión y Política en América Latina. Dicha obra me permitió, desde una perspectiva marxista, percibir la importancia de la teología de la liberación latinoamericana. Por tanto, tomé la decisión de viajar a Francia para estudiar con el autor de dicha obra: Michael Löwy.
Después de haber redactado mi tesis de maestría sobre lacolonialidad del poder en América Latina en la que abordé los mecanismos de dominación cultural (como el centro comercial), decidí estudiar las formas contrahegemónicas que proponen otra geopolítica del conocimiento. Por tanto, la teología de la liberación —como expresión discursiva del cristianismo de la liberación— me pareció pertinente, ya que desarrolló un novedoso análisis (y una crítica radical) de la Modernidad.
Durante esta última década, me he interesado tanto en la dinámica de los patrones de dominación globales («colonialidad del poder», «colonialidad del saber», «colonialidad del hacer») como en los movimientos de rebelión (Movimiento de trabajadores Sin Tierra de Brasil, movimiento neozapatista de México, entre otros) que ponen en práctica una «política prefigurativa» delpoder popular.
Aunque en otro lugar ya abordé algunas de estas cuestiones, como en mi libro:Religión sin redención. Contradicciones sociales y sueños despiertos en América Latina (Taberna Libraria, 2012), mis preocupaciones teóricas no han cambiado: ¿Cómo pensar, a partir de los oprimidos, un verdadero proyecto de liberación? ¿Cuál es el papel de la utopía en las luchas de liberación? ¿Cuáles son las principales características de la crítica de la Modernidad/Colonialidadrealmente existente planteada por la teología de la liberación? ¿Cuál es la originalidad y la fuerza del pensamiento crítico producido en el Sur Global? Repensando estas cuestiones, ahora abordo la relación triangular entre la ecología y la religión con un tercer elemento: la Modernidad. Precisamente fue el pensamiento del teólogo brasileño Leonardo Boff el que nos sirvió, por decirlo de algún modo, de entronque.
A medida que me sumergí en la producción teórica de la teología de la liberación, percibí enseguida la originalidad de su crítica radical de la Modernidad y, también, observé laespina crítica de sus obras. Esta característica, teórica y militante, le otorga a la teología de la liberación unaura singular, un rasgo subversivo. Además, la lectura «a contrapelo de la historia» realizada por la teología de la liberación nos obliga a otorgar una atención particular tanto a los sufrimientos ocultos como a los holocaustos provocados por esta Modernidad/Colonialidadrealmente existente.
Una de las ideas-fuerza de esta teología es que la época moderna no es solamente una era donde el sujeto toma conciencia de su papel central en el orden de las cosas y del universo, sino que también es el tiempo del «desencanto del mundo» en el que los dioses son confinados a la esfera privada. Sin embargo