La desregulación financiera fue un factor fundamental que llevó a la crisis económica de 2008. Este proceso, que se desarrolló durante varias décadas, implicó la eliminación gradual de las restricciones legales y regulatorias impuestas a las instituciones financieras, permitiéndoles operar con mayor libertad y asumir riesgos cada vez más elevados. Aunque la intención inicial era fomentar la innovación, mejorar la eficiencia del mercado y promover el crecimiento económico, estas medidas también crearon un entorno propicio para el comportamiento especulativo y el abuso de prácticas financieras riesgosas.
Uno de los momentos clave en este proceso fue la derogación de la Ley Glass-Steagall en Estados Unidos en 1999, mediante la aprobación de la Ley de Modernización de los Servicios Financieros. La Ley Glass-Steagall, implementada en 1933 tras la Gran Depresión, había establecido una separación estricta entre los bancos comerciales y los bancos de inversión para evitar conflictos de interés y reducir el riesgo sistémico. Al eliminar esta barrera, los bancos comerciales pudieron participar en actividades de inversión especulativa, y los bancos de inversión tuvieron acceso a los recursos de los depósitos de los clientes. Esto significó que las instituciones financieras podían utilizar los ahorros de los ciudadanos para financiar actividades altamente especulativas, como la compra de derivados complejos