Prólogo
Es imposible condensar en un libro todo lo ocurrido en la segunda mitad del siglo XX. Son tantos los hechos, desde el punto de vista económico, que de dejar alguno es posible que no se llegase a entender el mundo como lo conocemos hoy día.
Dicho esto, en este libro se ha tratado de enumerar y describir cronológicamente 25 hechos importantísimos que no son todos, pero si son fundamentales para la comprensión del régimen económico presente.
El título no refleja su extensión, pero se ha puesto porque son los dos hechos con los que empieza y termina este libro. Desde 1950 hasta el siglo XXI, un conglomerado de hechos, con sus causas, sus motivos, sus ideólogos, sus consecuencias, los retos y problemas que planteó y sobre todo, cómo se fueron enlazando unos hechos con otros, como en una correa sinfín, como en un engranaje.
En su mayoría no son hechos planificados, se llega a ellos por consecuencias de la propia historia de los hombres. Algunos hombres grandes, que deben permanecer en nuestros idearios, y también algunos dignos del oprobio, aunque no del olvido porque, sin su presencia, para bien o para mal, no estaríamos aquí tal como estamos.
Historia, política, economía y finanzas. La llamada Geopolítica. La “realpolitik”. Geoestrategia. Todo se amalgama y construye o mejor dicho, construimos juntos el estado actual de las cosas.
Junto nos enseña a ser mejores, aunque nos empeñemos en no aprenderlo. Pero es nuestra historia.
La humanidad en su avance comete graves errores y grandes aciertos que se traducen en mejoras para las personas. La economía global juega un papel fundamental en esto. La economía, al igual que la política, rodea al individuo aunque este no lo quiera. Nos influye aunque no lo veamos todos los días. Cada día. Pensemos, ¿qué día no utilizamos las matemáticas o nuestros conocimientos de economía y finanzas, sean muchos o pocos…? Sea para lo que sea, bien para calcular si todavía con la tarjeta de crédito podemos pagar algo, o si nuestra opinión ayudará a alguien con el que conversamos a que cambie, o simplemente amplíe la suya con otro punto de vista. Todos influimos, todos hacemos algo. Acertado a veces, equivocado en otras. Entre todos damos forma a la humanidad en sí. Economistas, obreros, políticos, comerciales, matemáticos, humanistas, arquitectos, ingenieros, pescadores… juntos para un bien común. Primero el nuestro propio, el de nuestras familias… pero con ellos construyendo esta historia, cada uno en mayor o menor medida. Pero influye. Aunque creamos que no, influye.
Como durante toda casi la extensión de lo relatado en este libro influyó un hecho que sobrevuela prácticamente todos los aspectos decisiones, causas y efectos de la segunda mitad del siglo XX.
La Guerra Fría, que emergió tras el final de la Segunda Guerra Mundial, moldeó de manera profunda y omnipresente la historia de la segunda mitad del siglo XX. Este enfrentamiento ideológico y político entre dos superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, no solo definió la política internacional de la época, sino que también influyó en cada aspecto de las relaciones globales, desde los conflictos armados hasta los avances tecnológicos, las alianzas estratégicas y la dinámica económica de las naciones.
El origen de la Guerra Fría puede rastrearse al mismo momento en que los Aliados celebraban su victoria en 1945. La derrota del Eje ocultaba una creciente tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética, quienes, a pesar de haber cooperado contra un enemigo común, veían el mundo posguerra a través de lentes ideológicas opuestas. Mientras Estados Unidos defendía los valores del capitalismo y la democracia liberal, la Unión Soviética aspiraba a expandir el socialismo bajo un modelo centralizado de control estatal. Esta dicotomía de valores se convirtió rápidamente en la base para un conflicto que no se desarrollaría en el campo de batalla directo entre las dos superpotencias, sino a través de sus influencias indirectas en conflictos regionales, alianzas militares y competiciones tecnológicas.
Europa fue el primer gran escenario de esta rivalidad. La división del continente en bloques occidental y oriental, simbolizada por el Muro de Berlín, reflejó la polarización ideológica que definiría las siguientes décadas. El Plan Marshall, lanzado por Estados Unidos para reconstruir las economías devastadas de Europa occidental, fue tanto una herramienta económica como política para contener la expansión soviética. La Unión Soviética, en respuesta, consolidó su control sobre Europa del Este a través del Pacto de Varsovia y la creación de estados satélites que actuaban como barrera contra el bloque occidental. La lucha por el control de Alemania se convirtió en el epicentro de esta división, con Berlín como el símbolo más tangible del enfrentamiento.
La Guerra Fría no se limitó a Europa. El resto del mundo se convirtió en un tablero de ajedrez donde Estados Unidos y la Unión Soviética competían por influencia. En Asia, la Guerra de Corea marcó el primer conflicto importante de esta nueva era, con ambos bloques apoyando a bandos opuestos en un enfrentamiento que devastó la península y reforzó la idea de que el mundo estaba dividido en dos esferas de poder. Más tarde, la Guerra de Vietnam se convirtió en otro campo de batalla crucial, donde Estados Unidos intentó frenar el avance del comunismo en el sudeste asiático, mientras la Unión Soviética y China respaldaban al Viet Cong y a Vietnam del Norte. Estas guerras no solo causaron una inmensa pérdida de vidas humanas, sino que también evidenciaron la disposición de ambas superpotencias para utilizar terceros países como peones en su rivalidad global.
En América Latina, la influencia de la Guerra Fría se manifestó en una serie de golpes de estado, revoluciones y dictaduras, a menudo orquestadas o apoyadas por Estados Unidos en su afán por prevenir la propagación del comunismo en su"patio trasero". La Revolución Cubana de 1959, liderada por Fidel Castro, fue un punto de inflexión. Cuba, con el apoyo soviético, se convirtió en un símbolo del comunismo en Occidente, lo que llevó a episodios críticos como la crisis de los misiles de 1962, donde el mundo estuvo al borde de una guerra nuclear. Por otro lado, la Operación Cóndor, liderada por regímenes militares en Sudamérica con apoyo estadounidense, mostró hasta qué punto la lucha contra el comunismo se convertiría en una excusa para justificar violaciones masivas de derechos humanos.
África y el Medio Oriente también se vieron profundamente afectados por las dinámicas de la Guerra Fría. La descolonización del continente africano creó un vacío político que ambas superpotencias intentaron llenar. Países como Angola y Etiopía se convirtieron en escenarios de conflictos prolongados, donde la intervención extranjera exacerbó las divisiones internas. En el Medio Oriente, la Guerra Fría contribuyó a una serie de conflictos que en gran parte definieron la región durante el siglo XX. La rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética intensificó las guerras árabe-israelíes, mientras que el apoyo soviético a regímenes como el de Egipto y Siria buscaba contrarrestar la influencia estadounidense en Israel y otros aliados.
La competencia tecnológica y militar fue otro aspecto central de la Guerra Fría. La carrera espacial, iniciada con el lanzamiento del Sputnik por parte de la Unión Soviética en 1957, simbolizó la lucha por el predominio científico y tecnológico. Estados Unidos respondió con el programa Apolo, culminando en el histórico alunizaje de 1969. Paralelamente, la carrera armamentística llevó al desarrollo de arsenales nucleares masivos, alimentando un equilibrio de terror que definió la política de disuasión mutua. Este enfrentamiento también se extendió a la cultura y la propaganda, con ambos bloques promoviendo sus sistemas como superiores en términos de prosperidad y libertad.
La Guerra Fría llegó a su apogeo durante la década de 1980, cuando Ronald Reagan en Estados Unidos y la llegada de Mijaíl Gorbachov al liderazgo soviético marcaron un cambio de dinámica. Reagan intensificó la presión sobre la Unión Soviética con políticas como la Iniciativa de Defensa Estratégica, mientras que Gorbachov introdujo reformas internas que desestabilizaron el sistema soviético. La perestroika y la glasnost fueron intentos desesperados por salvar la economía soviética y modernizar su sociedad, pero terminaron acelerando la caída del régimen. En Europa del Este, las revueltas populares, como las que ocurrieron en Polonia y Alemania Oriental,...