: Francisco Benítez Aguilar
: El Príncipe Inca, Naufragio de un Imperio
: Books on Demand
: 9788410922433
: 2
: CHF 8.90
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: Soziologie
: Spanish
: 424
: Wasserzeichen
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
En'El Príncipe Inca, Naufragio de un Imperio', el autor ha volcado sus investigaciones sobre lo sucedido en torno a dos navíos de guerrra, El Peruano y el San Pedro de Alcántara, ambos pertenecientes a la Corona española en una accidentada travesía de casi dos años, salpicada de graves acontecimientos, como la primera gran rebelión indígena de América del Sur y los abusos y desgobierno de las autoridades virreinales del Perú. La ejecución del líder inca Túpac Amaru II y toda su familia, a excepción de su hijo menor, -El Príncipe Inca-, puso a éste como protagonista y como pasajero forzoso de uno de los navíos, que terminó hundido en aguas muy distantes de Cádiz, su pretendido destino. El relato histórico desmonta versiones noveladas de lo ocurrido en Cuzco, Lima, El Callao, Río de Janeiro, Cádiz y Peniche, y eleva el valor del ser humano sobre mercaderes y tesoros, ofreciendo una panorámica de la sociedad virreinal, los primeros indicios del colapso imperial y el papel desarrollado por sus principales protagonistas en Cuzco, Lima, Peniche y Cádiz.

Francisco Benítez Aguilar nació en Medina Sidonia (Cádiz, Andalucía, España), el 20 de septiembre de 1950. Periodista, escritor, dramaturgo, poeta, ibero-americanista. Comenzó su carrera en Diario de Cádiz y la Hoja del Lunes, de la Asociación de la Prensa gaditana. Trabajó como delegado de Diario El Independiente, de Madrid. Redactor Jefe de El Periódico de la Bahía; Delegado de cadena SER radio, la Voz de Almería y colaborador de otras emisoras (RNE, SER, Onda Cero, Radio Popular). Colaborador del Boletín Oficial de la Academia Iberoamericana y Filipina de Historia Postal y de la Revista de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. Algunos artículos periodísticos suyos aparecen firmados por'Abderramao El'Kffé' y'Coral Huseca Gramaja'. Director y creador de la revista Andalucía en el Mundo, los periódicos Noticias del Sudeste y Noticias de Adra. Columnista en Crónica Filatélica y publicaciones del Grupo NEXO. Fue director del programa'Al Andalus', en árabe y español, en Radio Intercontinental de Madrid. Es creador del Certamen Internacional 24 Horas de Cine y del auto sacramental'La Pasión de Adra' (que se representa con más de cien actores, desde hace 22 años). Ha realizado estudios sobre períodos de la Historia de Portugal (La Embajada de Portugal en Cádiz en 1812: (Duque de Palmela); Portugal en la defensa de Cádiz (1812), El correo de Portugal en 1900, La guerra civil portuguesa: Don Pedro y Dom Miguel y las leyes de Banimento, El magnicidio del SM El Rey Don Carlos de Portugal y la extraña muerte del rey Dom Manuel, entre otros trabajos. Fue fundador (1984) de la Sociedad Filatélica Gaditana y la Academia Thebussiana e Ciencias Artes y Letras. Es Miembro de Honor de la Academia Iberoamericana y Filipina de Historia Postal, del Ateneo de Cádiz, de la Orden del Santo Sepulcro de San Juan de Dios, de Granada, y de la Ordem de Nossa Senhora da Conceiçao, Padroeira de Portugal, entre otras entidades. En Medina Sidonia, promovió los homenajes nacionales y la instalación de monumentos a Mariano Pardo de Figueroa, el Doctor Thebussem', y al Almirante Pascual Cervera y Topete. Entre sus obras destacan'Doctor Thebussem, Obra, Tiempo y Tierra','La Huelga de los Garbanzos','Cantare y Yantares de la Provincia de Cádiz','La Romería','El Legado de John Guntherson','La Silla Vacía','Cinco piezas de Teatro Andaluz','Sólo Dios lo sabía: El diario secreto del Padre Jorge Loring, S.J.' y'Bipolar', entre otras.

INTRODUCCIÓN


El jesuita Blas Valera, con sangre hispano-inca, uno de los primeros defensores de los derechos ancestrales de su pueblo, había cometido el error de escribir en libertad a favor de la emancipación indígena, fomentando el conocimiento de las lenguas nativas y encontrando evidentes similitudes entre los cultos originarios y el cristianismo. No fue el único.

La Compañía de Jesús, Orden religiosa que fundó San Ignacio de Loyola, tenía teóricamente esa vocación ecuménica para acercarse a los pueblos, pero sus propias estructuras de poder, donde la obediencia era la ley suprema, marcaban los límites, que Valera no quiso o no supo calibrar, sufriendo por ello las consecuencias en forma de castigo inquisitorial.

Él, que había intentado impregnar de un racional acercamiento de culturas a europeos y nativos; divulgado por primera vez vocabularios en quechua, comprensibles para los españoles; que había dejado escrita la historia y costumbres del pueblo inca en latín, se vio forzado a abandonar sus tierras andinas, para cumplir destierro al otro lado del océano Atlántico, en Cádiz, sometido a movimientos restringidos, aunque por algún tiempo ejerció como maestro en el Colegio Jesuita de la ciudad y como confesor, sólo de hombres, porque también se le acusó, tal vez para poder justificar el atropello de su exilio, de tener cierta debilidad hacia las mujeres.

Lienzo acuchillado en el asalto inglés a Cádiz. Iglesia de Santiago, Cádiz

En Cádiz, Blas Valera pudo dejar ultimadas algunas obras por las que ha pasado a la Historia y que un hábil contemporáneo, también peruano, residente en Córdoba y célebre autor, el Inca Garcilaso de la Vega, logró adquirir a través de un amigo, el jesuita Pedro Maldonado de Saavedra, que pudo obtenerlas del mismo Valera, ya en la Casa de la Compañía de Cádiz o en Málaga, tras el asalto inglés. En los Comentarios Reales, la obra más conocida del Inca Garcilaso, éste cita a Blas Valera en cincuenta y cinco ocasiones como fuente principal de sus estudios para copiar sus textos, y hace referencia a los destrozados papeles del historiador, plagiándolos en dicha obra, en once ocasiones.

Fuera como reconocimiento a la labor de Blas Valera, o como simple apropiación de los citados papeles, con su acción, el Inca Garcilaso de la Vega propició, sin embargo, que esa historia llegase hasta nuestros días.

Iglesia de Santiago, antiguo templo de la Compañía de Jesús, en Cádiz.

Lo acreditado en documentos oficiales de la propia Compañía de Jesús, es que Valera estuvo en Cádiz hasta la fecha del asalto inglés de junio y julio de 1596 en que la ciudad fue saqueada, destrozados los archivos y quemadas imágenes y templos, aunque los invasores dieron a los vecinos de segundo nivel y sin valor que se pudiese cuantificar como rehenes, la posibilidad de huir de la ciudad, con las pertenencias que pudiesen llevar sobre sí.

Centenares de personas, Valera entre éstas, emprendieron un penoso éxodo en las embarcaciones disponibles en la bahía gaditana y desde la desembocadura del río Guadalete. La marea humana se esparció desesperada hacia El Puerto de Santa María, Rota, Puerto Real o Jerez y desde esos lugares, a otras poblaciones del Sur peninsular, como Sevilla, Granada y Málaga.

En los anales de la Compañía de Jesús figura el fallecimiento del