: Alberto Dou
: Progreso y final de época
: Universidad Pontificia Comillas
: 9788484686309
: Estudios Interdisciplinares
: 1
: CHF 6.20
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: Soziologie
: Spanish
: 304
: Wasserzeichen
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
El presente texto contiene las Actas de la XVI Reunión Interdisciplinar José de Acosta, que tuvo lugar en Alaquàs (Valencia) del 5 al 9 de septiembre de 1989. El título Progreso y final de época formula un dilema sobre la coyuntura actual en relación con la evolución de la cultura occidental. La elección de este tema obedece a la abundante literatura sobre la postmodernidad y a las múltiples y variadas razones que se aducen para mostrar que estamos en el umbral de una nueva época. Paralelamente, el juicio sobre el mismo progreso ha evolucionado de tal manera que en muchos de sus aspectos su bondad es cada día más cuestionada; y sin duda la del progreso es una idea clave y muy propia, por lo menos del último período de la modernidad.

Alberto Dou Mas de Xaxàs fue un destacado académico y científico, miembro de varias academias y autor de numerosos estudios sobre matemática y física. Fue profesor y rector en varias instituciones, incluyendo la Universidad de Deusto y el Instituto Católico de Artes e Industrias (ICAI). Además, impulsó la integración de matemáticas en los planes de estudio económicos y participó en proyectos internacionales, como los cálculos del Programa Apolo de la NASA. Entre sus reconocimientos, destaca la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio. También es notable su contribución en la identificación del 7Q5 con el uso de la informática.

PRIMERA PONENCIA

ENCUADRAMIENTO DE LA IDEA DE «PROGRESO» EN LA PERIODIZACION DE LA EDAD CONTEMPORANEA

Alfonso ECHANOVE

1. INTRODUCCIÓN

El cometido de este tema no es más que una labor previa de sentido común y no demasiadas pretensiones, similar a la que se emplea en cualquier tipo de intento constructivo: jalonar el terreno donde —lo que sea— vaya a ser edificado. El tema general de la reunión interdisciplinar presente gira en tomo a la idea de «cambio histórico», de «mundo que termina» y de «era que comienza», de «avance humano» en cualquier aspecto que se le considere, de «progreso», palabra de matices esencialmente dinámicos y frecuentemente positivos, diferente de la mera «progresión» con que se denomina el mero curso de todo lo que se muevesecundum prius et posterius.

De lo que se trata, pues, es de enmarcar históricamente la problemática actual sobre la que han de versar las discusiones de estos días, a fin de que el marco permita una mejor concentración sobre el contenido del cuadro.

El hecho de que se haya encargado esta específica labor previa indica la intensa conciencia que todos tenemos de estar viviendo un tiempo de excepcional trascendencia, algo que nos sitúa en el principio de una «postcontemporaneidad». ¿Es posible conocer los límites de esta nueva época, si es que es nueva? ¿Cómo sabemos que termina o ha terminado la anterior? ¿Nuestra sensación de estar en untournant histórico se deberá precisamente al carácter de chamela que tienen los años que nos ha tocado vivir?

Creo que no se puede hacer claridad en las posibles respuestas a estas preguntas, sin un arranque previo desde los módulos fundamentales de la historiografía, por lo que me vais a permitir que coja una pequeña carrerilla.

De una o de otra forma, a los historiadores de cualquier época les ha llamado la atención y han sabido distinguir entre lo que «fue» y lo que «es», entre la época o las épocas pasadas, que de algún modo había que organizar para su estudio, y la vivencia presente o solo inmediatamente pasada que ellos percibían sin haberla tenido que estudiar en libros. Son muchos los que han intentado clarificar el cúmulo de conocimientos del pasado organizándolos en razón de la coherencia quepara ellos presentaban.

Nacieron así, a partir del Renacimiento, los conceptos de Edad Antigua, Media y Moderna, a la que se añadió posteriormente, por causa de la trascendental ruptura que significó la Revolución Francesa, la Contemporánea. Estas gruesas demarcaciones nos sirvieron a todos, o a casi todos, de pauta o falsilla fundamental para enmarcar nuestros conocimientos históricos. Los que luego tuvimos que continuar por el camino de la disciplina histórica o filosófica pronto aprendimos que las cuatro edades eran terribles simplificaciones, y que el pasado, lo mismo que el presente, tienen toda la complejidad estructural de la vida humana y de la vida en general, multiplicada por el inmenso número de variables que les da la colectividad.

Con esta conciencia historiográfica acrecentada se han ido articulando nuevas divisiones de la historia admitiendo el principio de la pluralidad geográfica o cultural, y se han ido también aplicando a cada una de estas unidades las diversas fases relativas de un proceso inicial, de una madurez y de una decadencia, o sea, e