IGNACIO ASTARLOA. UNA APROXIMACIÓN ÉTICA A LA VOCACIÓN DE SERVICIO PÚBLICO
ESTEBAN ASTARLOA
Abogado
1.INTRODUCCIÓN
Comienzo estas letras con una petición de disculpa a los directores de esta publicación. Su amable invitación a participar en un libro homenaje a Ignacio Astarloa podía sugerir que mi contribución viniera a versar sobre algún aspecto del derecho penal o del derecho procesal en el ámbito de la empresa. Así parecerían aconsejarlo o justificarlo mis años de dedicación profesional a esa materia en Uría Menéndez, y en general, al ejercicio tan satisfactorio de la profesión de abogado durante la mitad de mi vida.
Pero como podrá comprobarse por el título y los párrafos que seguirán he optado por algo bien distinto. Y confío en que los directores, y los lectores en general, sabrán perdonar la licencia que me tomo de dedicar estas letras a una vida dedicada de manera sincera y cierta, sin fingimientos ni objetivos disfrazados u ocultos, al interés general. En sus distintas facetas o versiones, todas ellas alrededor del derecho —desde el alumno colaborador del departamento de derecho laboral en sus inicios hasta el Académico de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación más recientemente—, Ignacio Astarloa ha demostrado de verdad y con obras que existe la vocación de servicio público, y que además este último puede ejercerse desde los más altos valores morales y humanos.
Mis últimos años alejados del ejercicio y la docencia en la disciplina penal sin duda recomiendan, especialmente por la salud del lector, que no se me ocurra escribir sobre derechos fundamentales y derecho penal, que no lo intente. Grandes profesionales de la academia o del ejercicio seguro escriben y escribirán de manera bastante más solvente y acertada sobre esta materia (si no me falla la memoria recuerdo el discurso de ingreso en la RAJyL del profesor Rodríguez Mourullo sobre delito, pena y jurisprudencia constitucional en el que tuve la suerte de estar presente).
Si a ello añadimos que solo tengo un hermano, que este se llama Ignacio y que llevo sus mismos apellidos, que le conozco desde una vida entera y no solo desde una mitad, y que este es un libro de homenaje por su trayectoria docente, y no solo docente, creo que poco más debo explicar. Semblanza, o aún más, panegírico o loa. El lector, siempre sabio, sabrá interpretar lo que sigue. Me gustan la objetividad, la imparcialidad y la ecuanimidad como normas personales de conducta. Confío por tanto en no dejarme llevar por la pasión de hermano en esta breve revisión o bosquejo de su vida profesional. Advierto no obstante al lector por si en algún momento pudiera entrever algún sesgo en mis recuerdos fraternales.
No puede ser casual, además, que empiece a escribir estas palabras en Alcocebre, que nos evoca tantos y tan buenos momentos compartidos, antes de que Cádiz y sus gentes ganaran en gran parte la batalla estival. Club Deportivo, el Náutico, los apaloosas, los partidos de pelota, el puerto, el atardecer en la Romana, el arroz al horno, los amigos de y para siempre. Momentos y recuerdos también de nuestros