CAPÍTULO I
ESCULTURAS DEL AGUA
ANA GALLINAL
Universidad Complutense de Madrid
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La ciudad de Madrid está vinculada a lo acuoso desde sus orígenes. El primer escudo conocido de la urbe representa una piedra de pedernal semisumergida en el agua, con dos eslabones entrelazados que frotan el sílex y provocan las chispas. Además, el lema del emblema hace referencia a la construcción de la ciudad sobre aguas subterráneas. Sabemos que la urbe ha contado siempre con muchos manantiales y arroyos canalizados por los llamados“qanats”(“viajes del agua”).
Estas construcciones acuíferas árabes de los siglos VIII a XI se ampliaban en una red de distribución de forma proporcional al aumento demográfico. Las conducciones, de aproximadamente 1,80 m. de altura, eran túneles revestidos de piedra y ladrillo que depositaban el agua en unos tanques como suministro a una o más fuentes públicas.
No en vano, los “viajes del agua” sugieren la etimología de la ciudad: de“Macra”, “Magerit”y“Madrid”. Existen dos hipótesis sobre el significado de“Mayrit”.Por un lado, podría tener origen en el término árabe“Mayra” (“madre”, “matriz”) y el sufijo“it”(“lugar”); o bien en la raíz híbrida de la palabra árabe“Maǧra”,(“cauce”, “curso de agua”), y el sufijo romance“it”(“abundancia”), lo que conforma así la concepción de “lugar abundante en aguas”. Otra teoría se remonta a un asentamiento temporal visigodo denominado“Matrice”(“madre de aguas”), en referencia a la situación en torno a una gran fuente de la que emanaba un arroyo que fluía hacía el río Manzanares.
El río Manzanares, dado a conocer por Quevedo como “aprendiz de río”, demuestra la dificultad hídrica de Madrid. A pesar de su escaso caudal, históricamente han existido esfuerzos por hacer del Manzanares un río navegable. Será Felipe II uno de los primeros interesados en este proyecto. España tenía posesiones en ultramar y ello precisaba que la capital del imperio tuviera un puerto marítimo. Pero la iniciativa precisaba una cuantiosa financiación procedente de unas arcas castigadas con la derrota de la famosa Armada Invencible.
Posteriormente, Carlos III ordenaría construir el Canal del Manzanares, ampliado después por Fernando VII con el objetivo de alcanzar el océano Atlántico a través del río Tajo en un recorrido navegable de 800 kilómetros. Desde el establecimiento de la capitalidad en Madrid en el siglo XVI hasta el segundo tercio del siglo XIX, los márgenes del río han tenido un uso local como lavaderos de ropa a su paso por la ciudad. Y, actualmente, tan solo un tramo del Manzanares, concretamente el del Puente de Segovia, permite la navegación de barcas pequeñas como parte del proyecto “Madrid Río”.
Hemos visto que el escaso caudal del río ha hecho fracasar el sueño de convertirlo en navegable. Sin embargo, una leyenda un tanto inverosímil habla de la furia de sus aguas. La calle Mira el Río Alta, junto a la llamada “Fuentecilla”, debe su nombre a una riada que se produjo en 1439 cuando llovió ininterrumpidamente durante casi 3 meses. Entonces,