PRÓLOGO
Este libro dice mucho de su autor y de su entrega a la causa migrante, una entrega de mente y corazón, como bien puede esperarse de un jesuita. Nadie lo explica mejor que el propio Alberto Ares cuando dice que su ilusión es«tender puentes entre el mundo académico y la realidad social con los migrantes. Creo que en ese mundo he sido un privilegiado pues siento esas dos llamadas: la de dejarme afectar por la vida cotidiana de las personas, de las comunidades migrantes que me cuestionan, que plantean interrogantes, etc. Y a la vez tratar de poner luz desde la investigación, desde la mirada académica que intenta tematizar, influir en las políticas públicas de integración, en la sensibilización social y en la defensa de los derechos de los migrantes más desfavorecidos». Uno descubre en un modo así de entender y realizar su misión abundantes dosis de razón y pasión, junto a una conjunción primorosa de acción y reflexión, totalmente en sintonía con el modo ignaciano de estar presente en el mundo en toda su complejidad y diversidad.
Esta doble vocación es el hilo conductor en la vida del autor de esta obra. Alberto entra en la Compañía de Jesús en 1997, animado por el ejemplo de vida de algunos jesuitas. Su andadura en el compartir con los migrantes comienza muy poco después, en 1999, en Salamanca, trabajando en contextos de exclusión. Desde entonces su actividad ha ido ganando en calidad y cualidad de presencia: Pueblos Unidos en Madrid (primera etapa del 2003-2006), principalmente con población ecuatoriana;