INTRODUCCIÓN
INTRODUCCIÓN
No existiría ética sin un sujeto de la misma. Pues la ética se puede decir de cualquiera que sea su objeto y cualquiera que sea su fundamento, pero no se puede concebir sin la conciencia que le da origen y sentido.
Y este sujeto no lo sería de la ética si no puede entrar en ella como parte fundante y no como mero escolio de la misma. Pero para que esto sea así es necesario preguntarse determinadas cuestiones acerca de este sujeto, sin que debamos pasar por alto, dando por supuesto nada, cuál sea la característica fundamental para que esta conciencia que soy yo pueda constituir la pieza fundamental de un edificio tan insigne como el que nos ocupa.
De alguna manera, y si se me permite la expresión, sería necesario preguntar por el objeto del sujeto[1], o más bien, qué es aquello sin lo cual éste no puede constituirse a sí mismo o, al menos, que haga que pueda ser fundamento de cosa alguna[2]. No son preguntas nuevas, pero es necesario traerlas de nuevo a examen, ya que en función de la respuesta que se dé reside el ulterior desarrollo de las consecuencias que se extraen de ella; pues en el ejercicio repetido de este examen consiste el avance, o al menos el intento de avance, de la humanidad sobre sí misma en aras de la realización progresiva de una plenitud anhelada y deseada desde lo más profundo.
Para poder enfrentar este tema hay que considerar a este sujeto en referencia a lo que le constituye, que, en esencia viene dado por aquello de lo que él mismo puede tener noticia cierta. Esta noticia nos viene dada esencialmente en dos ámbitos: el del conocimiento y el de la acción o, si se quiere, el de la razón y el de la voluntad.
Por una parte, el objeto-verdad de este sujeto, que constituye la facultad racional en su capacidad de conocer y establecer las condiciones de necesidad y universalidad del mundo de la experiencia. En esta parte contamos con el objeto-ante-el-sujeto y el sujeto al que se le muestra el objeto; o dicho en lenguaje fenomenológico,lo vivido, el objeto de la vivencia yel que vive, el sujeto de la vivencia.
Por otra parte, el objeto-acto del sujeto, que constituye la actividad de la conciencia y la producción de acciones que se desarrollan a partir la facultad de querer o voluntad. En este apartado, también tenemos el doble componente, más acusado aún, del acto del sujeto y el sujeto mismo que actúa.
En esta pequeña obra me voy a ocupar esencialmente del segundo ámbito, pero sin igno