PRÓLOGO
SEBASTIÁN MORA ROSADO
Una noche de frío invierno, tomando una infusión, una chica residente en la Casa de Acogida de Cáritas Madrid para enfermos de VIH/SIDA me asaltó con esta pregunta: ¿por qué vienes a ayudar? No recuerdo qué le contesté. Seguramente mis mecanismos de defensa impiden que me acuerde de mi torpe argumentación. Sí recuerdo que no me esperaba la pregunta y que me pilló desarmado. Desde entonces, hace más de veinte años, no he dejado de ver su rostro interrogándome a lo más profundo de mi alma: ¿por qué vienes a ayudar?
Mi vida, personal y laboral, se ha movido de forma permanente entre personas, grupos y organizaciones que han hecho del “ayudar” su misión y su vocación. Especialmente en los ámbitos sociales y de la cooperación internacional. En toda esta trayectoria, vital y profesional, me he topado con lo más excelso del ser humano y, al mismo tiempo, he bajado a los infiernos más sulfurosos del imperio de la injusticia. He convivido con personas y comunidades que se han gastado y desgastado por sacar a flote una ligera sonrisa; por construir un puente al futuro para personas desplazadas y expulsadas de este mundo inmisericorde. He podido contemplar, a flor de piel, la “disposición instintiva al amor” (idea que el autor utiliza con profundidad y toma prestada de Otto Kernberg) que brota del fondo más genuino de lo humano. Pero también, con todo el dolor de mi corazón, he palpado cómo el “ayudar” se ha convertido, algunas ocasiones, en estructura de poder, dominación y abuso. Esta ambivalencia del “ayudar” me ha descorazonado, no pocas veces, al no poder comprender e interpretar los mecanismos que se ponen en juego en las personas que nos denominamos “ayudadores”.
Al leer este libro, que tengo el honor de prologar, con su propuesta de “psicología de la sana sospecha”, he podido encontrar una novedosa arquitectura de compresión del proceso –en palabras del autor– “poliédrico, dinámico, transformador y enormemente movilizador” del ayudar. Me ha permitido hacer memoria y recordar (volver a pasar por el corazón) vivencias y experiencias que han adquirido una nueva luz. He rememorado los numerosos encuentros con voluntarias y voluntarios de Cáritas en labores de ayuda tratando de desentrañar nuestras motivaciones, razones y pasiones del ayudar. He vuelto a escuchar, en mi interior, las reiteradas frases enunciadas miles de veces por las personas que intentamos, a veces sin acierto, hacer “bien el bien”. Frases que el autor va exponiendo a lo largo del texto, dotándolo de frescura narrativa, y que testimonia que Alberto no solo es un investigador del ayudar, sino que se ha manchado las manos y el corazón en los procesos de ayuda.Recibo más de lo que doy,no sé qué haría sin ellos,les ofrezco lo que realmente necesitan,no puedo descansar mientras quede alguien pasándolo mal... Estas y tantas otras viñetas, como Alberto denomina su capacidad de ejemplific