: Paul Tremblay
: La canción del superviviente
: NOCTURNA
: 9788419680594
: 1
: CHF 7.60
:
: Erzählende Literatur
: Spanish
: 336
: DRM
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
Un virus que se contagia como la rabia ha arrasado Massachusetts. Pero, a diferencia de la rabia, el periodo de incubación de esta enfermedad es inferior a una hora. Los afectados pierden el juicio y muerden a otras personas. Los enfermos y los moribundos abarrotan los hospitales, y todos los protocolos de emergencia han resultado ser insuficientes. La doctora Rams Sherman recibe la llamada de Natalie, una amiga embarazada que ha sido infectada. Su única opción para salvarse es llegar a un hospital donde puedan vacunarla... Y se le agota el tiempo. La lucha por la supervivencia se convierte en una angustiosa odisea contra reloj mientras ambas mujeres atraviesan un escenario hostil, sembrado de espeluznantes amenazas letales que las empujan al límite de sus fuerzas. Paul Tremblay (autor de La cabaña del fin del mundo y Una cabeza llena de fantasmas, y ganador de premios como el Bram Stoker o el Locus) vuelca todo su talento en una novela explosiva, llena de suspense y terror, que hiela la sangre con su carácter profético al haberse escrito poco antes de la pandemia de COVID-19.

Paul Tremblay nació en Aurora, Colorado, en 1971 y se crio en Massachusetts. Tras licenciarse y hacer un máster de Matemáticas en la Universidad de Vermont, se dedicó a dar clases en un instituto de Boston. En 2015 escribió sobre un exorcismo televisado en Una cabeza llena de fantasmas (Nocturna, 2017), que ganó el Premio de Novela Bram Stoker (concedido por la Asociación de Escritores de Terror) y del que Focus Features está preparando una adaptación cinematográfica. Posteriormente publicó libros como Desaparición en la Roca del Diablo (Nocturna, 2018), La cabaña del fin del mundo (Nocturna, 2021) -llevada al cine por M. Night Shyamalan con el título de Llaman a la puerta-, El Club de los Portaféretros (Nocturna, 2023) o La canción del superviviente (Nocturna, 2024).

PREFACIO

ÉRASE UNA VEZ,

CUANDO LOS DESEOS TODAVÍA

SERVÍAN DE ALGO

Esto no es ningún cuento de hadas. Y menos uno de esos tan edulcorados, homogeneizados o disneyficados en los que no sale ni una sola gota de sangre, en los que a las bestias y los monstruos humanos les arrancan los dientes y les recortan las garras, en los que los niños están a salvo o son rescatados, en los que las crudas realidades de unas existencias no menos crudas se terminan silenciando, cuando no difuminándose de forma intencionada.

La noche anterior nadie tenía muy claro si apagar las luces era un consejo o una obligación en consonancia con el toque de queda declarado por el gobierno. Después de que Paul se hubiera quedado dormido, Natalie llegó al baño alumbrándose con la linterna del móvil en vez de encender una vela. Se sentía cada vez más torpe y no se atrevía a deambular por la casa con una llama en la mano.

Son las dos y cuarto de la madrugada y sí, Natalie vuelve a estar en el baño. Antes de que Paul se marchara, hace tres horas, había bromeado con él diciéndole que debería instalar allí un catre y una oficina. La ventana de la primera planta da al patio trasero semiprivado y a una valla de madera blanqueada por el sol que está pidiendo a gritos una buena mano de pintura. El césped ya se ha secado, hace meses que se rindió a las temperaturas abrasadoras del último verano más caluroso de la historia.

Le echarán las culpas del brote a ese calor, aunque también habrá docenas de otros villanos, al igual que héroes. Habrán de pasar años antes de que se establezca cuál es el árbol filogenético completo del virus, e incluso entonces continuarán apareciendo escépticos, negacionistas y cínicos oportunistas movidos por intereses políticos. Algunos, como suele ocurrir, se resistirán siempre a aceptar la verdad.

Para muestra, un botón: Natalie está fascinada con esa publicación de Facebook que apareció hace dos semanas en el muro de los Entusiastas de Stoughton de su ciudad. Ya va por los 2.312 comentarios. Natalie se los ha leído todos.

El texto en cuestión: El Servicio Federal de Pesca y Vida Silvestre informa a la población de que, en una acción coordinada con el Departamento de Agricultura, se están repartiendo cebos con vacuna contra la rabia en la zona de MA. También se están colocando cebos en áreas concretas de los estados vecinos (RI, CT, NH, VT, ME, NY y, por precaución, PA). La vacuna está dentro de una ampolla de color verde caqui. Los cebos se dejarán caer desde avionetas y helicópteros hasta nuevo aviso. Si usted ve o encuentra algún cebo, por favor, no lo toque. Aunque no sean perniciosos para la salud, tampoco están diseñados para el consumo humano.

La foto: Visto desde arriba, el cebo es rectangular, del tamaño de una moneda de dólar, y su aspecto es el de una pastilla de plastilina con el centro abombado, como un panecillo recién salido del horno. Parece un Almond Joy de color verde que se pudiera comer de un bocado.

[Llevados por la ansiedad, Natalie y Paul ya se han zampado casi toda la bolsa grande de chuches de Halloween, y eso que todavía estamos a 21 de octubre].

En el dorso del cebo, una etiqueta de advertencia reza:

 

MNRI—888-555-6655

Vacuna contra la rabiano ingerir Vector de adenovirus activo

Vaccin antirabiquene pas manger Vecteur vivant d’adénovirus

MNRI—888-555-6655

 

Un pequeño ejemplo de los comentarios que se pueden leer en la antedicha publicación de Facebook, ordenados por orden cron