: G. K. Chesterton
: Cosas que los hombres odian con razón Artículos 1911
: Ediciones Encuentro
: 9788413395098
: Nuevo Ensayo
: 1
: CHF 8.90
:
: Sozialwissenschaften allgemein
: Spanish
: 230
: DRM
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
Este volumen, realizado en colaboración con el Club Chesterton de la Universidad San Pablo CEU (Fundación Cultural Ángel Herrera Oria), es el sexto de esta serie que pone a disposición de los lectores la traducción de los artículos de Chesterton en el semanario londinense The Illustrated London News en 1911. Coincidiendo ahora con el 150 aniversario del nacimiento de su autor, esta publicación contiene ensayos dedicados a la Navidad, la literatura, las sufragistas, la prensa, otros temas habituales y nombres tan representativos en el panorama inglés de la época como Winston Churchill, además de «novedades» que deleitan por su riqueza de ingenio y humor. Como escriben los editores, «sólo leyendo sus reflexiones llegaremos a percibir, en el goteo semanal de ideas y comentarios, al gran hombre que demuestra ser en cada escrito y, probablemente, estemos de acuerdo en qué es lo que los hombres, con razón, odian». G.K. Chesterton fue uno de los escritores más importantes del siglo XX. Publicó una extensa colección de libros, ensayos y artículos, poemas, obras de teatro, novelas y cuentos que incluyen su famosa serie sobre el padre Brown. Se consideraba, sin embargo y sobre todo, un periodista, pues escribió más de 4.000 ensayos para la prensa, entre ellos los que corresponden a su longeva colaboración con The Illustrated London News, para el que escribió desde 1905 hasta 1936. Chesterton es el autor de algunas de las líneas más ingeniosas del periodismo, así como de textos de belleza conmovedora que inspirarían la conversión de grandes personajes como C.S. Lewis. Los ensayos del semanario abarcan muchos temas, desde la educación a la moda o la literatura, pasando por la historia o la actualidad política, siempre con apoyo en la tradición y buen humor. Con toda razón sus lectores lo consideran el apóstol del sentido común.

G. K. Chesterton (Londres 1874 - Beaconsfield 1936), fue un literato y polemista inglés convertido en 1922 al catolicismo. Abandonó sus estudios de arte para dedicarse al periodismo. Comenzó escribiendo poesía y ensayos críticos sobre diversos escritores británicos, pero la fama y el reconocimiento internacional le llegaron con sus novelas y relatos, obras llenas de imaginación, sentido del humor y hábil manejo lingüístico, como El hombre que fue Jueves, El Napoleón de Notting Hill, La esfera y la cruz o los celebérrimos relatos del padre Brown. Escribió, además, dos extraordinarias biografías de santo Tomás de Aquino y san Francisco de Asís, esta última publicada en castellano por Ediciones Encuentro.

7 de enero, 1911

Estas elecciones, estas Navidades

La irrealidad de estas elecciones, que no son más que una mera repetición cansina, ha quedado perfectamente de manifiesto en el hecho de que no hemos sentido que supusiera un contraste con las Navidades. Si existiera un verdadero conflicto político, nos habríamos dado cuenta de alguna manera, irónicamente, o solemnemente, o absurdamente, en relación con la paz religiosa. Si existiera una auténtica revolución entre los cristianos, desembocaría en una tregua mística en Navidad o crecería y explotaría en una cruzada mística en Navidad; pero algo se intensificaría, desde luego, ya fuera la paz o la guerra. Tal y como son las cosas, sentimos que no afecta a ninguna de esas raíces secretas de la religión de las que fluye la savia de la política. Este año, las Navidades no hacen que el luchador piense que se equivoca; ni le hacen sentir tampoco que tiene razón. La política partidista no es sólo un juego; ahora se han convertido en un juego de Navidad. En esta ocasión apenas fingimos que exista una inevitable hostilidad en las ideas. Hay muchos tipos de peleas, por supuesto. Reto a los socialistas a un combate mortal; pero a los individualistas evolutivos los reto a un combate inmortal; sin embargo, en estas elecciones no se da la pugna entre modos y maneras de modo vital o valioso. No se trata ni siquiera de una representación teatral, sino de una pantomima. El Sr. Balfour y el Sr. Asquith no han disparado con pistola; sólo han abiertocrackers1. Ni siquiera, seriamente me temo (según experiencias del pasado) han estado tirando del mismocracker.

Bien, los políticos tienen el derecho de disfrutar de unas felices Navidades como cualquiera. En el tiempo del perdón divino, ciertamente deberíamos extender nuestro perdón a los más altos en la tierra. Y, aunque el juego que practican es más torpe que laGallinita Ciega, y menos valiente queSnapdragon2, no les quedan prohibidas diversiones más adultas y varoniles. Pero existe una diferencia entre la decadencia de las cuestiones religiosas, como es la Navidad, y la decadencia de las cuestiones más mundanas, como el sistema partidista: sabemos de las cosas mundanas que cuando mueren están muertas, y esto es precisamente lo que desconocemos de las cuestiones religiosas. El hombre está hecho de tal forma que una mala religión puede durar más que un buen gobierno; de la misma forma que la cabeza más débil dura más que el sombrero más resistente. Si la Navidad fuese en realidad tan mala como lo buena que es, los simples utilitaristas y racionalistas encontrarían casi igual de imposible desarraigarla. Si Santa Claus no bajase de la chimenea desde el Cielo, sino que subiera por el hueco de la chimenea desde cualquier otro sitio, sería igualmente difícil poner una barricada para evitar que entrase en una casa europea. Los hechos se fusionan y cambian continuamente; son las fantasías las que perduran.

La Navidad es una evidencia extraordinariamente buena, tanto en contra como a favor, para los que dicen que podemos vivir en los sentimientos, sin ideas definidas. Hasta cierto punto, es perfectamente cierto que el cristianismo ha conseguido hacer llegar una especie de sabor inconfundible del arte popular y de las virtudes populares a una época mayoritariamente agnóstica. No se tiene en cuenta el origen real de estas asociaciones. Santa Claus, por supuesto, sólo es san Nicolás, el patrón de los niños; pero, en cierto sentido, se ha convertido más en un duende que en un santo. Se han impreso muchos miles de felicitaciones navideñas y muchos libros sobre la Navidad describiéndole; y dudo que haya siquiera cinco que le representen con una aureola. Hablamos de la Navidad como una especie de paz que reconcilia a todos. Sin embargo, las dos sílabas de la palabra3 son las dos palabras que rasgan Europa de parte a parte con más fiereza que cualquier otras. Es cierto, entonces, que existe alguna diferencia entre las doctrinas definidas en las que surgen estas cuestiones y los festivales humanos en los que dan fruto. Pero existe un límite muy positivo y muy lógico de este proceso. La Navidad es algo real, como el pastel de Navidad o las tarjetas navideñas. Se puede modificar un pastel de Navidad para que se adapte a la debilidad de tu alma, o a tu digestión o a tu familia. Se puede hacer en un molde elegante y darle otras formas diferentes de la bala de cañón achatada. Se puede caer tan bajo como para hacerlo sin quemar brandy, pero sí llega un momento de barullo y confusión en el que ya no es en absoluto un pastel de Navidad; cuando no tiene su apariencia, cuando no huele como un pastel de Navidad ni sabe a pastel de Navidad. Y cuando llega a este punto, por mi vida que no veo por qué un cristiano no puede arrojarlo al fuego y comer el pan y el queso de siempre.

Se puede permitir una gra