Granada será...
Juan de Dios está sentado moviendo las cuentas de un rosario, en una de las dos sillas situadas próximas a la boca de escena, con el cayado a un lado. En penumbra. Sólo un haz de luz recorta la escena a las dos sillas.
Entra Ortiza, sin apenas hacer ruído y de puntillas.
Ortiza:
-He aquí la esclava del Señor y fiel servidora de vuesa reverendísima.
Juan de Dios:
-Qué bendición de Dios que no perdáis el buen humor, ni en situaciones como ésta. ¿Cerrásteis bien la puerta?
Ortiza:
-Tal como vos ordenáis siempre, querido padre.
Juan de Dios:
-¿Querido padre? ¿Desde cuándo dáis ese tratamiento a un simple hermano que tanto os quiso y os ama?
Ortiza:
-Desde que comprendí que el enorme amor que desbordáis, no es patrimonio ni aguinaldo para una sola persona, sino para todos. E