: Mª José de los Santos
: Neoexpresionismo alemán
: Editorial Nerea
: 9788415042662
: 1
: CHF 8.00
:
: Kunstgeschichte
: Spanish
: 120
: Wasserzeichen
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
Los últimos alardes dadaístas del inteligente Duchamp quebraron la tradición artística en fragmentos. En adelante, la reconstrucción minuciosa y artesanal del entramado, el escenario y el público acordados para el arte iban a convertirse en una ardua, por refutable, tarea. Desplazado, el objeto artístico no era ya el actor principal, sino un tímido actor de reparto. El artista, sin embargo, mantenía su infranqueable ansia de perpetuidad, sus afectos y defectos, aunque la naturaleza de su disciplina mudara su especificidad en aire, su empirismo en teoría y su identidad en espejo. En los años ochenta, la transvanguardia en Italia, la nueva expresión en España o el neoexpresionismo en Alemania son síntomas de esa dolencia espiritual (fin del arte) que se ha dado en llamar posmodernidad y cuyas propuestas (unas más que otras) iban a concretarse en propósitos de enmienda para la plástica. A causa de circunstancias históricas trágicas y humanas -'demasiado humanas'-, el neoexpresionismo alemán, con Baselitz, Lüpertz, Penck, Kiefer, Richter, Polke e Immendorf a la cabeza, resuelve reinstaurar el espíritu alemán sin perder de vista la tierra quemada. Para ello, restaura los puentes con el expresionismo cercano ideológicamente al inspirado Der Blaue Reiter -en especial, Kirchner-, sin olvidar otros gritos de angustia que agudizaron el zumbido dolorido de la pintura alemana de principios del siglo XX.

M.ª JOSÉ DE LOS SANTOS AUÑÓN (1970) es escritora, crítico de arte y de literatura. Investigadora de la Universitat Pompeu Fabra, colabora desde hace años en numerosas revistas especializadas y diarios nacionales. En sus artículos, entrevistas críticas su disciplina, la escritura, dialoga con la plástica abriendo líneas de investigación conjuntas. En este sentido destacan sus prólogos y coordinaciones de exposiciones nacionales e internacionales. Ha publicado el poemario 'La Etnografía Fingida' y 'Esbozos de Identidad'.

¿Somos o no somos? Palíndromo a modo de introducción


RECUERDOS


Recuerdo con encontradas sensaciones un libro de texto de la época en que el acceso a las universidades daba nombre al rango escolar con el ecléctico epígrafe de “Curso de Orientación Universitaria”. Despuntaba como uno de mis tratados preferidos no por su contenido, absolutamente escueto y escaso, sino precisamente por sus carencias. Esta parvedad hacía al volumen atractivo en la medida en que despertaba el instinto de caza de lo omitido. Consistían aquéllas en ausencias neciamente justificadas por temor a un inoportuno atracón de “causa”, habitualmente poco propicia a la cañada del devenir académico.

El título del libro eraLiteratura española. El capítulo 7 –“Del vanguardismo al grupo poético del 27”– incluía los apartados 7a –que resolvía con diligencia estatal “La literatura de vanguardia. Documentos y textos”– y el 7b –una sincopada narración de la “Generación del 27”.

Con cándida pirueta, el 7b recortaba un discurso erudito de Dámaso Alonso en el que reflexiona sobre la conveniencia de tratar a los integrantes de la generación del 27 (llamada por algunos, en el colmo de la ordinariez, “generación de la amistad”) como tal generación. Nótese la radical importancia que dicho trámite suponía para un chaval de 18 años al que bien podría haberse obligado a memorizar, puestos a incentivar, siquiera uno sólo de los poemas dePoeta en Nueva York,por citar al de siempre.

La cuestión: “¿Es el grupo poético del 27 una generación, o no?” se saldaba con una sesgada selección de la reflexión de Alonso basada en los requisitos dictados por el crítico alemán Julius Petersen en 1930. El discurso de Petersen –discurso, éste sí, tratado con criterio– establecía unos preceptos que permitían dictaminar si frente a un grupo de escritores de líneas afines se podía hablar de generación. A saber:

Nacimiento en años poco distantes.

Formación intelectual semejante.

Relaciones personales entre ellos.

Participación en actos colectivos propios.

Existencia de un “acontecimiento generacional” que aglutine sus voluntades.

Presencia de un “guía” (o “caudillaje”).

Rasgos comunes en cuanto al estilo (“lenguaje generacional”).

Anquilosamiento de la generación anterior.

Dámaso Alonso mostraba su recelo a calificar a los reunidos bajo el epígrafe “Generación del 27” como tal. Escribe: “¿Se trata de una generación? ¿De un grupo? No intento definir”, y, a pesar de emplear el desmañado tecnicismo, reconoce la falta de algunas de las formalidades exigidas por “sabios varones”.

Reproduzco literalmente el párrafo correspondiente al apartado 7b, página 271 y, en cursiva, las palabras de Dámaso Alonso:

“Ningún hecho nacional o internacional la trae a la vida(sólo forzando las cosas puede considerarse el centenario de Góngora como acontecimiento que aúna voluntades: casi todos ellos se hallaban ya muy unidos antes de tal hecho)”.
”Caudillo no lo hubo(pese a su influencia, no puede otorgarse a Juan Ramón Jiménez ese papel)”.
”No se alza contra nada(al contrario, veremos su respeto por la tradición y por las grandes figuras de generaciones anteriores)”.

”Tampoco hay comunidad de técnica o de inspiración(si bien los anima el ansia de renovar el lengua