Anish Kapoor es hoy por hoy uno de los escultores más emblemáticos del panorama artístico universal. Es indio, pero no le gusta que se hable de él como de un artista indio y, aunque actualmente vive y trabaja en Londres y la mayor parte de su producción artística ha visto la luz en Inglaterra, tampoco le gusta que se hable de él como de un artista británico. Intentar encasillar a Kapoor en una nacionalidad o un credo, o categorizarlo como individuo de una determinada cultura resulta, a todas luces, un absurdo, pues no sólo su vida personal le ha convertido en ciudadano del mundo, sino que, además, su producción artística tiene un carácter universal que escapa a cualquier intento de etiquetado. Nacido en 1954 en Bombay, de padre hindú, tiene sin embargo el ascendiente hebreo de su madre, una judía originaria de Irak; premonición quizá de lo que serán su obra y su carácter. Su propia vida parece uno de esos juegos paradójicos, donde los complementarios se encuentran y los contrarios se funden, en los que la obra del artista nos implica con frecuencia; la infancia del artista estuvo marcada por la diversidad y por una maravillosa conjunción de opuestos: un padre perteneciente a una cultura profundamente matriarcal y una madre que proviene de una civilización de un marcadísimo signo androcéntrico. Como no podía ser de otra manera, el Kapoor adulto se ha interesado desde siempre, no sólo por las culturas de sus padres y por el budismo y e