Al comienzo de su libro, Gilles Tiberghien (Londres, 1995) advierte que el sentido común aconsejaría no escribir sobreland art,y no porque sea una materia sobre la que se haya escrito mucho, sino porque su término es extremadamente vago.
Land artes un término americano (difícilmente traducible al castellano como «arte de la tierra») que eligió Walter de Maria para describir sus primeras intervenciones en el paisaje en la década de los sesenta, y que se ha extendido para denominar la obra de otros artistas incluso contra su deseo. Richard Long no se siente identificado con este término ya que implica, como veremos, unas asociaciones muy lejanas a las intenciones de este artista inglés. Christo y Jeanne-Claude prefieren ser considerados como artistas «ecológicos», Michael Heizer denomina a sus intervenciones «esculturas» y Robert Morris, por su compleja trayectoria, tampoco debería ser incluido dentro delland art.Pero no se trata tanto de encontrar un término que lo sustituya(earthworks, arte ambiental...), sino de comprender que la categorización del arte en estilos y movimientos es una ficción en la historia del arte actual, y que la terminología es solo un nombre que no denomina, sino que únicamente nos permite agrupar a un conjunto de obras en un contexto donde se desarrolla una serie de incidencias que las relacionan.Land artno es, por tanto, un movimiento ni, desde luego, un estilo; es una actividad artística circunstancial, que no tiene ni programas ni manifiestos estéticos.
Lo que este libro recoge bajoland artes tan diverso que, para su mejor comprensión, necesita ser al menos someramente divido en tres grupos. En primer lugar, las obras que están conectadas esencialmente a la acción y a laperformance,como son, por ejemplo, las de Oppenheim. En segundo lugar, las obras que precisan –como las del ingeniero– de un proyecto y un equipo instrumental y que, por su monumentalidad, han sido calificadas por algunos críticos de megalómanas. Estas son propias de artistas americanos como, por ejemplo, Smithson, Heizer, De Maria, Ross y Turrell. Por último, en tercer lugar, obras más íntimas, como las de Richard Long, que se oponen a las anteriores en tanto que parecen ser producto delbricolage(por utilizar un término que en Claude Lévi-Strauss remite al hacer primitivo), pues su universo instrumental es nulo («uno se las arregla con lo que tiene») y su relación con el entorno es mítica, al situarse a mitad de camino entre preceptos y conceptos.
Según cuenta Robert Smithson, en 1967, Nancy Holt, Carl André, Morris y él fueron con Virginia Dwan (la dueña de una de las galerías neoyorquinas que apoyaría varios de los proyectos) a Nueva Jersey para comprar un terreno donde se pudiera intervenir. Dos años después tienen lugar dos exposiciones fundamentales para la consolidación de esta práctica: en 1968,Earthworksen la propia Galería Dwan (Nueva York) y, en1969, en el Museo de Bellas Artes de Boston con el título deTierra, aire, fuego, agua,donde participaron especialmente artistas americanos (Smithson, Dennis Oppenheim, Heizer, Charles Ross, Peter Hutchinson...) y europeos (Richard Long, Christo y Jeanne-Claude). En ese mismo año, ya en Europa, la televisión alemana emitió varias de las películas sobre obras realizadas en lugares remotos por Jan Dibbets, De Maria y He