: Jordi Corominas Escudé, Joan Albert Vicens
: Conversaciones sobre Xavier Zubiri
: PPC Editorial
: 9788428822633
: 1
: CHF 8.90
:
: Biographien, Autobiographien
: Spanish
: 272
: DRM
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
¿Quién era Xavier Zubiri? De él llegaron a circular tópicos de diversa naturaleza: estereotipos filosóficos encasillándole como neoescolástico, filósofo cristiano, o como existencialista, orteguiano o heideggeriano; acusaciones teológicas tachándole de modernista y heterodoxo o de ultraortodoxo; calificativos políticos tildándole de republicano, de 'exiliado interior', y también de colaboracionista, filofranquista y hasta de nacionalista; juicios sobre su persona tratándole de cobarde, distante, frío, retraído, desinteresado de toda acción cultural, y de valiente, íntimo, cálido, cercano, y comprometido con el impulso de la investigación en España. Detrás de los panegíricos y hagiografías, en los que se le aureolaba con toda clase de elogios, y de los panfletos y libelos, en los que se le denigraba y vituperaba hasta con insultos, respiraba un ser humano con sus claroscuros y sus ambigüedades, sus aciertos y errores, sus grandezas y miserias, sus amigos y detractores. Esta obra recoge las conversaciones -en ocasiones las últimas- con personas que le conocieron y le trataron en diferentes momentos de su vida: Luis Atxaerandio, Alberto del Campo, Diego Gracia, Cristóbal Halffter, Víctor Ímaz, Pedro Laín Entralgo, José Lladó, Alfonso López Quintás, Julián Marías, Manuel Mindán, Javier Monserrat, Josep Palau i Fabre, Raimon Panikkar, Joaquín Ruiz-Giménez y Miquel Siguán. Conversaciones que sin duda ayudarán a descubrir la persona de Xavier Zubiri detrás de los lugares comunes y más allá del personaje enigmático y solitario que durante décadas evitó la vida pública.

Jordi Corominas es doctor en Filosofía por la Universidad Centroamericana de San Salvador (UCA), donde también ha sido profesor y director del doctorado en Filosofía iberoamericana. Es autor de 'Ética primera, aportación de Zubiri al debate ético contemporáneo' (2000), 'Xavier Zubiri. La soledad sonora' (2006) (junto a J. A. Vicens), diversos libros y traducciones, y artículos sobre Xavier Zubiri, ética, filosofía de la religión y filosofía social. En PPC ha publicado, junto a Joan Albert Vicens, 'Conversaciones sobre Xavier Zubiri' (2008).

PRESENTACIÓN


 

Quien «conoce» a un amigo «sabe» quién es él

mejor que cualquier biógrafo suyo.

 

XAVIER ZUBIRI

¿Quién era Xavier Zubiri? De él llegaron a circular tópicos de diversa naturaleza: estereotipos filosóficos encasillándole como neoescolástico, filósofo cristiano, o como existencialista, orteguiano o heideggeriano; acusaciones teológicas tachándole de modernista y heterodoxo o de ultraortodoxo; calificativos políticos tildándole de republicano, de «exiliado interior», y también de colaboracionista, filofranquista y hasta de nacionalista; juicios sobre su persona tratándole de cobarde, distante, frío, retraído, desinteresado de toda acción cultural, y de valiente, íntimo, cálido, cercano, y comprometido con el impulso de la investigación en España. Detrás de los panegíricos y hagiografías, en los que se le aureolaba con toda clase de elogios, y de los panfletos y libelos, en los que se le denigraba y vituperaba hasta con insultos, respiraba un ser humano con sus claroscuros y sus ambigüedades, sus aciertos y errores, sus grandezas y miserias, sus amigos y detractores.

Interesados como estábamos por descubrir a la persona detrás de los lugares comunes y más allá del personaje enigmático y solitario, que durante décadas evitó la vida pública, nos decidimos a hablar con quienes le conocieron y le trataron en diferentes momentos de su vida1.

1 En nuestra investigación biográfica entrevistamos a unas cincuenta personas que tuvieron trato con él. Cf. J.COROMINAS / J. A. VICENS,Xavier Zubiri. La soledad sonora.Madrid, Taurus, 2006.

Zubiri nació en 1898 y murió en 1983. Mediante las fuentes orales podíamos seguir buena parte de su vida, la comprendida entre sus 33 años, los tiempos de la Segunda República, y sus 85, pasando por la guerra civil, la dictadura de Franco, la restauración de la monarquía y la democracia. Pronto tuvimos que rebajar nuestras expectativas iniciales: conversando con sus amigos y conocidos obteníamos pocos datos que no pudiéramos recabar también en documentos escritos. Además de la decepción que suponía la ausencia de novedades importantes, topábamos con puntos de vista muy diferentes. Nuestros interlocutores tenían cada uno su propia imagen de Xavier Zubiri, y algunos de sus relatos no concordaban entre sí ni con lo que sabíamos por otros medios. Aparecían ante nosotros maneras muy distintas de ver a Zubiri, explicar su trayectoria y comprender el valor de su obra. Comprobamos que la memoria es un vasto universo en el que se mezclan vivencias y sentimientos, esquemas colectivos y personales, deseos y prejuicios. Experimentamos que la aproximación a una vida humana es siempre un acontecimiento desconcertante, que manifiesta y oculta lo incógnito, lo señala y lo esconde, abre caminos, pero nos deja confundidos. Nunca acabamos de comprender al otro ni podemos identificarlo con lo que sabemos de él.

Pero, si «conversar» remite a «verter» (vertere), nuestras charlas con quienes conocieron de cerca a Zubiri pretendían que estosvertieranen el diálogo la experiencia vital de su contacto con el filósofo. No se trataba de entrevistarlos para conocer los secretos de la vida de Zubiri, sino de asistir al acontecimiento en el que una persona rememora su pasado junto a otra en la cadencia de una conversación, convocando recuerdos, sensaciones y sentimientos.

En nuestra convivencia con los entrevistados –«conversar» supone también con-vivir, girar juntos en torno a una cuestión– parecía hacerse presente Zubiri mismo, y nosotros podíamos ir palpando de un modo inenarrable su figura y su tiempo. Por eso, lo que desde el punto de vista del historiador podría considerarse como un defecto, las inexactitudes y hasta manifiestas discordancias entre nuestros entrevistados, y entre lo que nos decían y los documentos sobre Zubiri que ya conocíamos, a nosotros nos pareció una virtud. Ahora nos resulta casi imposible transmitir esa parte tan rica de los encuentros que mantuvimos: un mundo casi olvidado que traslucía en los silencios, el tono de las palabras, los gestos y los sentimientos expresados por nuestros interlocutores. Quisiéramo