: Javier Cortés Soriano
: La escuela católica
: PPC Editorial
: 9788428829069
: Educar
: 1
: CHF 8.90
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: Sonstiges
: Spanish
: 280
: DRM
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
La educación católica es, valga la perogrullada, educación. Por tanto, este libro tiene como punto de partida la pregunta por la educación y la escuela en el momento cultural actual. La misma pregunta por la educación y la escuela, si se formula en toda su profundidad, abre a un posible camino para la Escuela Católica. Este itinerario de reflexión parte de la situación real y sus retos, recorre los diferentes elementos que constituyen la educación en la escuela y busca articular una palabra educativa católica que llegue a ser auténticamente significativa en la sociedad, precisamente porque actualiza su identidad confesante como buena noticia. Un itinerario que vaya de la autocomprensión interna a la significatividad social guiado por el hilo conductor de una radical confianza en las posibilidades de creatividad y fecundidad de una identidad católica bien trabada en los procesos educativos que la escuela promueve día a día.

Javier Cortés Soriano ha desarrollado toda su actividad en el ámbito educativo: profesor y director de centros escolares, autor de materiales didácticos, editor, formador del profesorado y director general y presidente de PPC y SM.

PRÓLOGO


 

Educar no es una actividad más del ser humano. Es la que define su naturaleza. Somos la especie que educa a sus crías, y al hacerlo transmite las creaciones culturales de generación en generación. Esto da a toda reflexión seria sobre educación una inevitable profundidad humana, social, ética e incluso ontológica. Inmanuel Kant decía que la educación es «el más arduo problema que se le puede plantear al hombre», pues es la encargada «de conducir al conjunto de la especie humana hacia su destino». Tal vez por eso resulta fácil separar en los debates educativos la seriedad de la impostura, la trivialidad de la trascendencia, el «postureo» ideológico de la meditación comprometida. Basta con mirar si se activan problemas fundamentales sobre el ser humano, su conducta, sus ideales, sobre la sociedad, sobre el bien y el mal, sobre la libertad, sobre Dios. Por eso todas las reflexiones educativas serias dan mucho que pensar y exigen revisar temas que parecían agotados.

Esto me ha sucedido con el libro de Javier Cortés. Si he de ser sincero, posiblemente no lo hubiera leído si no conociera a su autor, porque la escuela católica es un tema que ha producido demasiada literatura pobre, tópica, prepotente, desde el lado católico, y una respuesta indignada, con frecuencia agresiva y simplona, desde la escuela laica. Pero este libro tiene poco que ver con esos precedentes. Me gusta por su valentía y lucidez. Y no es casual el orden en que menciono estas virtudes, porque creo que la valentía es una condición imprescindible para la lucidez. Al hablar de la escuela católica, el autor critica a los que piensan que su época dorada fue el régimen franquista o a los que intentan defenderla escudándose en el «derecho de los padres» a decidir sobre la educación moral o religiosa de sus hijos. Javier Cortés demuestra mayor confianza en el poder educativo del mensaje cristiano y aspira a mucho más. Le interesa, por supuesto, el papel de la escuela católica como instrumento pastoral o evangelizador, pero sobre todo desea mostrar que la religión católica tiene algo que ofrecer a la escuela en general. Cree que «la aportación de la experiencia de la fe al acervo educativo de una sociedad democrática es un bien en sí misma». Esto es subir el nivel del debate. Compromete al autor y le obliga a diseñar un marco general de la educación y de lo que el mensaje cristiano puede aportar a un sistema educativo no confesional. Comienza analizando qué dice de sí misma la escuela católica: «¿Estamos anclados en un discurso reivindicativo en busca de espacios legales y posibilidades económicas, por muy necesarios que sean, o se nos percibe como una palabra de profundo valor educativo? Cuando queremos comunicar a la sociedad quiénes somos, ¿qué decimos de nosotros mismos? ¿Cuáles son los atributos sobre los que apoyamos esa comunicación de nuestro ser?».

La lectura de este libro me ha recordado una intensa polémica que tuvo lugar en los años previos a la Segunda Guerra Mundial acerca de si podía haber una «filosofía cristiana» o sería una pretensión tan absurda como hablar de «matemática cristiana». Intervinieron grandes figuras: Étienne Gilson, Jacques Maritain, Maurice Blondel, Émile Brehier y Martin Heidegger. Este último dijo que «filosofía cristiana» era un oxímoron, una contradicción, como decir «hierro de madera». Una filosofía debía ser universal, de lo contrario no