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HE PERDIDO A UN SER QUERIDO
Y ME DUELE
Ya sé que todos nos tenemos que morir; ya sé que la muerte es algo que se impone, que es algo natural, que antes o después nos llega a todos. Ya lo sé. Y sin embargo, ahora a quien me duele es a mí. Y me duele como he visto que dolía a otras personas cuando perdieron a seres queridos y les he intentado acompañar con mi comprensión y mi cercanía.
Pero ahora me duele a mí. Y hasta dudo, a veces, de que alguien pueda hacerse una idea de cuánto me duele.
La muerte de un ser querido nos pone irremediablemente ante el misterio de la vida. Nos impone silencio; y el silencio, vacío; y el vacío, reflexión inevitable.
Se puede decir, de alguna manera, que la muerte nos hace a todos filósofos, pensadores sobre el sentido último de la vida, de las relaciones, del amor.
Pero no es un pensar cualquiera el que desencadena la muerte, sino un pensar sintiendo intensamente, un vivir ante el enigma que nos embaraza a todos de posibilidad de engendrar y parir sentido. La muerte, así, puede enseñar a vivir y a humanizarnos.
El duelo reclama zurcir los «rotos» del corazón que la pérdida ocasiona, y aquellos otros descosidos que aparecen del pasado, sanando con paciencia, al hilo de la soledad y, en el mejor de los casos, de una buena compañía, la nueva vida.
Pero todo tiene su tiempo. De hecho, también en el duelo se puede hablar de fases, de proceso. No es lo mismo el mismo día del fallecimiento de un ser querido que un año después. No es que el tiempo todo lo cure, no. Pero nuestro corazón vive de manera distinta los diferentes momentos.
Perder a un ser querido puede ser la causa de la mayor de las infelicidades, el trauma mayor de la vida, con su poder destructor. Y puede ser también una oportunidad. Una oportunidad porque el morir y la muerte reclaman verdad y verdades que aprender; y pueden contribuir a humanizarnos.
1. El duelo: el precio del amor
No podemos amar sin dolernos. El duelo es un indicador de amor, como el modo de vivirlo lo es también de la solidaridad y del reconocimiento de nuestra limitación y disposición al diálogo. De igual manera que hay duelos mal elaborados en la raíz de situaciones de enfermedad y de exclusión y marginac