: Rafael Díaz-Salazar
: Educación y cambio ecosocial
: PPC Editorial
: 9788428829663
: Educar
: 1
: CHF 8.90
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: Allgemeines, Lexika
: Spanish
: 280
: DRM
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
La formación de la personalidad de niños, adolescentes y jóvenes es uno de los grandes retos de nuestro tiempo. En esta obra se propone un proyecto educativo basado en el cultivo de la interioridad, la iniciación al activismo social y el desarrollo de estilos de vida alternativos. ¿Qué tipo de educación necesitamos?, ¿cómo relacionarla con el imprescindible cambio ecosocial?, ¿qué podemos hacer en las familias, en las escuelas y en las asociaciones ciudadanas para lograrlo? Este libro está pensado para tres tipos de educadores: familias, profesores y animadores de movimientos infantiles y juveniles.

Rafael Díaz-Salazar es profesor de Sociología y Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense (Madrid). Realizó su tesis doctoral sobre el pensamiento de Antonio Gramsci. Sus ámbitos de docencia e investigación son las desigualdades internacionales, las políticas de desarrollo, la sociología de la religión y la geopolítica. Es profesor invitado en universidades de Brasil, México, Cuba y El Salvador. Es autor de una amplia obra.Más información sobre el autor aquí

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EDUCAR: ¿PARA QUÉ?
¿SERVIR AL MERCADO O AL CAMBIO ECOSOCIAL?


 

1. Todos decimos que la educación es lo más importante

 

En todos los países existe bastante unanimidad a la hora de afirmar que su futuro se juega en el ámbito educativo. Muy pocas personas disienten de esta tesis. Los problemas comienzan a la hora de abordar estas cuestiones: qué se entiende por educación, quiénes han de realizarla y, sobre todo, qué orientación ha de tener. Si existiera unGoogle Mapsde la educación, difícilmente sabríamos guiarnos con él, pues los mapas educativos son contradictorios y antagónicos. Necesitamos brújulas para nuestra acción educativa. Este libro pretende ofrecer un mapa-guía educativo sobre los fines, medios, sujetos y caminos de la educación.

Los intereses educativos están ligados a los fines de diversas instituciones. Desde el mundo de la política y de las empresas, la educación se vincula con el crecimiento económico y la creación de empleo. Las familias, salvo excepciones, piensan que el futuro de sus hijos depende de la recepción de una buena enseñanza en los centros escolares. Lo que desean es que reciban un tipo de conocimientos útiles para que puedan ser competitivos en el mercado laboral. No se niega la necesidad de transmitir valores dentro y fuera del hogar para ser «buenas personas». Ahora bien, la familia suele ser concebida como medio de sustento y de intercambio de afectos, y los centros escolares como los encargados de la formación de los hijos. Está bastante generalizada la delegación de responsabilidades educativas de padres y madres en los profesores, como si estos fueran una especie de subcontrata educativa de las familias.

Sobre los centros escolares recaen asuntos de todo tipo sobre los que han de formar (desde la educación sexual a la educación digital, pasando por la educación vial). Desde instancias familiares, gubernamentales y ciudadanas se pretende convertir a estos centros en una especie de contenedores donde quepan todos los problemas de la sociedad que requieren el aprendizaje de determinados comportamientos. Esto es inviable e imposible.

Las expectativas generalizadas sobre los centros escolares, salvo excepciones, se centran en la demanda de que impartan enseñanzas que favorezcan el futuro triunfo social y económico de los estudiantes.

En nuestra sociedad se tiende a identificar educación con enseñanza, y esta con contenidos curriculares cada vez más vinculados a la competitividad capitalista y a la mercantilización de la vida humana. El reinado del dinero, utilizando el lenguaje cristiano, o el fetichismo de la mercancía, según la terminología marxista, colonizan con fuerza todos los ámbitos que configuran el modo de ser y estar en el mundo, imponiendo su peculiar antropología y su modelo de sociedad.

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