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LA CUESTIÓN DE DIOS: DIOS EN LA PRIMERA FILA DE LAS LIBRERÍAS
¿Por qué el tema de Dios vende tanto? Quizá porque de Dios hablamos todos. Es un tema que sigue teniendo actualidad. Suscita curiosidad, morbo, fascinación, rechazo visceral o sencillamente, como decía Fernando Savater, mientras sigamos siendo mortales nos preguntaremos por Dios. Hace años había un programa de radio que se llamaba: «Porque de sexo hablamos todos». Podríamos decir que de Dios hablamos todos. Es verdad que en nuestra sociedad, sobre todo en ciertas edades y generaciones, da menos pudor hablar de sexo que de Dios. Pero, en el fondo, y cuando se encuentra un clima adecuado, la gente saca el tema de Dios. Por eso Dios vende mucho. Las cifras de ventas de libros sobre este tema están siempre en los primeros lugares.
Es un hecho que la religión no ha muerto en las sociedades modernas. Lo que sucede es que se va reconfigurando, va adoptando nuevas formas. Por eso hoy en día nos encontramos no tanto ante una indiferencia religiosa (que la hay), sino más bien ante un supermercado espiritual. Proliferan ofertas religiosas como centros comerciales. Ofrecen rebajas, religión a la carta, nuevas sensaciones, nada de dogmas ni preceptos, soluciones a los problemas de salud y depresión, etc. Estos centros comerciales espirituales se presentan de diferentes formas y con diversas marcas. «Religiosidad difusa»[1], «religión implícita»[2], «religión invisible»[3], «rumor de ángeles»[4], «religión diseminada»[5], por enumerar solo algunas de las marcas más representativas y conocidas. Estamos ante nuevas experiencias y prácticas religiosas y mitológicas más allá de las instituciones eclesiásticas. Lo religioso o espiritual se presenta con unmarketing esotérico, ocultista, mágico o místico, en motivos artísticos, esculturas, pinturas, espectáculos musicales o terapias psicológicas. Está de moda la sensibilidad hacia las formas irracionales de religión: uso y abuso de la astrología, lecturas fantásticas de la historia, curiosidad ante lo paranormal, visión mágica de la salud, entre otras.
El paradigma de transformación social vinculado a la religión en los años sesenta después del Concilio Vaticano II ha perdido relieve. Hoy la gente acude a lo religioso, sobre todo por motivos estéticos y psicológicos. Se ve en las bodas, comuniones y funerales. La mayoría de los participantes se quedan con lo estético. «¡Qué misa tan bonita!», exclaman muchos al final de una celebración del matrimonio sin eucaristía, solo con liturgia de la Palabra. El cura ha intentado aprovechar la ocasión para adoctrinar o evangelizar al personal, pero la mayoría se queda con la expresión citada, con la belleza y elglamour del ritual católico (que lo sigue teniendo, como reconoció hace unos años en una entrevista el afamado y oscarizado director de cine Pedro Almodóvar). O en una convivencia de adolescentes y jóvenes, muchas veces sucede que lo que más valoran estos al final no son ni las dinámicas sobre valores, ni los talleres artesanales, ni los debates sobre afectividad o sexualidad y amoríos, ni los torneos deportivos, sino, en convivencias de Semana Santa, el turno de vela de oración de tres a cuatro de la madrugada del Viernes Santo (esta valoración está basada en hechos reales). Todo ello es índice del resurgir del misterio, de lo espiritual, lo esotérico, mágico y sobrenatural. De ahí el éxito de series televisivas comoEl internado, donde se entremezcla la intriga, el misterio, la aventura y lo sobrenatural, con la niña Paula a vueltas con su gnomo del bosque.
Otro factor que ha propiciado la presencia del tema de Dios en la primera fila de las librerías ha sido el inicio de la superación del monopolio confesional de Dios y el monopolio filosófico-científico del ateísmo, aunque todavía la cosa va despacio, porque sigue habiendo muchos prejuicios. Vamos superando las consecuencias del nacional-catolicismo en relación con la cuestión de Dios y vamos superando el destierro de Dios en el ámbito intelectual, sobre todo filosófico y científico. Se ha ido descubriendo la importancia del tema de Dios en la filosofía y en la ciencia. Como dice Amelia Valcárcel enHablemos de Dios:
Quizá hemos zanjado la cuestión religiosa demasiado rápido y ha quedado abierta. Por lo demás, que la filosofía se haya desinteresado de la religión es algo muy grave para la propia filosofía, pues corre el peligro de marcharse con ella[6].
En otros países de Europa llevan años con diálogos públicos de gran interés entre intelectuales y escritores creyentes, agnósticos y ateos. Esperemos que en España puedan tener lugar este tipo de diálogos. Recordemos algunos de ellos. En Inglaterra ya empezaron hace mucho tiempo con diálogos entre el filósofo jesuita Copleston y el filósofo matemático ateo B. Russell (famosos debates en la BBC en los años 1950-1960), luego publicados en el libro de B. RussellEscritos sobre Dios y la religión. En Italia, entre Umberto Eco y el cardenal Martini, diálogos recogidos en el libro¿En qué creen los que no creen?, o entre Dario Antiseri y el cardenal Ruini. En Francia tenemos los debates ent