: Ana María Schlüter Rodés
: La luz del alma
: PPC Editorial
: 9788428826501
: Sauce
: 1
: CHF 8.90
:
: Christentum
: Spanish
: 176
: DRM
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
El corazón tiene sus razones que la razón no puede entender. Cuando las imágenes arquetípicas presentes en los cuentos tocan el alma, la despiertan, orientan e iluminan. Se podría decir, pues, que en los cuentos se revela la 'luz del alma'.

Ana María Schlüter es maestra Zen (con el nombre de Kiun An, 'Ermita de la Nube Radiante'). Nació en Barcelona, en 1935, de padre alemán y madre catalana. Durante las guerras civil y mundial vivió en Alemania. A los veintitrés años ingresa en el colectivo religioso 'Mujeres de Betania'. Poco después, se doctora en Filosofía y Letras con una tesis en torno a la pregunta '¿Por qué unos ven y otros miran y no ven?'. En los cursos y retiros que imparte emplea con notable éxito el recurso a los cuentos tradicionales, bien de origen budista, bien de origen popular europeo.  En PPC ha publicado 'El camino del despertar en los cuentos' (1997) y 'La luz del alma' (2004).

EL TAMBORILERO


RECUPERAR LA MEMORIADE LO MÁS IMPORTANTE


 

 

 

 

 

 

Érase una vez un joven tamborilero que una tarde salió solo a pasear. Estando en medio del campo, se acercó a un lago. Allí vio de pronto tres piezas de lino blanquísimas.

–¡Qué bonitas son! –dijo.

Tomó una y se la guardó en el bolsillo. Volvió a casa sin acordarse más y se durmió. Al poco tiempo de dormirse, oyó una voz muy suave que decía:

–Tamborilero, tamborilero, despierta.

Él no veía a nadie, estaba todo oscuro, pero le parecía que algo se movía cerca de su cama.

–¿Qué quieres? –preguntó.

–Devuélveme la camiseta que me quitaste en el lago.

–La tendrás enseguida –le contestó el tamborilero– si me dices quién eres. La voz dijo:

–¡Ay! Yo soy la hija de un gran rey. He caído en poder de una bruja y estoy desterrada en la montaña de cristal. Todos los días tengo que bañarme en el lago con mis hermanas, pero sin camiseta no puedo volar; ellas ya se han ido; yo me he quedado atrás. Por favor, devuélvemela.

–Tranquila, tranquila –dijo el tamborilero–, con mucho gusto te la devuelvo ahora mismo.

Y la sacó del bolsillo para entregársela. Ella la cogió rápidamente.

–Espera, espera –dijo el tamborilero–, a lo mejor puedo ayudarte.

–Eso es casi imposible, porque solo se puede conseguir subiendo a una lejana montaña de cristal, y, aunque llegases allí, no lograrías subir.

–Lo que yo me propongo –dijo el tamborilero–, lo consigo. Siento compasión por ti y no tengo miedo. Dime, ¿cuál es el camino que lleva allí?

–Hay que pasar por un bosque donde viven gigantes que se comen a los humanos, y no puedo decirte más –contestó la princesa.

Y desapareció.

 

El principio de este cuento refleja la situación de alguien que, en un momento dado de su vida, en un momento de soledad, de silencio, de tranquilidad, descubre un “no sé qué”, como una pieza de lino blanco, sin forma ni color, y, si