EL TAMBORILERO
RECUPERAR LA MEMORIADE LO MÁS IMPORTANTE
Érase una vez un joven tamborilero que una tarde salió solo a pasear. Estando en medio del campo, se acercó a un lago. Allí vio de pronto tres piezas de lino blanquísimas.
–¡Qué bonitas son! –dijo.
Tomó una y se la guardó en el bolsillo. Volvió a casa sin acordarse más y se durmió. Al poco tiempo de dormirse, oyó una voz muy suave que decía:
–Tamborilero, tamborilero, despierta.
Él no veía a nadie, estaba todo oscuro, pero le parecía que algo se movía cerca de su cama.
–¿Qué quieres? –preguntó.
–Devuélveme la camiseta que me quitaste en el lago.
–La tendrás enseguida –le contestó el tamborilero– si me dices quién eres. La voz dijo:
–¡Ay! Yo soy la hija de un gran rey. He caído en poder de una bruja y estoy desterrada en la montaña de cristal. Todos los días tengo que bañarme en el lago con mis hermanas, pero sin camiseta no puedo volar; ellas ya se han ido; yo me he quedado atrás. Por favor, devuélvemela.
–Tranquila, tranquila –dijo el tamborilero–, con mucho gusto te la devuelvo ahora mismo.
Y la sacó del bolsillo para entregársela. Ella la cogió rápidamente.
–Espera, espera –dijo el tamborilero–, a lo mejor puedo ayudarte.
–Eso es casi imposible, porque solo se puede conseguir subiendo a una lejana montaña de cristal, y, aunque llegases allí, no lograrías subir.
–Lo que yo me propongo –dijo el tamborilero–, lo consigo. Siento compasión por ti y no tengo miedo. Dime, ¿cuál es el camino que lleva allí?
–Hay que pasar por un bosque donde viven gigantes que se comen a los humanos, y no puedo decirte más –contestó la princesa.
Y desapareció.
El principio de este cuento refleja la situación de alguien que, en un momento dado de su vida, en un momento de soledad, de silencio, de tranquilidad, descubre un “no sé qué”, como una pieza de lino blanco, sin forma ni color, y, si