CAPÍTULO 6
CONFIAR EN EL MISTERIO
DE DIOS COMO JESÚS
SIGNOS DE NUESTRO TIEMPO:
HORIZONTE SOMBRÍO E INCIERTO
No es pecar de dramatismo constatar que está creciendo en el mundo el miedo social y la inseguridad. Un miedo difuso, pero real. Es la impresión cada vez más palpable de que las instituciones sociales, políticas y económicas no van a ser capaces de resolver los graves problemas que estamos generando en el mundo. «Progreso» no es hoy una palabra que despierte esperanza, confianza o incluso entusiasmo, como sucedía a finales del siglo pasado.
El horizonte parece cada vez más incierto. ¿Cómo estamos reaccionando? Los expertos nos dicen que los graves problemas ambientales, el fenómeno del terrorismo desesperado o la invasión de los hambrientos a los países del bienestar, no están generando ninguna reflexión profunda en la sociedad. Solo una reacción instintiva de miedo y búsqueda de seguridad.
En la humanidad comienza a despertarse el presentimiento de que no puede ser acertado un camino que nos está conduciendo a una «crisis global», desde la extinción imparable de grandes áreas de bosques hasta la propagación de las neurosis en los países desarrollados; desde la polución del mar y de los ríos hasta la vida infrahumana de millones de habitantes en ciudades masificadas. Lo que está despertando verdadera alarma es la «crisis ecológica». Para detener el «desastre» es urgente cambiar de rumbo. No basta con sustituir las tecnologías «sucias» por otras más limpias ni la industrialización «salvaje» por otra más controlada.
Son necesarios cambios más profundos en los intereses que hoy dirigen el desarrollo y el progreso de los países más poderosos. Aquí comienza el verdadero drama del hombre posmoderno. Las sociedades más avanzadas no son capaces de introducir cambios decisivos en sus sistemas de valores y de sentido. Sus propios intereses son más fuertes que cualquier planteamiento realista y solidario.
Un filósofo agnóstico tan poco sospechoso de devaneos espirituales como Rafael Argullol dice así: «Creo que bajo nuestra apariencia de fortaleza material y técnica hay una debilidad sustancial. Se va adelgazando la silueta espiritual del hombre». ¿No estará aquí el factor que puede estar incapacitando a la humanidad para resolver las crisis que amenazan nuestro futuro?
¿No ha llegado el momento de plantearnos las graves cuestiones que nos permitan recuperar el sentido de la existencia humana sobre la tierra para aprender a vivir una relación más pacífica y solidaria entre los hombres y con la creación entera? ¿Qué es el mundo? ¿Un bien que podemos explotar de manera despiadada y sin miramiento alguno o la «casa común» que se nos ha regalado para hacerla cada vez más habitable?
¿Y qué es el ser humano? ¿Un ser perdido en el cosmos, luchando desesperadamente contra la naturaleza, pero destinado a extinguirse sin remedio, o un ser llamado por Dios a vivir en paz con la creación entera, colaborando en la orientación inteligente de la vida hacia su plenitud?
Los seguidor