1. La gestación
El librito que el lector tiene en sus manos comenzó a gestarse en mi subconsciente cuando unas palabras pronunciadas hace ya unos años –no recuerdo el contexto exacto: ¿una predicación?, ¿una intervención sinodal?– por Joel Cortés, compañero de camino, quedaron impresas en mi mente: «Cuanto más trabajo para la Iglesia, más parece que me alejo de Cristo».
Teniendo en cuenta quién las pronunció, el presidente de la Iglesia Evangélica Española –entre otras de sus muchas responsabilidades eclesiales–, quizá pueda entenderse elshockque pudieran dejar en muchos de sus oyentes, la gran mayoría creyentes también comprometidos con la misión de la Iglesia. Yo fui uno de ellos. No es que no estuviera de acuerdo, sino todo lo contrario. Fue una de esas conmociones que causa oír de repente palabras que plasman una experiencia que se vive, pero que muchas veces uno mismo no puede –o evita– definir. Creo que desde ese día siempre me rondó por la cabeza abordar la vivencia de la vida en general y de la fe en particular, de un modo muy personal y distendido, esto es, sin las cautelas que impone un estudio riguroso y, por tanto, ceñido al método. Este librito sale, pues, más de mis entrañas que de mi mente, aunque creo que el lector se percatará de que no he podido –espero que para bien– dejar la mente a un lado.
2. Una meditación sobre la fe sencilla
Mi propósito es ofrecer una meditación sobre aspectos fundamentales de la vida que pueden ser vividos de dos modos opuestos: demodo complejoo demodo sencillo. El modo sencillo nos lleva a vivirlos como un don, como un regalo, como aquello que disfrutamos. Por contra, el modo complejo nos lleva a abordarlos como un objetivo que alcanzar, como una conquista que realizar que requiere movilizar grandes esfuerzos. Quizá algún lector alegará de inmediato que la vida misma es compleja, y que no existen polos tan nítidamente contrapuestos. Y tendría toda la razón. Pero también debería admitir que la proclividad humana es hacia la complejidad, hacia lo que requiere esfuerzo, abandonando esa parte de la vida misma que también es la sencillez, la simpleza, la aceptación de la vida como un don. Por tanto, no quisiera yo que mi meditación cayera en candidez pueril, sino que contribuyera a recuperar lo que creo que es una parte sustancial de la vida humana: lavida sencilla. Y, para el creyente, esta tiene mucho que ver con lafe sencilla.
Presentado el propósito, quisiera abundar en él explicando la inquietud person