«Si aceptas este ministerio y oficio de ser nuestro papa, dinos con qué nombre te hemos de reconocer». «Quiero llamarme Francisco», respondiera el elegido. De ahora en adelante, el cardenal Jorge Mario Bergoglio, y en honor de san Francisco de Asís, será llamado Francisco.
Como era de esperar, enseguida comenzaron a buscarse las razones que justifican la elección del nombre del nuevo papa. Se barajaron las distintas posibilidades, sobre todo aquellas que lo relacionaban con su condición de jesuita. Santos admirables, y de este nombre, ha habido varios en la historia de la Compañía de Jesús. San Francisco de Borja, santo y noble, y dechado de fidelidad al servicio de la Iglesia. San Francisco Javier, el misionero universal, el evangelizador incansable, el celo ejemplar y sacrificado por la salvación de los pueblos...
«¡No te olvides de los pobres!», le había dicho el cardenal Claudio Hummes a su compañero de puesto en el cónclave. Esa sugerencia del cardenal brasileño y franciscano, ¿había sido decisoria a la hora de buscar un nombre apropiado? En la memoria del cardenal Bergoglio, ¿estarían aquellas palabras que han resonado tantas veces en la historia de la renovación eclesial, ¡repara mi Iglesia!, y que eran como un encargo de Dios al bienaventurado Francisco?
Francisco de Asís era una figura aceptada por unos y por otros, y hasta elegido, en un sondeo universal, como el hombre del último milenio. La humildad y pobreza del santo de Asís eran más que un buen criterio para gobernar al nuevo pueblo de Dios, que se sentía necesitado de los gestos y actitudes delPoverello. El papa Francisco, en la visita Asís en octubre de 2013, ha dado la respuesta a los motivos que le impulsaron a elegir el nombre de Francisco.
¿Es que Francisco de Asís había sido un revolucionario? En un entrañable encuentro con los niños discapacitados y enfermos ingresados en el Instituto Seráfico, el 4 de octubre de 2013, el papa diría que había elegido llevar el nombre de Francisco como obispo de Roma. Francisco, siguiendo el ejemplo de Cristo, amó a todas las criaturas del universo, sobre todo a los pobres y los abandonados, y lo hizo con admiración y sencillez.
«¡Sed revolucionarios!», les dice el papa Francisco a los componentes de la asamblea diocesana de Roma.
Este año habéis trabajado mucho sobre el bautismo y también sobre la renovación de la pastoral posbautismal. El bautismo, ese pasar de «bajo la ley» a «bajo la gracia», es una revolución. Son muchos los revolucionarios en la historia, han sido muchos. Pero ninguno ha tenido la fuerza de esta revolución que nos trajo Jesús: una revolución para transformar la historia, una revolución que cambia en profundidad el corazón del hombre. Las revoluciones de la historia han cambiado los sistem