: Luis Alfonso Zamorano López
: Ya no te llamarán abandonada Acompañamiento psico-espiritual a supervivientes de abuso sexual
: PPC Editorial
: 9788428835053
: 1
: CHF 8.90
:
: Sozialwissenschaften allgemein
: Spanish
: 248
: Wasserzeichen
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
Estrella lloraba sin parar, no lograba articular palabra. Intentaba contar cómo, de pronto, había sido asaltada violentamente por los tristes y dolorosos recuerdos de su infancia, que habían sobrevenido inesperadamente y despertado una tormenta en su alma. Treinta años hacía ya que Estrella sufrió su primer abuso sexual por parte de un familiar, cuando tenía precisamente cinco añitos, los mismos que ahora cumplía su sobrina; la fiesta de cumpleaños de su adorada sobrina le hizo revivir en segundos aquella tarde fatídica en que fuera hecha pedazos su inocencia. Estrella, y Julia, y otros muchos están presentes a lo largo de este libro. Las heridas están curadas, pero las cicatrices siguen supurando. Hay mucha y excelente literatura en cuanto a las consecuencias psicológicas que provoca el abuso y los caminos de terapia y reparación. Pero esos textos no están muchas veces al alcance del público general; están pensados para psicólogos, jueces, abogados, forenses, psiquiatras... pero no para el panadero, el albañil, la pescadera o la peluquera, o el catequista. Este libro pretende transmitir un conocimiento y unas herramientas que sean asequibles a todos. Si algo puede ayudar a alguien a comprender su drama y su conmovedora lucha a lo largo de toda su vida, ya merece la pena. Ojalá contribuya a ese anhelo que tenemos como Iglesia de pasar de la cultura del abuso y del encubrimiento a la del cuidado y la protección. 'La envergadura del drama de los abusos sexuales está reclamando una mirada humanizada. Echaba yo en falta voces de esperanza para las diferentes personas implicadas. Luis Alfonso nos muestra que hay esperanza', señala, en el prólogo, José Carlos Bermejo.

Luis Alfonso Zamorano (Palencia, 1974) es misionero-sacerdote de la Fraternidad misionera Verbum Dei. Ha desarrollado su labor misionera en Chile durante casi 20 años, y actualmente es el capellán de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid. Es Magíster en Acompañamiento Psico-espiritual por la jesuita Universidad San Alberto Hurtado, de Santiago de Chile, con una tesis titulada 'Influencia del acompañamiento pisco-espiritual y de la experencia de Dios en la sanación de las consecuencias del abuso sexual infantil (ASI)'. También es autor de cuatro CD de música pop-rock cristiana.

Prólogo


 

En el año 2012 escribí un libro con Marta Villacieros sin éxito editorial, es decir, sin alcanzar un puñado de ediciones, como otros. Se trata del que lleva por títuloDoble drama. Humanizar los rostros de la pederastia. Mientras escribía este libro tuve una llamada inesperada. Lo contaba en la introducción. Una mujer, madre de dos jóvenes víctimas de abusos, me pedía ayuda para el victimario, para que no hiciera más daño a otros. La secuencia de sucesos que se siguieron me permitió darme más cuenta de la complejidad de esta forma de mal: pude descubrir «rostros escondidos», víctimas innombradas. Pude hacerme un poco más cargo de la envergadura del sufrimiento que hay detrás de los abusos.

Así pues, quise poner sobre la mesa una dimensión raramente observada en el drama de los abusos sexuales a menores: las víctimas invisibles, los familiares tanto de la persona abusada como los del abusador. Un conjunto de personas a las que mirar y ver, si uno quiere contribuir a prevenir y cuidar a los afectados por este drama de múltiples caras.

Ahora me veo prologando, con mucho gusto, un libro sobre acompañamiento de víctimas de abuso que se han dado y se dan en la Iglesia, pero sobre todo en las familias. Su autor es Luis Alfonso Zamorano, al que deseo éxito editorial, porque realmente considero que hay que hablar, hay que interesarse por este tema, hay que escribir y socializar las experiencias de las que podamos aprender para humanizar nuestro mundo atajando el tremendo problema de la pederastia.

La envergadura del drama de los abusos sexuales está reclamando una mirada humanizadora. Echaba yo en falta voces de esperanza para las diferentes personas implicadas. La escasa atención al tema no ayuda. Genera un silencio que puede ser cómplice de dinamismos que permitan que el drama siga vivo y que las víctimas no sean atendidas convenientemente.

Porque no basta con la lamentación y la denuncia. En el tratamiento que la mayoría de los medios dan al tema tendemos mayoritariamente a quedarnos con las informaciones mediáticas, que, mientras ayudan a desvelar un mundo oscuro, no terminan de hacer honor a la verdad en sus proporciones. Los abordajes mediáticos y judiciales son necesarios, pero insuficientes. Hemos de superar la resistencia a hablar del tema más allá de esa forma mediática que impone un cierto sensacionalismo por la vía de la repugnancia de la conducta. No tolerar los abusos no se agota con decirlo.

La atención que la sociedad está prestando al drama de los abusos es limitada, también por el hecho de que son demasiadas las víctimas. Tantas que hasta eso puede reducir el número de interesados por comprender el fenómeno. Las víctimas en España se cuentan por más del 20 % en niñas y más del 16 % en niños. Estadísticas similares se dan en otras latitudes. Siempre demasiado. Muchas víctimas no quieren remover su vida pasada ni siquiera leyendo sobre el tema. Ni hablando. El silencio protege y hace fuerte. La vergüenza sería muy grande. Sin embargo, como bien refleja Luis Alfonso a través de la voz de los supervivientes que ha acompañado, solo teniendo el coraje de romper el silencio es posible iniciar el camino hacia una vida más plena y feliz.

Las investigaciones empezaron ya a mediados del siglo pasado, pero no se prestó la necesaria atención ni a las cifras ni a los daños sobre las víctimas. Estamos aprendiéndolo. También estamos aprendiendo que no escuchar a las víctimas puede ser una complicidad con el futuro: muchos de los victimarios fueron víctimas en el pasado.

Hemos de aprender algo de esta oleada de empeño por desvelar el drama. Porque, como drama, ha existido siempre. Como empeño por desvelarlo, no. Estamos en un buen momento. Es un momento de transparencia, de intolerancia del sufrimiento evitable y de intolerancia de los dinamismos encubridores que pueden favorecer la persistencia de males evitables. Hay una restauración que hacer en quien ha sufrido tanto. Son muchos los hilos de la confianza en los demás que se rompen. Son, sobre todo, vínculos significativos los que hacen que el drama sea tal.

Una de mis intuiciones o hallazgos que quise socializar con el libroDoble dramafue el sufrimiento que hay al otro lado del que solemos mirar primero, que es el de las víctimas. Al otro lado están también los victimarios y sus familias. Algunos están en la cárcel, donde pude entrevistar a unos cuantos, y descubrí que habría otro conjunto de