Radiografía, ecografía, endoscopia, así como miradas desde el estetoscopio, el microscopio, el telescopio, y en colores con el caleidoscopio, pueden ser modos de aproximarnos al fenómeno con deseo de explorar para sanar.
Una radiografía ayudará a ver los elementos de la culpa, desde el elemento que la causa hasta la percepción y valoración negativa del sujeto, con las emociones que comporta, eventuales remordimientos, castigos...
Una ecografía permitirá mirar los «órganos internos» de la culpa, sus componentes y sus dinámicas.
Con el microscopio intentaremos mirar lo que pasa en clave a veces invisible, especialmente lo relacionado con la conciencia. Sea de un modo u otro, la conciencia está acusando con bondad o con perversión.
El caleidoscopio nos permitirá ver diferentes colores y prestaremos una particular atención a formas de culpa a veces poco estudiadas, como puede ser la que experimentan las personas que ayudan a otras en situación de vulnerabilidad y se sienten culpables por estar bien mientras los acompañados están mal, así como otras formas de culpa irracional.
Desde lejos, con el telescopio, mirando a lo alto –metafóricamente hablando–, exploraremos una teología que no ha contribuido a un mundo sano en torno a la culpa, la que se ha dado en llamar «teología del gusano», que insiste en lo malo que es el ser humano frente a la bondad de Dios.
Con el endoscopio entraremos en el interior de la culpa con un particular deseo de sanarla y buscar caminos saludables de manejo de la misma.
Radiografía de la culpa
Una radiografía es una técnica diagnóstica descubierta el 8 de noviembre de 1895 por Wilhelm Röntgen, que permite explorar los cuerpos mediante una radiación de alta energía procedente de isótopos radiactivos. Las partes más densas del cuerpo radiado aparecen con diferentes tonos dentro de una gama de grises.
Como metáfora, por tanto, nos puede servir para nuestro deseo de explorar los diferentes elementos que componen el fenómeno de la culpa, identificando no solo dichos elementos, sino quizá también algunas eventuales fisuras, poros o cuerpos menos sospechosos que podamos hallar sometiendo al concepto a la reflexión y al análisis de la experiencia.
Se trata de diagnosticar, no de moralizar; de analizar y describir, siempre con el horizonte de un eventual tratamiento de aquello que necesite ser sanado en relación con la culpa. Los rayos de nuestro análisis querrán viajar ágiles a través de la culpa, quizá para ver los elementos, su densidad, para generar fluorescencia en algunos aspectos y ser vistos con mayor claridad.
a) Cómo es la culpa. Sus elementos
Los elementos que se suelen considerar como integrantes de la culpa suelen ser tres: la percepción y autovaloración negativa de un acto que la persona ha realizado y considera incorrecto desde la conciencia y el sentimiento de displacer –negativo– que ello genera, con sabor a remordimiento. Acto causal, real o imaginario, valoración negativa del mismo y sentimiento se dan cita en el complejo fenómeno de la culpa.
La culpa sana sería esa señal que indica al viajero si su rumbo es correcto y hace bien, tanto a uno mismo como a los demás, si es constructivo de lo propiamente humano. La culpa es un sistema de alerta semejante al que experimentamos en nuestro cuerpo con el dolor físico, que nos avisa de que algo va mal en el organismo y da la voz de alarma para que pongamos remedio.
El sentimiento de culpa es, pues, el resultado de un