PRESUPUESTO E INTRODUCCIÓN
Hace diecinueve años publiqué el cuadernoSalgamos a buscarlo.Ha pasado tiempo desde entonces, tiempo de experiencias diversas, de confrontaciones y contrastes, de asomarme a mundos nuevos y desconocidos para mí… Sigue confirmada la percepción de la implicación «de una vez por todas» del Compasivo con sus criaturas abatidas y excluidas. Estas páginas amplían aquella primera reflexión, pero la vivencia de fondo es la misma, más ahondada y cribada. La ampliación ha sido ya publicada a modo de retales teológicos en diversos lugares. Aquí los he recogido y los he recosido entre sí, intentado ahondar la primera publicación.
Quiero agradecer a tantos compañeros y compañeras de camino de seguimiento su ayuda y su fortaleza. Quiero agradecer de corazón especialmente a Agustín Rodríguez Teso lo compartido los primeros años a partir del «primer»Salgamos a buscarlo.
Toda lectura teológica supone para nosotros, creyentes cristianos, acercarnos a los contextos de marginación social desde la tradición de Jesús de Nazaret –él es el que nos ha interpretado al Dios vivo–, y en este acercamiento captar el sentido global de la implicación y el trabajo en dichos contextos. Esta lectura no anula otras lecturas desde otros saberes, sino que las supone como necesarias en su autonomía de presupuestos y metodologías. Tenemos que evitar, en la medida de lo posible, la «invasión carismática y acrítica» en los contextos de marginación. Entendemos por invasión carismática y acrítica la pretensión, más o menos consciente, de que, por el hecho de sentirnos empujados por el Espíritu hacia la periferia, tenemos ya las claves para entender la realidad desquiciada, compleja y rota de los contextos de marginación. No podemos acceder a los contextos de marginación sin mediaciones. La precipitación crea frustración y rompimientos si no tenemos instrumentos para orientarnos con lucidez en dichos contextos.
Si hay algún territorio de misión evangélica en el que no se puede prescindir de la profesionalidad, ese es el campo de la exclusión y marginación. Con todo el riesgo de exageración –aunque tan solo digo lo que he visto– puedo afirmar que es el territorio en el que más prejuicios y prevenciones se dan hacia lo profesional. Parece ser que los pobres no merecen nuestra preparación y capacitación profesional y técnica. Más de una vez he tenido que oír a algún voluntario o voluntaria, con mucho dolor por mi parte, que, para estar con los pobres, no hace falta tanto tiempo de formación. Mi respuesta es siempre la misma: los ricos merecen que nos preparemos; los pobres son tan pobres que ni eso.
El tema me parece serio y preocupante. En mi mundo, me guste o no me guste –y eso es otro tema–,