PRÓLOGO
Desde hace unos años me he venido ocupando de la consideración de las inteligencias múltiples a través de investigaciones, artículos, ponencias en congresos científicos y, sobre todo, de la reflexión personal. Singularmente he investigado sobre la inteligencia musical (2009), las nuevas tecnologías en su vinculación con la educación (2005, 2007 y 2013), la inteligencia lingüística (2010) y los videojuegos (2014 y 2015), preguntándome, entre otras cuestiones, por la posible génesis y consiguiente desarrollo entre las nuevas generaciones de una habilidad a la que tal vez quepa llamar con el tiempo «inteligencia tecnológica», y he sometido mis puntos de vista, dudas y preguntas a expertos, a profesores de los diversos niveles educativos, a mis alumnos en las clases ordinarias de la Facultad de Educación (UCM), así como a muchos colegas de universidades españolas y latinoamericanas.
Por otro lado, el interés por confrontar las relaciones entre moral y psicología me ha acompañado a lo largo de bastantes años, en especial durante mi vinculación como profesor al Instituto Superior de Ciencias Morales (Universidad Pontificia Comillas), en cuyas revistas –PentecostésyMoralia– publiqué algunos artículos sobre esta temática; y en uno de mis primeros libros,La familia educadora(Madrid, Narcea, 1980), ya me ocupé igualmente de ello.
Mi encuentro como lector con las aportaciones, en primer lugar, de las obras de Salovey y Goleman (inteligencia emocional) y, casi al mismo tiempo, con las de H. Gardner sobre las inteligencias múltiples renovó en mí el interés por lo que he acabado atreviéndome a denominar «inteligencia moral», en paralelo a lo que otros estudiosos directa o indirectamente de esta temática han llevado a cabo, a cuyas obras he estado y estoy especialmente atento. Por lo demás, el estudio de la moral ha ocupado gran parte de mi formación universitaria (licenciaturas en Filosofía y Teología) en ámbitos académicos en los que el cultivo de aquella disciplina ha sido y es un signo de identidad.
Pero ha habido también algunos hechos concretos que han marcado mi trayectoria reflexiva sobre las temáticas que, a través de este libro, proponemos a los lectores. En primer lugar, durante los años en los que colaboré en la rehabilitación de adolescentes y jóvenes provenientes de situaciones de abandono, desamparo, maltrato y conductas disruptivas, hubo algo que especialmente llamó mi atención: la inexistencia en bastantes de aquellas chicas de una mínima implantación del sentido moral en sus vidas, consecuencia de omisiones educativas fundamentales. Otros aspectos de su desarrollo, como los cognitivos, sociales y emocionales, también estaban seriamente afectados, pero el que se refiere a la dimensión moral del desarrollo humano lo estaba de manera especial.
En segundo lugar, una constatación durante los cursos, con el aula siempre abarrotada de alumnos que escogían voluntariamente una asignatura optativa, de Desarrollo moral, en la Facultad de Educación de la Universidad Complutense. Antes que nada percibí la falta de una formación moral que pudiera considerarse suficiente en las jóvenes generaciones de finales del siglo pasado y principios de este. Por otro lado, la dificultad en muchos de mis alumnos para argumentar con razonamientos éticos en torno a cuestiones fronterizas que a todos nos afectan o pueden afectarnos. Mis alumnos de esta asignatura expresaban sus puntos de vista en los debates que les proponía (cuestiones de bioética, aborto, eutanasia, pena de muerte, prostitución, moral sexual, dilemas morales en torno a lo más justo en situaciones diversas, etc.) no solo desde una rampante subjetividad, sino desde la pura opinión, la simpledoxa,lejos de laepisteme,del conocimiento razonado y la argumentación propios de la formación universitaria. Al mismo tiempo constataba en todos ellos un gran interés por estas cuestiones, y nunca dejó de constituir para mí una gran satisfacción que la evaluación final reflejara, un curso tras otro, que muchos de ellos terminaban dando un paso desde las simples opiniones o pareceres hasta los argumentos razonados en torno a cuestiones relacionadas con la moralidad. Algunos de ellos manifestaron que lo que más agradecían al profesor, que con entusiasmo y humildad les había motivado y animado a razonar en términos de pensamiento