Días después de su elección, el papa Francisco se presentó en la cárcel de menoresCasal de Marmo,de Roma, para celebrar el Jueves Santo. Al término de la homilía se puso de rodillas y lavó los pies a unos jóvenes reclusos que encarnaban a los doce apóstoles, con quienes Jesucristo realizó este gesto en su última cena. Entre ellos había dos muchachas, una italiana y otra de Europa del Este. Los chicos habían sido elegidos no según su fe, sino para que representaran a todos los internos. Entre aquellos a los que el papa lavó los pies había católicos, ortodoxos, musulmanes y no creyentes.
Con este gesto, el papa mostraba al mundo el talante samaritano que daría a su pontificado, un estilo cargado de gestos proféticos que invitan a salir de las sacristías para ir en busca de los más pobres. En la ExhortaciónEvangelii gaudium 1(EG) propone a la Iglesia «salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (EG 21). Expresa con frecuencia que prefiere «una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades» (EG 49).
La «Iglesia en salida» que propone el papa Francisco enEvangelii gaudiumes la que abre sus puertas para llevar el Evangelio a las periferias. Es la que sale de las sacristías y se adentra en los barrios marginales, en los centros sociales, en los hogares rotos, en las vidas vacías y en la existencia de tantas personas destruidas por la injusticia y el pecado del mundo.
La escuela católica está llamada también a vivir la dinámica de «salida», dejando la comodidad y las falsas seguridades para buscar la oveja perdida, para navegar a la otra orilla, para ofrecer la Buena Noticia a los pobres y anunciar la liberación de los cautivos.
La «escuela en salida» es la que está al cuidado de los alumnos más débiles, la que abre sus puertas a la comunidad, la que da participación a todos y construye Iglesia. Es la que despierta en los alumnos una conciencia crítica ante las injusticias y les invita a comprometerse con los más necesitados. La «escuela en salida» es el espacio donde todos tienen la posibilidad de crecer, la expresión visible de la mesa de comunión del Reino de Dios.
Haciendo memoria del compromiso de la Iglesia por la educación, constatamos con orgullo que las mejores iniciativas de educación integral fueron una «escuela en salida» con una motivación claramente evangélica. A finales del sigloXVI,Calasanz inicia la «escuela popular cristiana»; un siglo después, La Salle funda una congregación religiosa educativa en Francia dedicada a los pobres. El sigloXIXes testigo del nacimiento de familias religiosas especializadas en la educación de los más pobres: José Chaminade, Marcelino Champagnat, Paula Montal, Juan Bosco, entre otros. A todos estos fundadores les movió la convicción de que la educación era el mejor medio de promoción humana y reforma de la Iglesia y la sociedad. Todos ellos fundaron escuelas «en salida» comprometidas con el desarrollo humano y social de los más pobres.
El Concilio Vaticano II, en la ConstituciónGaudium et spes(GS), recuerda la opción preferencial por los pobres que debe tener la escuela católica: «Exhorta a los pastores de la Iglesia y a todos los fieles a que ayuden, sin escatimar sacrificios, a las escuelas católicas en el mejor y progresivo cumplimiento de su cometido y, ante todo, en atender a las necesidades de los pobres, a los que se ven privados de la ayuda y del afecto de la familia o que no participan del don de la fe» (GS 9,3).
En un contexto de evidente crisis del sistema educativo tradicional y de la significatividad de las escuelas católicas, la Iglesia publica un valiente documento 2en el que se recogen algunas críticas que se hacían a las escuelas de la Iglesia. El texto señala que muchas escuelas católicas son «proselitistas», con un fin meramente religioso; que son «anacrónicas», ya que el Estado se encarga de la educación universal y no necesita suplencia; que son «elitistas», ya que muchos países no la subvencionan y que no logran «formar cristianos convencidos [...] en el campo social y político». Fin