PARTE PRIMERA
GÉNERO Y EXCLUSIÓN
Hablar de género hoy parece que está de moda, es políticamente correcto, o por el contrario es criticado, sospechoso. En el primer caso se procede a simpatizar con el discurso en el que se incluye la cuestión de género, sin más análisis. Por el contrario, en otros ambientes se mira con recelo a quien defiende que sobre «género» es preciso debatir, que es una variable que configura la estructura social.
Es necesario precisar qué queremos decir cuando hablamos de género, aclarar la terminología, porque «género» es una palabra sobre la que fácilmente se está haciendo ideología.
Por otra parte, la mirada que proponemos, lejos de ser abstracta o teórica, es una mirada comprometida, determinada, condicionada por las realidades de exclusión. Por las experiencias concretas de las mujeres excluidas, desde las cuales formulamos pistas de reflexión. Desde esta perspectiva, el feminismo es ante todo una cuestión de justicia que tiene como protagonistas a las mujeres que más sufren, víctimas de un modelo social excluyente que genera pobreza y desigualdad de oportunidades.
1. ¿Es necesario hablar de género?
a) Sexo y género
La perspectiva de género está presente ya en la vida cotidiana. Al menos en nuestro argot de personas posconstitucionales que presumen de «no discriminar» en función, entre otras cuestiones, del «sexo». Así dice la Constitución Española, en su artículo 14: «Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social».
Pero hablar de sexo y de género no es lo mismo, y a veces confundimos ambos términos, o los usamos como si fueran lo mismo. Véase el párrafo anterior. El concepto «genero» se refiere a lo femenino y lo masculino como construcciones culturales[1], mientras que el sexo hace referencia a la parte biológica de ser varones y mujeres. Este es el concepto de género del que partimos en esta reflexión.
Es decir, nacemos biológicamente determinados por un sexo, el cual portamos en nuestros genes, y se reconoce al nacer en nuestros órganos genitales. Crecemos como niños y niñas, llegando a la gran «explosión hormonal» que tiene lugar en la pubertad, por la que nos convertimos en hombres y mujeres. El sexo se expresa, fenotípicamente, mediante el desarrollo de una serie de caracteres secundarios (distribución del vello, timbre de la voz, distribución de la grasa corporal, desarrollo de las mamas, etc.), que nos identifican como hombres o mujeres.
La cuestión del género remite a que no se nace hombre o mujer, con todo lo que ello conlleva, aunque estemos biológicamente definidos. Es una afirmación que puede resultar radical. En un pobre intento de imitar a Simone de Beauvoir[2], diremos que nos hacemos hombres y mujeres. Si entendemos que ser hombre o mujer no es solo tener el aspecto externo de tales, ni siquiera poseer la gónada masculina: testículo, o la femenina: ovario, con sus correspondientes secreciones hormonales. Somos personas, en definitiva, con todo el significado del término, lo cual abarca mucho más que estar sexualmente diferenciados.
Inventando algunos términos diremos que los seres humanos somos seres pensantes, sentientes, decidientes y actuantes. Por tanto, ser hombres o mujeres, plenamente, se traduce en una peculiar forma de pensar, una manera de expresar o no lo que sentimos, una forma de orientar la vida y de percibir el mundo, así como de reaccionar ante él. En definitiva, nos construimos dejándonos impactar por la vida que bulle a nuestro alrededor, por la cultura y la educación, por las circunstancias y la historia. Y en ese devenir acabamos siendo quienes somos, eligiendo la persona que queremos ser y el proyecto de vida que queremos desarrollar.
b) Género y derechos humanos
El punto de vista en el que enmarcamos la cuestión del género tiene que ver con esta concepción de persona. Nace en el auge del reconocimiento de los derechos humanos. En definitiva, es un término suficientemente reciente, y todavía necesario, ya que las mujeres siguen sin ser reconocidas como