: José Laguna Matute
: Cuidadanía Del contrato social al pacto de cuidados
: Ediciones SM
: 9788428837798
: Fuera de Colección
: 1
: CHF 8.90
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: Christentum
: Spanish
: 168
: Wasserzeichen
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
Estas páginas pretenden justificar las razones de un necesario tránsito de la ciudadanía a la cuidadanía. En ellas se propone construir un nuevo contrato social cimentado sobre nuestra interdependencia constitutiva; un «pacto de cuidados» que dirima nuestra convivencia no con testosterónicos duelos al sol, sino desde la articulación política de relaciones de cuidado. Esa es la propuesta de la cuidadanía, un nuevo paradigma civilizatorio que quiere cimentarse sobre verdades esenciales que habíamos decidido ignorar: nuestra común vulnerabilidad y nuestra necesidad de cuidados.

Pepe Laguna es teólogo y músico. Estudió teología en la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid) y en el Centre Sèvres (París). Es DEA en Derechos Fundamentales por la Universidad Carlos III (Getafe, Madrid). Miembro de Cristianismo y Justicia donde ha publicado diversos cuadernos en torno al diálogo fe-justicia. Más información en www.cristianismeijusticia.net

¿Qué es la ciudadanía?
Fronteras conceptuales


 

La ciudadanía forma parte de esos conceptos que, como la democracia, la justicia o la política, damos por sobrentendidos. No necesitamos aclarar su significado para lanzarnos a reivindicar su necesidad o enumerar sus bondades. Sin embargo, la mayoría de las veces, ese saber intuitivo suele esconder un desconocimiento real de los límites conceptuales que determinan el significado de la ciudadanía y que permiten diferenciarla de otros discursos sobre sociedad, ética o política que no son estrictamente ciudadanos.

Acercamientos poco rigurosos al concepto de ciudadanía acaban convirtiéndola en un cajón de sastre donde caben todos aquellos contenidos que relacionamos espontáneamente con valores sociales, y, así, no es raro encontrar bajo su paraguas semántico llamadas a la fraternidad universal, invitaciones a la solidaridad, valoración de tradiciones culturales, defensa de los derechos humanos, sensibilización medioambiental, educación para la democracia, etc. Es indudable que todos estos contenidos están relacionados con valores y prácticas prosociales, pero, si no queremos acabar hablando de todo y de nada, conviene establecer con rigor a qué nos referimos cuando hablamos de ciudadanía, cuáles son los contenidos mínimos que toda aproximación a ella debería considerar. Si lacuidadaníase presenta como una alternativa a la ciudadanía, resulta capital detectar los núcleos esenciales que se pretenden resustantivizar.

 

 

Los imprescindibles de la ciudadanía

 

Basta con asomarse alDiccionariode la RAE para concluir que la ciudadanía se define siempre como pertenencia a un lugar (material y simbólico). Según elDiccionario,«ciudadano, na» es el natural o vecino deuna ciudad o el miembro activo de un Estado. Incluso en su acepción ética más genérica como «hombre bueno», la ciudadanía mantiene su arraigo territorial-comunitario: «hombre que pertenecía al estado llano».

Desde las ciudades-Estado grecorromanas hasta los Estados-nación actuales, la ciudadanía siempre se vincula a la participación en unapolis. Hablar, por tanto, de ciudadanía exige referirse ineludiblemente a un marco de reconocimiento y pertenencia social. Aventurando una definición personal capaz de recoger sus elementos esenciales, propongo describir la ciudadanía como una «construcción simbólica y material de vínculos sociopolíticos de pe