: Henri J. M. Nouwen
: Seguir a Jesús Encontrar nuestro camino
: Ediciones SM
: 9788428837750
: Fuera de Colección
: 1
: CHF 8.90
:
: Religion/Theologie
: Spanish
: 112
: Wasserzeichen
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
Este libro está basado en seis charlas que Henri Nouwen ofreció en Cuaresma en la iglesia de San Pablo, en Cambridge, Massachusetts, en 1985. Dice su autor: «El objetivo de escribir este libro es ayudarte a ti y a mí mismo a escuchar la voz del amor, a escuchar esa voz que nos susurra al oído: '¡Sígueme!' Espero poder guiarte y guiarme desde un inquieto vagabundeo a un alegre seguimiento; desde ser personas hastiadas, sentadas sin hacer nada, a sentir entusiasmo por haber escuchado esa voz. No es una voz que se imponga. Es una voz de amor, y el amor no empuja ni tira. El amor es muy sensible».

El internacionalmente renombrado sacerdote y autor, respetado profesor y querido pastor Henri J. M. Nouwen escribió más de 40 libros sobre la vida espiritual y está considerado como uno de los escritores de espiritualidad más destacado. Sus obras han sido traducidas a más de 22 idiomas y ha vendido millones de ejemplares. Mantuvo correspondencia en inglés, alemán, holandés, francés y español con cientos de amigos que se convertían en miles a través de las celebraciones eucarísticas, conferencias y retiros. Desde su muerte en 1996, cada vez más lectores, escritores, profesores y personas en búsqueda se han dejado guiar por su legado literario. Nacido en Nijkerk, Holanda, el 24 de enero de 1932. Sintió la llamada al sacerdocio desde muy joven y fue ordenado en 1957 como sacerdote diocesano. Estudió Psicología en la Universidad Catòlica de Nijmegen. En 1964 se mudó a los EEUU para estudiar en la Clínica Menninger. Después dio clase en la Universidad de Notre Dame, y las Divinity Schools de Yale y Harvard. Durante unos meses de la década de los 70, vivió y trabajo con los monjes trapenses en la Abadía de Genesee y en los 80 vivió con os pobres del Perú. En 1985 le pidieron que se uniera a la comunidad de El Arca, en Trosly, la primera de más de cien comunidades fundadas por Jean Vanier, donde la gente con discapacidad vivía con sus asistentes. Un año más tarde, Nouwen fundó su comunidad El Arca Daybreak cerca de Toronto. Murió repentinamente en Holanda, el 21 de septiembre de 1996 y fue enterrado en Richmond Hill, Ontario.

1

LA INVITACIÓN.
«
VENID Y VERÉIS»


 

Al día siguiente, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús, que pasaba, dice:

–Este es el Cordero de Dios.

Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:

–¿Qué buscáis?

Ellos le contestaron:

–Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?

Él les dijo:

–Venid y veréis.

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima (Jn 1,35-39).

 

 

Imagina por un momento que estás en esta historia. Imagina que estás ahí con Juan el Bautista. Era un hombre recio. Imagínatelo vestido con piel de camello. Está alejado de los demás. Con una voz firme dice: «¡Arrepentíos! ¡Arrepentíos! Sois unos pecadores. ¡Arrepentíos, arrepentíos, arrepentíos!».

La gente le escucha. En cierto modo, sienten que hay algo que falta en sus vidas. En cierto modo, sienten que están ocupados con muchas cosas y agotados, o que están ahí sentados sin hacer nada y nada va nunca a ocurrir.

Acuden a este hombre extraño –a este hombre salvaje– y escuchan. Juan y Andrés, dos de los discípulos de Juan, están allí con él. Un día Jesús pasa por allí. Juan se fija en él y dice: «Este es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo».

Juan sabía que su pueblo era pecador y tenía que arrepentirse, pero también sabía que él no podía quitar el pecado de esas personas, que quitar los pecados no entraba dentro de las capacidades humanas. Decía: «¡Arrepentíos, arrepentíos, arrepentíos!». Pero, cuando Jesús pasó por allí, Juan se fijó en él y les dijo a Juan y a Andrés: «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Es el siervo de Dios. Ha venido a sufrir. Es aquel que ha sido enviado para convertirse en sacrificio, en Cordero de Dios, para quitar así vuestros pecados».

Quédate en esta imagen.

Quédate donde están Juan y Andrés, deseosos de empezar una nueva vida, con un nuevo objetivo, un nuevo comienzo, un nuevo corazón, una nueva alma. Esos dos jóvenes comienzan a seguir a Jesús, y Jesús se da la vuelta, ve que le están siguiendo y les pregunta: «¿Qué buscáis?». ¿Y qué dicen ellos? ¿Dicen «Señor, queremos seguirte», «Señor, queremos hacer tu voluntad», «Señor, queremos que nos quites el pecado»? No, ¡no dicen nada de eso!, sino que preguntan: «¿Dónde vives?».

De algún modo, ya aquí, en el principio de la historia, oímos una pregunta muy importante: ¿dónde vives? ¿Cuál es tu sitio? ¿Cuál es tu camino? ¿Cómo es estar cerca de ti?

Jesús dice: «Venid y lo veréis».

No dice: «Venid a mi mundo». No dice: «Venid, que os cambiaré». No dice: «Convertíos en mis discípulos», «Escuchadme», «Haced lo que yo os diga», «Tomad vuestra cruz». No. Dice: «Venid y lo veréis. Mirad a vuestro alrededor. Conocedme». Esta es la invitación.

Ellos se quedaron con él. Fueron y vieron dónde vivía y se quedaron con él el resto del día. Juan dice que era la hora décima, es decir, las cuatro de la tarde.

Jesús les invitó y ellos fueron con él y vivieron con él. Fueron voluntariamente a donde él vivía. Vieron a un hombre muy distinto que Juan el Bautista: este gritaba: «¡Arrepentíos, arrepentíos, arrepentíos!», pero Jesús, en cambio, decía: «Venid a ver dónde vivo».

Ellos vieron a Jesús, el Cordero de Dios. El humilde servid