: Fernando Cordero Morales, María Cristina Inogés Sanz
: Dios anda entre puntos y comas
: Ediciones SM
: 9788428837781
: Fuera de Colección
: 1
: CHF 8.90
:
: Religion/Theologie
: Spanish
: 240
: Wasserzeichen
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
En este sugestivo libro descubriremos, con admiración, cómo Dios -al que a veces colocamos entre paréntesis- nos enreda en el abrazo de una arroba y nos invita a ser protagonistas del guion que ha soñado para cada uno de nosotros. Un libro que nos interpela, por medio de los signos ortográficos, acerca de nuestra comunicación con Dios y con nuestros hermanos. Una comunicación que, gracias a la simbología del signo, descubrimos pautada con matices, silencios, susurros y puede que hasta con alguna subida de tono.

Fernando Cordero, SS.CC., es especialista en pastoral parroquial, educativa y comunicación. Ha sido párroco de diferentes parroquias y ha impartido clases de Religión distintos centros. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla, recibió el Premio Real Maestranza de Caballería de Sevilla y el Premio del Excmo. Ayuntamiento de esa ciudad. Ha publicado diferentes artículos en numerosas revistas de investigación, y ha impartido cursos en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla. Es colaborador de varias revistas, entre ellas Vida Nueva. Actualmente, es miembro del Gobierno General de la Congregación de los Sagrados Corazones, residiendo en Roma y viajando por las comunidades de la orden de todo el mundo.

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Los puntos,
zonas verdes de Dios


 

Comenzaremos con los puntos ortográficos que representan la necesidad de saber parar en la vida, de frecuentar los espacios o zonas verdes. Es necesario que nuestras parroquias, capillas, monasterios, santuarios y comunidades sean realmente, como quería Jesús, casas de oración, de encuentro con Dios y de cultivo de la interioridad, al estilo de María. Si se truecan en lugares de simple relación social o «cueva de bandidos» (Mc 11,17), la casa de Dios será atrozmente profanada. Igual que necesitamos espacios verdes para contemplar la naturaleza, respirar aire puro y esparcirnos, del mismo modo aspiramos a que nuestras iglesias sean, cada vez más, zonas verdes para atisbar el susurro de Dios en medio de la historia, elevar juntos como hermanos nuestras plegarias y dar gracias al Dueño de la vida por el don de la existencia. Y todo ello envuelto en el ambiente de la fraternidad, el silencio y el canto, nunca en el ajetreo que proporcionan los grandes almacenes o el ritmo imparable de la cultura digital.

No todo el mundo puede hacer una semana, un fin de semana o algún corto período de retiro. Los jesuitas, expertos en cultivar el espíritu, proponen realizar los ejercicios espirituales o esa búsqueda de zonas verdes en la vida cotidiana. James Martin propone dos metodologías útiles para adentrarnos en la búsqueda del encuentro con Dios. La primera, la contemplación ignaciana, en la que se emplea la imaginación para situarnos en la escena evangélica con estas preguntas que ponen a prueba nuestros sentidos: ¿quién soy yo?, ¿qué veo?, ¿qué oigo?, ¿qué huelo?, ¿a qué me sabe?, ¿qué siento? La segunda, lalectio divinao cómo hallar a Dios a través de la Escritura. Con estos sencillos pasos:

• Lectura: ¿qué dice el texto?

• Meditación: ¿qué me dice Dios por medio del texto?

• Oración: ¿qué deseo decirle yo a Dios a propósito del texto?

• Acción: ¿qué cambio introducirá en mi vida el texto?

Además, el padre Martin propone unas preguntas generales, que se pueden aplicar a cualquier texto, para crecer hacia una relación más profunda con Dios:

• ¿Qué quiere decirme Dios por medio de este pasaje?

• ¿Qué aspectos de mi propia vida podrían revelarse?

• ¿Qué preguntas desea Dios suscitar en mi vida?

• ¿En qué sentido se me está invitando a crecer?

• ¿Qué me gustaría decirle a Dios?

En su libroJuntos de retiro. Encontrar a Jesús en la oración 1, James Martin desarrolla tanto la contemplación ignaciana como lalectio divinaen tres pasajes evangélicos: la llamada de Jesús a los primeros discípulos (Mc 1,16-20), la pesca milagrosa (Lc 5,1-11) y el desayuno junto al lago (Jn 21,1-19). De una manera sencilla, se nos ofrece una sugerente composición de lugar para encontrarnos con el Señor, acompañado por unas ora