: Richard David Precht
: Cazadores, pastores, críticos Una utopía para la sociedad digital
: Ned Ediciones
: 9788418273650
: 1
: CHF 11.70
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: Philosophie
: Spanish
: 288
: DRM
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
Nuestro mundo muta cada vez más rápido. ¿Cómo estamos reaccionando ante ello? Algunos celebran el futuro digital con una ingenuidad aterradora y esperan los cambios de manera impredecible. Los políticos no parecen tomarse en serio este cambio radical. Otros advierten de la dictadura de las corporaciones digitales de Silicon Valley, mientras otros preferirían ocultar la cabeza y volver al pasado. Por su parte, Richard David Precht esboza la imagen de un futuro deseable en la era digital. ¿Es de verdad una pérdida el fin de la meritocracia tal y como la conocemos? Para el filósofo alemán, la sociedad digital ofrece la posibilidad de que en el futuro podamos vivir una vida más plena y autodeterminada. Para eso, tenemos que marcar el rumbo en el presente y cambiar sistemáticamente nuestro sistema social. La pregunta no es «¿cómo vamos a vivir?», sino decidir cómo queremos vivir. Un libro polémico y estimulante que llega al corazón del malestar en y de la modernidad.

Nacido en 1964, es filósofo, publicista y escritor, y uno de los intelectuales más prolíficos del mundo de habla alemana. Es profesor honorario de filosofía en la Universidad Leuphana de Lüneburg y profesor honorario de filosofía y estética en la Academia de Música Hanns Eisler de Berlín. Desde su sensacional éxito con ¿Quién soy yo... y cuántos?, todos sus libros, los que tratan temas filosóficos y problemas políticos de la sociedad, han sido grandes éxitos de ventas y se han traducido a más de cuarenta idiomas. Desde 2012 presenta el programa de filosofía Precht en la ZDF (segunda red alemana de televisión).

El primer contacto

«La economía del futuro funciona de una manera un poco diferente. Verá, en el sigloxxiv ya no hay dinero. La adquisición de riqueza ya no es la motivación principal en nuestra vida. Trabajamos para mejorarnos a nosotros mismos —y al resto de la humanidad».1

Hace ya más de veinte años que el Capitán Jean-Luc Picard, comandante de lauss Enterprise, pronosticó, en el futuro del año 2373, lo que le espera a la humanidad: ¡una sociedad sin dinero y sin trabajo asalariado! Y es que, para el sigloxxiv es completamente inconcebible lo que en 1996 es todavía la normalidad cotidiana de las personas: que la remuneración material sea la principal motivación para hacer algo para uno mismo y para la sociedad.

Lo que enStar Trek: Primer contacto aparece bajo la máscara del futuro es más que una fantasía de ciencia ficción. Es un viejo sueño de la humanidad desde el amanecer del capitalismo y del trabajo asalariado en los siglosxvi yxvii. Ya las utopías del caballero inglés Tomás Moro, del monje calabrés Tommaso Campanella y de ese entusiasta de la tecnología y Lord canciller que fue Francis Bacon no conocen ni el dinero ni el salario en oro. Los primeros socialistas del sigloxix se entusiasmaban pensando en una época en la que las máquinas trabajasen y los trabajadores cantasen, lo cual se conseguiría a través de autómatas más inteligentes. Oscar Wilde le encomienda al sigloxx la misión de que «el verdadero objetivo es el intento, y construcción, de una sociedad sobre una base que haga imposible la pobreza».2 Se sueña con el final del trabajo asalariado a través de la «automatización». Sólo el tiempo libre permitiría a los seres humanos el perfeccionarse a sí mismos. Quien tenga las manos libres puede, por fin, vivir lo más importante de todo: ¡su individualismo!

Es incluso todavía más célebre el modelo que concibieron Karl Marx y Friedrich Engels. Ebrios de ideas de su, todavía, joven amistad y de abundante vino de calidad definen por primera vez, en 1845, durante su exilio en Bruselas, lo que debería ser el «comunismo»: una sociedad en la que cada cual pudiera«dedicarse hoy a esto y mañana a aquello, que se pueda cazar por la mañana, pescar por la tarde y ocuparse del ganado por la noche, y después de comer, si se tienen ganas, dedicarse a la crítica, sin que ello signifique convertirse en cazador, pescador, pastor o crítico».3 La «sociedad sin clases» soñada por los dos jóvenes creará al «ser humano total» y, gracias al trabajo social, llegará a «la actividad libre».

¿Comunismo como individualismo, como cultivo de la propia conciencia, como cuidado amoroso y genuina responsabilidad? ¡Qué lejos está la utopía de Marx y Engels del esperpento del capitalismo de Estado estalinista! ¡Desde hace cuánto tiempo este ha tomado por rehén la palabra «comunismo» y ha sustituido el sueño del «ser humano total» por un sistema totalitario! Y qué ambiguos y cómo de determinados están por el tiempo los colores con los que los seres humanos se imaginaron la apariencia adecuada de una sociedad verdaderamente libre: las túnicas blancas de los adoradores del sol en el monje dominico Campanella; el dandismo de chaqueta de terciopelo de Oscar Wilde o el romanticismo pastoral del pasado tiempo feudal en Marx y Engels, cuyo sueño se forjó ante la vista de las chim