1Léane
Me sudaban las manos, tenía el estómago revuelto y notaba un ligero temblor que se extendía por mis piernas, como si estas fuesen de gelatina.
Jamás me había sentido tan nerviosa. Probablemente, estaba a punto de sufrir un ataque de ansiedad.
Respiré hondo repetidas veces con la intención de alejar mis temores.
Había bastantes alumnos reunidos en el salón de actos de la universidad y todos ellos tenían el mismo objetivo: participar en el concurso convocado por la cadena local de la televisión del condado de Berkshire.
Cada cuatro años —como si de unas olimpiadas se tratase—, la cadena Princett colaboraba con la Universidad de Reading y dirigía y organizaba el concurso Joven Promesa.
Podían presentarse alcasting inicial los alumnos de cualquier curso matriculados en Periodismo en la universidad. En la primera criba, que era donde me encontraba, se elegía a los seis participantes que formarían parte del concurso. Durante el año universitario, exactamente hasta marzo, los seis afortunados se batirían en duelo realizando reportajes como locutores, que se emitirían en directo a través del canalonline del campus.
¿Cómo ganar? Había que conquistar al público.
Los reportajes se publicaban en la página web de la universidad y los alumnos tenían unas horas para votar a sus favoritos. De ahí saldrían los dos finalistas tras varias rondas de eliminación. Eso sí, el ganador definitivo era decisión de los jueces. Sin embargo, para conseguir llegar a participar en el último reportaje, era obvio que había que caerle en gracia al público. Así funcionaba también la audiencia en la vida real.
El suculento premio era poder trabajar durante uno de los meses de verano en la cadena Princett. A pesar de que consistía en cubrir un puesto de becaria —nunca estaba de más aprender a preparar cafés o reorganizar el papeleo de tus superiores—, era una oportunidad única, porque no se trataba de una cadena secundaria más, sino una de las más conocidas e importantes del país que, habitualmente, solía liderar las audiencias. Esa beca te daba la oportunidad de conocer desde dentro cómo funcionaba una cadena de televisión, conseguir valiosos contactos y, todavía más importante, tener una experiencia en el sector para poder trazar la primera línea del currículum.
Como extra, aunque para muchos quedase relegado a un segundo plano, se añadía al premio una suculenta cantidad en metálico para invertir en nuestros estudios. Y desgraciadamente, para mí era casi lo más importante.
Años atrás, ganar el concurso había sido crucial para muchos locutores que terminaron ocupando puestos privilegiados e importantes. Hacerse con el galardón Joven Promesa abría muchas puertas. De hecho, una de mis periodistas preferidas, Linda Carry, se había alzado vencedora en el año 2001 y ahora presentaba y dirigía uno de los programas de debate más interesantes de la parrilla televisiva.
En el salón de actos de la universidad, se llegaron a congregar alrededor de cincuenta alumnos par