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De Semilla Terrestre, los Libros de los Vivos
La oscuridad
da forma a la luz
igual que la luz
moldea la oscuridad.
La muerte
da forma a la vida
igual que la vida
moldea la muerte.
El universo
y Dios
comparten esta plenitud,
uno
define al otro.
Dios
da forma al universo
igual que el universo
moldea a Dios.
DeRecuerdos de otros mundos
Taylor Franklin Bankole
He leído que la época turbulenta a la que los periodistas han empezado a referirse como «el Apocalipsis» o, de forma más habitual y más amarga, como «la Calamidad», duró desde 2015 hasta 2030, un decenio y medio de caos. Eso no es verdad. La Calamidad ha sido un tormento bastante más largo. Empezó mucho antes de 2015; tal vez incluso antes del cambio de milenio. Y aún no ha terminado.
También he leído que la Calamidad se debió a la coincidencia accidental de crisis climáticas, económicas y sociológicas. Sería más sincero decir que la Calamidad se debió a nuestra negativa a abordar problemas evidentes en esos ámbitos. Nosotros causamos los problemas y luego nos sentamos a ver cómo crecían hasta convertirse en crisis. He oído a gente negarlo, pero yo nací en 1970. He visto bastante para saber que es cierto. He visto cómo la educación se convertía más en un privilegio de los ricos que en la necesidad básica que debería ser si pretendemos que la sociedad civilizada sobreviva. He visto cómo el acomodamiento, el beneficio y la inercia excusaban una degradación medioambiental cada vez mayor y más peligrosa. He visto cómo la pobreza, el hambre y la enfermedad se volvían inevitables para cada vez más gente.
En general, la Calamidad ha tenido el efecto de una Tercera Guerra Mundial a plazos. De hecho, durante la Calamidad se produjeron varias guerras pequeñas y sangrientas en todo el mundo. Fueron acontecimientos sin sentido: pérdidas de vidas y de tesoros. Se libraban, presumiblemente, para defenderse de crueles ejércitos enemigos. Casi siempre se libraban, en realidad, porque unos dirigentes inadecuados no sabían qué otra cosa hacer. Esos dirigentes sabían que podían aprovechar el miedo, la sospecha, el odio, la necesidad y la codicia para conseguir el apoyo patriótico a la guerra.
En medio de todo esto, de algún modo, Estados Unidos de América sufrió una gran derrota no militar. No perdió ninguna guerra importante, pero no sobrevivió a la Calamidad. Tal vez perdió de vista, sin más, aquello que antes pretendía ser, y luego fue cometiendo errores al tuntún hasta que se consumió.
Desconozco qué queda ahora del país, en qué se ha convertido.
Taylor Franklin Bankole era mi padre. Por sus escritos, parece haber sido un hombre reflexivo, formal en cierto modo, que terminó unido a mi madre, esa mujer extraña y tozuda, a pesar de que ella tenía edad para ser su nieta.
Al parecer, mi madre lo quería y fue feliz con él. Se conocieron durante la Calamidad, cuando los dos eran caminantes sin hogar. Pero él era un hombre de cincuenta y siete años, médico de familia, y ella, una chica de dieciocho. La Calamidad les dejó unos terribles recuerdos en común. Los dos vieron destruirse sus barrios (el de él, en San Diego; el de ella, en Robledo, en las afueras de Los Ángeles). Al parecer, eso les bastó. En 2027, se conocieron, se gustaron y se casaron. Creo, leyendo entre líneas algunos de los escritos de mi padre, que él quería cuidar a esa joven tan extraña que se había encontrado. Quería mantenerla a salvo del caos de la época, a salvo de las pandillas, las drogas, la esclavitud y la enfermedad. Y, claro, le halagaba el interés de ella. No era de piedra y, sin duda, estaba cansado de estar solo. Su primera mujer llevaba muerta unos dos años cuando se conocieron.
Por supuesto, no pudo mantener a mi madre a salvo. Nadie podría haberlo hecho. Ella había elegido su camino mucho antes de que se conocieran. Su fallo fue verla como una jovencita. Ella era ya un misil; un misil armado y con un objetivo claro.
DeLos diarios de Lauren Oya Olamina
Domingo, 26 de septiembre de 2032
Hoy es el Día de la Llegada, el quinto aniversario de la fundación de una comunidad llamada Bellota aquí, en las montañas del condado de Humboldt.
A modo de perversa celebración del acontecimiento, acabo de tener una de mis pesadillas recurrentes. En los últimos años se han vuelto raras; viejas enemigas con desagradables costumbres ya cono