XI. LOS LLANOS DE VENEZUELA
La región de los llanos de Venezuela, a donde marché después de mi escapada de Bogotá, es notablemente interesante desde el punto de vista político, geográfico, zoológico y sociológico.
La carretera que sale hoy de la frontera de Colombia, mitad hacia Periquera, no estaba construida por aquellos días. Esta es la región donde termina el bosque y empieza la llanura. El único camino que lleva del Táchira a los llanos, por este tiempo, es la trillada vía de San Camilo. Se desprende desde San Cristóbal a lo largo de las serranías con abiertos precipicios que cruzan las húmedas y vírgenes montañas de la cordillera forestal hasta llegar a las interminables praderas del estado Apure, donde se encuentran las haciendas y hatos de ganado, que contienen a veces hasta cincuenta mil cabezas. El ochenta por ciento de esas praderas son sabanas abiertas, debido a que las candelas en las anchas sabanas destruyen las alambradas tan pronto se ponen. El trabajo en las haciendas es hecho por llaneros. Se parecen a los vaqueros del oeste de Estados Unidos en la época anterior a aquélla de los pastores de rebaños y payasos de Hollywood, cuando, montados en caballos de circo, invadieron esos libres dominios.
Nuestro ganado no tiene grandes cuernos, pertenece a la vieja casta española que fue introducida en Venezuela en los días de la conquista. Son generalmente grandes, bien formados, de cuernos corrientes y muslos ligeros y salvajes. Los toreros españoles clasifican nuestro ganado entre la mejor exhibición de toros de España, los que son llevados todos los sábados a propiciar la carnicería de viejos caballos de cabriolé para satisfacer la sed de sangre del populacho.
Los caballos de los llanos son imponentes. Descienden también de la casta española —cruzados con árabes— traídos a los llanos durante la conquista. Poseen ojos claros, belfos rosados, cuellos de cisne sobre nerviosos pechos, delgados menudillos, fuertes cascos, crines y colas onduladas. Una velocidad que puede ser vertiginosa. He montado muchos legítimos caballos árabes en Siria, Mesopotamia y Palestina durante la Guerra mundial. Sé de lo que estoy hablando.
Sobre la silla de un llanero no se encuentra un solo clavo. Es toda cosida y pespunteada. La cabeza de la silla es de plata, imitando la cabeza del animal; de igual material son los largos puntiagudos estribos. Las bridas consisten en un freno de hierro y una delgada correa lo sostiene detrás de las orejas del caballo, similar a las bridas árabes. Todas las correas, incluyendo las delgadas riendas, están fabricadas de cuero curtido, como la larga soga, o lazo, que es atada por una punta a la cola del caballo, mientras el rollo principal permanece atado al lado derecho de la silla. Cuando el nudo corredizo al final del primer rollo (diez yardas de largo) engarza y se hala con seguridad, el segundo y principal rollo (de veinte yardas de largo) es fácilmente halado de la silla y desenrollado, dándole a la jaca la oportunidad de pararse, de separar sus cuatro piernas en espera del final estirón. La cola de la jaca parece adherida a su nervioso cuerpo con hierro. Siempre está tensa. En momentos en que las jacas saltan al aire como una pelota al final de un hilo, la cola siempre se mantiene erecta. Cuando se les cae la crin se les suelta en los potreros hasta que vuelve a crecerles. Sistema infalible.
Nadie se aventuraría a ir por la sabana a pie, por temor a ser embestido por el más cercano novillo. El equipo del llanero consiste en un largo afilado cuchillo, una soga y un bayetón o gruesa chamarra de lana cuadrada, de dos por dos yardas, roja por un lado y azul por el otro, con un hueco en el centro, como el poncho. Su dueño mete por éste la cabeza para protegerse de la lluvia, pero regularmente lo lleva suelto, cuando va a caballo, listo para usarlo cuando se desmonta. Porque ésta es la única efectiva arma con que el hombre puede defenderse a pie de los toros salvajes de la llanura. En los llanos todos los hombres son toreros. La ruana sirve de capote.
El llanero nunca usa sus espuelas cuando trabaja. Teme que se le enrede la soga, la cual maneja con gran maestría, hacia adelante o hacia atrás, a derecha o izquierda, cuando va a galope tendido. La silla del llanero es tan ligera que se puede levantar con un solo dedo; el sudadero consiste en una vaqueta delgada. Las jacas no llevan herraduras.