: Francisco Javier Casanova Fernandez
: Amén
: GRP
: 9786070037870
: 1
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: Ratgeber
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'Todo acto tiene un efecto. Todo efecto tiene una causa. Entender las causas y los efectos de los actos del ser humano es entender el mundo en el que vivimos.' El legado de un padre a un hijo, la transición a la madurez y la comprensión de la vida y la muerte motivan a tres seres a cambiar sus destinos para siempre. La inevitable sucesión de estos acontecimientos tendrán efectos inesperados en una dinámica piramidal hacia un solo punto: el sentido de nuestras vidas. 'Un abrazo a la conciencia y una toque de atención nunca vienen mal para cambiar una vida. O al menos, para modificar una perspectiva. Esta es la historia de la perspectiva del universo sobre nuestra existencia, de lo que debe prevalecer y de lo que no. Y que siempre seas tú mismo.'

PRÓLOGO

Me despierto. Al abrir los ojos, me doy cuenta de que todo era un sueño. Me siento algo asustado, desamparado. ¿Qué fue eso? Parecía tan real…

La luz de la luna penetra desde un orificio del porte de una cucaracha situado en una esquina de la estancia. Ilumina apenas un habitáculo pequeño y húmedo. Tres paredes de piedra y una de barrotes metálicos. Una celda.

Pero, ¿por qué estoy aquí encerrado? ¿Qué he hecho para merecer esto? Comienzo a gritar. Grito despavorido, esperanzado de que alguien me escuche. Pido ayuda:

— ¡Auxilio! ¡Por favor!, ¿puede alguien escucharme?.

Nada. Empiezo a llorar desconsoladamente. Lloro con pena al principio, con rabia después, durante largo rato. Me sumo en un profundo sueño.

Al despertar, miro mi alrededor. Tenía la esperanza de que todo fuera una pesadilla, pero por desgracia no lo es. Los barrotes siguen ahí y de pronto tengo mucho frío. Estoy temblando y me siento enfermo. Miro por el hueco en la esquina de la pared, percatándome de que es de día. Probablemente sea media tarde, pero el cielo se presenta de un color tan grisáceo como las aguas del Nilo en un día lluvioso.

No dejo de preguntarme qué me habrá podido llevar a estar donde estoy. ¿He cometido algún crimen? ¡No lo recuerdo! Que yo sepa, sólo he obrado a favor del dios. Ahora es de noche otra vez. No lo comprendo, si hace sólo un momento miré al hueco y era de día. ¿Será que he perdido la noción del tiempo? Más allá de esos barrotes no hay nada más que oscuridad. No tengo ni la menor idea de dónde estoy.

Lo curioso de todo esto es que no tengo miedo. No entiendo bien porqué, pues debería estar aterrado ante la idea de no volver a salir. Me quedo dormido otra vez.

Me despierto sobresaltado, poco después. Estoy viendo algo al otro lado del cubículo en el que me encuentro: una sombra.

—¿Quién está ahí? —pregunto. No hay respuesta.

—¡Eh! Estoy hablando contigo. —La sombra se mueve ligeramente. Ahora puedo distinguir una silueta.

Miro con detenimiento y veo que la silueta parece ser un cuerpo de mujer, sentada en el suelo, con la espalda apoyada en la fría pared abarrotada. Temo acercarme y que se esfume, así que permanezco inmóvil, mirando.

Cierro los ojos y los vuelvo a abrir para asegurarme de que la figura sigue ahí.

—No temas —dice una voz que me resulta extrañamente familiar, aunque no lo