Búsqueda
—Brise, vuelve acá —me llamaron mis compañeros al verme correr rumbo al bosque.
—¡Sólo han pasado tres días! —grité y seguí corriendo sin reprimir las lágrimas que brotaban de mis ojos.
—Dan está vivo —dije al tiempo que aminoraba la velocidad de mis pasos y me recargaba junto al tronco caído de un viejo y mohoso árbol. Me sentía desfallecer. Poco a poco fui deslizando mi espalda sobre su corteza hasta quedar sentada en el suelo poniendo los brazos cruzados sobre mis rodillas y escondiendo mi rostro entre ellos.
—Dan está vivo, yo sé que sí —seguía repitiendo una y otra vez mientras lloraba desconsolada.
Nath y Susan llegaron pronto a mi lado, seguidos por dos oficiales que participaban en el grupo de búsqueda que se formó tras la desaparición de mi novio, Dan Ekhar.
Susan me abrazó anidándome con ternura entre sus brazos, mientras susurraba cosas lindas en mi oído tratando de calmarme, pero yo no podía dejar de llorar y repetir entre sollozos que Dan estaba vivo.
—Por favor —supliqué—. No detengan la búsqueda, él está vivo y nos necesita.
Recorrí las caras exhaustas de los oficiales y de mis amigos buscando más su apoyo que su consuelo pero nadie parecía estar de acuerdo conmigo.
—Por favor.
—Señorita —dijo uno de los oficiales—. Hemos buscado durante tres días, con helicópteros, voluntarios y apoyo canino. —El oficial dejó escapar un suspiro visiblemente frustrado tratando de convencerme de desistir—. Recorrimos varias veces el perímetro, cincuenta kilómetros a la redonda desde el lugar donde fue visto por última vez y...
—Por favor —repetí con lágrimas en los ojos.
—No hay forma de que haya ido más lejos en este tiempo —continuó el oficial—, y no hemos encontrado el mínimo rastro de él. Lo más probable es que…
—¡¿Qué?!
El oficial se quejó por el leve codazo que le dio el jefe Larney en las costillas.
—Un día más, Brise —indicó el jefe mirándome con sus ojos negros llenos de preocupación y cansancio.
—Lo buscaremos un día más —confirmó.
Yo lo conocía desde pequeña por la relación que guardaba con mis padres, quienes trabajaban en la planeación de eventos culturales para la Universidad de Missoula.
Tim Larney me había visto crecer y transformarme de una flaca y arrebatada chiquilla que corría todo el tiempo, a la alta y atlética universitaria, seleccionada del equipo de natación que era hoy.
—Gracias —dije al ponerme de pie, sonriéndole agradecida, mientras me dirigí a él para abrazarlo.
—Caray, Brise —comentó apartándome suavemente mientras me miraba con seriedad frunciendo el ceño—. Por favor entiende, sólo podremos buscarl