CAPÍTULO I
1903
EL Marqués de Kyneston llegó a Londres de muy buen humor. Lo hizo conduciendo su cuadriga, y los caballos, color castaño, constituían la admiración de cuantos lo veían pasar por la calle.
El Marqués sentía la necesidad de comentarle a alguien su éxito obtenido en lo que había sido una de las carreras más difíciles, y en la que jamás antes había inscrito un caballo, por lo que se detuvo delante delClub White's.
–Llévate los caballos a casa, James– ordenó al sirviente que lo acompañaba–, y envíame el carruaje cerrado. Estaré listo para recogerlo en menos de una hora.
–Muy bien,milord.
El Marqués entró en el club, pisando firmemente.
No sólo había ganado aquella carrera, sino que también superó su propio récord en cuanto a tiempo de regreso a Londres.
Ahora, muchos de sus amigos preferían viajar en el tren, y los más aventureros lo hacían en los nuevos su automóviles, pese a la facilidad con que éstos se averiaban.
En lo que a él se refería, estaba determinado a conservar sus caballos.
Muchos otros como él solían decir que si los caballos estaban condenados a desaparecer, entonces ellos desaparecían también.
Entró en el salón, donde encontró a numerosos amigos, tal y como lo h