: Myrtle Fillmore
: Las cartas sanadoras de Myrtle Fillmore
: Unity Books
: 9780871597168
: 1
: CHF 9.50
:
: Philosophie, Religion
: Spanish
: 158
: kein Kopierschutz
: PC/MAC/eReader/Tablet
: ePUB
Este libro edificante contiene una bella colección de las cartas que la cofundadora de Unity escribió a las personas que le pidieron apoyo de oración. Sus escritos avivarán tu alma y te darán le seguridad de que ¡con Dios todo es possible!

Yendo al silencio


Los estudiantes no deben esforzarse tanto en “ir al silencio”. Cuando tu crecimiento te trae al lugar donde tu conciencia está tan completamente unida con las ideas crísticas en la Mente-Dios que pierdes completamente el sentido de las cosas a tu alrededor, es tiempo de tratar de ir al silencio. Pero no debemos tratar de apurar esta experiencia. Todo lo que sea un esfuerzo y perturbe el funcionamiento natural del cuerpo no va a traer a tu mente a unidad consciente con la fuente de tu luz y de todo bien.

Debido a que la persona trata de forzar este proceso de ir al silencio antes de estar listo para él, tiene una experiencia desagradable, acerca de la cual algunos preguntan, ¿por qué el corazón palpita tan rápida y fuertemente? Esto sucede al tratar de lograr que el cuerpo esté inactivo en el esfuerzo de ir al silencio. En lugar de crear mayor actividad, apropiarse de más vida y utilizarla, el cuerpo se pone tenso. Como resultado, el corazón tiene que latir más fuerte para llevar a cabo su trabajo. Cuando la sabiduría, el amor, la vida y el poder incitan tus pensamientos, vives, te mueves y tienes tu ser en la mismísima presencia de Dios, y sabes que todo está bien. Entonces puedes concentrarte en cualquier cosa que requiera tu atención, y estarás callado, centrado y cómodo. Con un cuerpo relajado lograrás más actividad de vida y saldrás renovado.

Cuando comiences a ir al silencio, debes respirar con calma, sientiendo gozosamente que estás inspirando grandes cantidades del aire puro de Dios que sostiene la vida, el cual está siendo utilizado por cada célula y corpúsculo sanguíneo.

Retira tu atención de la cabeza y ponla en el organismo. La circulación sanguínea seguirá tu atención hacia el tronco del cuerpo y a tus manos y pies, y como consecuencia, las fuerzas del ser así como también el fluido del torrente sanguíneo se estabilizan. Debes ser tan justo con los miembros de tu cuerpo como lo serías con tu vecino. No puedes esperar que tu vecino te preste atención todo el día. Ni tampoco puedes esperar que tu vecino esté sin algo que necesite, ni le darías más trabajo del que tiene que hacer. Así que debes tratar a tus miembros (que son vecinos cercanos en tu cuerpo-templo) con tanta consideración, sabiduría y amor, dándoles el beneficio de este tiempo de silencio con el Creador divino.

Un período de silencio y descanso es tu oportunidad para establecerte en el centro de tu ser, el lugar donde la provisión de vida y sustancia es inacabable. Dios es esta vida eterna que convertimos en el vivir. Cada día debes tener un período de quietud en el que el alma pueda reunir poder sostenedor y vida restauradora. Dios da libremente; es decisión nuestra mantener los canales para recibir abiertos, mantenernos a tono con las realidades para que nuestro intelecto no nos coloque entre las ideas limitadas del mundo. El hombre manifiesto debe tener el sustento que sólo puede venir de lo interno. No debemos tensar las cuerdas de este instrumento del Espíritu al punto en que la música del alma no pueda expresarse, sin embargo, cuando vivimos sin acudir al sitio secreto del silencio, estamos expuestos a eso.

Uno puede quedarse demasiado tiempo en el silencio. El silencio es sólo un umbral hacia lo que está más allá de él; es decir, actividad basada en la luz y la fortaleza obtenida al reclamarla, lograda al contactarla a medida que la mente se escabulle del clamor de pensamientos que se disipan. Al igual que uno puede comer demasiado alimento nutritivo, uno puede obtener mucho de este bien, y luego echarse a dormir, lo que hace que ese alimento no se convierta en energía viviente y en los resultados de esa energía. Así que, cuídate de no quedarte demasiado tiempo solo, demasiado en el silencio, demasiado en contemplación y adoración, sin poner en práctica lo que se ha aprendido en esos momentos de caminar y hablar con Dios. El indio se va solo al bosque para obtener una sensación de su fuerza superior y balance. Regresa a su entorno y a sus actividades regulares y corre, salta, cabalga, canta, siembra, cosecha y cuenta los relatos que inspiran a su raza y cuida a los necesitados en un espíritu de amor. Él toma bastante tiempo para jugar ¡y no trabaja en nada mientras juega!

En lugar de pasar demasiado tiempo en el silencio, utiliza de manera práctica lo que ya has obtenido del estudio y del silencio. Es posible malgastar fortaleza, energía y sustancia al morar en ese estado mental pasivo llamado a veces el silencio, o en el esfuerzo personal de hacer que ciertos pensamientos se produzcan y logren resultados que no están basados en el orden divino ni en el plan de vida. Así que cuando regreses al lugar secreto para ir al silencio, asegúrate de escaparte de ti mismo, de tus ideas y deseos viejos, y pon tu mente en armonía perfecta con las ideas crísticas. Trabaja para hacer que esas ideas influencien tus centros de pensamiento y luego se manifiesten para practicar lo que has percibido con la visión espiritual y has declarado para ti mismo.

Mientras más pienses acerca del Cristo morador, más se fortalecerá tu conciencia de la divina presencia y tu unidad con Él; hasta que puedas aquietar todos los pensamientos externos y meditar acerca de “Cristo en vosotros, esperanza de gloria”. Muchos se han ayudado poderosa y gloriosamente al encontrar el silencio repitiendo “Jesucristo” una y otra vez, con intervalos cortos entre uno y otro.

Cuando vayas al silencio, es conveniente que retires tu atención de la cabeza y la pongas en el organismo. La circulación sanguínea seguirá tu atención y como consecuencia, las fuerzas del ser así como también el fluido del torrente sanguíneo se estabilizan.

Le debes atención a Dios. Le debes la medida completa de tu fe, de tu pensamiento, de tu servicio. Dios mora en tu mente como la sabiduría que te revelará el camino si aquietas tus pensamientos de búsqueda externa incesante de maneras y medios. Dios no sólo te proporciona sabiduría, Dios es la sabiduría que te dirige por caminos de paz y abundancia. No puedes escuchar a Dios mientras tu oído está en tus asuntos. No ganas nada con girar incesantemente alrededor de un pensamiento negativo. Puedes ganarlo todo al dejar ir serenamente estas apariencias externas y asirte a Dios.

Tú amas a Jesucristo y Él está contigo ahora, te guía, te enseña y te trae conscientemente a la unidad con el Padre. Su oración era: “Para que sean uno, así como nosotros” (Jn. 17:11). Su misión es llevarnos a la unidad con el Padre, y Su promesa es: “Yo estoy con vosotros todos los días” (Mt. 28:20). Él nos enseñó a orar de la siguiente manera: “Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en secreto” (Mt. 6:6). Tu cuarto es el lugar callado en el corazón. Se nos enseña a centrar nuestros pensamientos en lo interno, y luego cerrar la puerta; esto es, cerrar nuestras mentes a todos los demás pensamientos y pensar en Dios, Su bondad y amor; orar a Dios en secreto, al abrigo del Altísimo, y todas las cosas necesarias se te darán.

“Háblale a Él, porque Él escucha,

     y se encuentran Espíritu con Espíritu—

Más cerca está Él que el aliento,

     y más cerca que las manos y los pies”.

          —Alfred, Lord Tennyson

Eso es lo que dice el poeta para ayudarnos a recordar lo cerca y amoroso que es Dios. Háblale a Dios en el silencio de tu corazón, del mismo modo como hablarías conmigo; dile al Padre cuánto deseas conocerlo, sentir Su amorosa presencia y hacer Su voluntad. Luego aquiétate y siente el amor de Dios que te envuelve.

Aquiétate. Aquiétate. Aquiétate. Dios está en ti como sustancia. Dios está en ti como amor. Dios está en ti como sabiduría. No dejes que tus pensamientos se centren en carencia, sino que deja que la sabiduría los llene con la sustancia y fe de Dios. No dejes que tu corazón sea un centro de rencor, temor y duda. Aquiétate y sabe que éste es el momento del altar de Dios, de amor, amor tan seguro e infalible, amor tan irresistible y magnético que atrae hacia ti provisión del gran almacén del universo. Confía en Dios, utiliza Su sabiduría, comprueba y expresa Su amor.

Al salir del silencio, cuenta tus bendiciones y da gracias por ellas. Ten presente que en ti y en tu mundo sólo existe el bien, para que así el poder que recibiste en el silencio tenga oportunidad de multiplicarse e incrementar tus bendiciones. Da gracias de que ya has recibido el bien para el cual buscaste a Dios en el silencio, sintiendo la seguridad de que: “Antes que clamen, yo responderé; mientras aún...