CAPÍTULO 2
DEJADO FUERA DE CANAÁN
Esa tarde en Oregón, en la reunión escondida en una capilla rústica entre los pinos, era mi turno para hablar. Yo sabía exactamente qué hacer y qué decir. No había ninguna duda. No había ninguna indecisión.
Mientras estuve de pie delante de la multitud confiada de hombres, tuve un sentido acelerado de emoción. Les pedí que se pusieran de pie conmigo mientras los conduje a través de una confesión de Jesucristo y Su Señorío, y después en una oración de acuerdo, como siempre lo hago antes de ministrar.
Después, antes de que ellos pudieran sentarse, los vi a los ojos y les di una orden de parte de Dios.
"Si ustedes están aquí esta noche y están cometiendo adulterio, fornicación, homosexualismo, incesto, o masturbación habitual; entregados a la pornografía; auto gratificándose con fantasías sexuales o cualquier otra clase de pecado sexual, les ordeno en el nombre de Jesucristo de Nazaret que se arrepientan, y sean restaurados a una relación correcta con Dios el Padre, siendo reconciliados a través de Jesucristo y el poder del Espíritu Santo".
La sala quedó en silencio durante una fracción de segundos. Esas palabras, tan torpemente garabateadas en un bloc de notas unas pocas horas antes, ahora cortaban el aire como una descarga eléctrica. Con un solo movimiento explosivo, las manos de los hombres se dispararon al aire, y ellos comenzaron a gritar en alabanza y adoración a Dios. El Espíritu Santo llenó esa capilla en las montañas, trayendo una notable respuesta a una pregunta salvajemente honesta.
LOS HOMBRES HOY SUEÑAN UNA TIERRA PROMETIDA COMO CANAÁN
Estos hombres —hombres de negocios, pastores, obreros, jóvenes y viejos— habían deseado dirección. Habían anhelado un liderazgo. Habían buscado la voz de Dios —no importando cuan severa.
Habían estado clamando por un cambio en sus vidas, un fin para preguntas y dudas. Igual que los hijos desventurados de Israel, los hombres hoy sueñan una tierra prometida como Canaán. Es una vida donde los problemas pueden ser solucionados, los conflictos terminados, las relaciones renovadas. Una vida de fortaleza y sustento.
Ellos anhelaban la tierra de Canaán.
Ahora —aquí— permítame explicarle el significado de la tierra de Canaán y cómo aplica a su vida.
La tierra de Canaán siempre ha sido el símbolo de Dios del máximo potencial de la humanidad. Canaán es el lugar donde las promesas de Dios son cumplidas en nuestra vida —el lugar donde Dios maximiza el potencial de Su pueblo, tanto individual como colectivamente. Y afecta sus espíritus, emociones y cuerpos; sus matrimonios, hijos y profesiones.
En el Antiguo Testamento, la tierra de Canaán era donde Dios deseaba que los israelitas vivieran después de que Él los liberó de su esclavitud en Egipto. Ellos deberían vivir allá en fe, y Dios cumpliría Sus promesas para ellos.
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