: Eliahu Kitov
: Hogar Feliz Claves Milenarias de la Tradición Judía
: Editorial Ner
: 9789872961114
: 1
: CHF 14.30
:
: Partnerschaft, Sexualität
: Spanish
: 384
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Hogar Feliz, es un clásico de la literatura judía, con un equilibrio inmejorable entre psicología y talmudismo. Resume maravillosamente la sabiduría vital de nuestra tradición, que, puesta en práctica, garantiza la acariciada meta -real y posible- de una vida de felicidad y plenitud, disfrutando de armonía en la pareja y cosechando la dicha de la continuidad en nuestros hijos.

Capítulo 2:

El Carácter Precioso del Matrimonio

Cuando Javá (Eva)

tuvo a su primer hijo,

lo llamó Cáin y dijo:

“Adquirí (en hebreo, Caníti)

un varón de Di–s”

(Génesis 4:1).

En el pasado, el hombre

fue creado de la tierra

y la mujer fue creada del hombre.

A partir de ahí, la gente nace

“a imagen y semejanza de nosotros”

— no hay hombre sin mujer,

ni mujer sin hombre,

ni ambos sin la Presencia Divina

(Midrash, Bereshít Rabá 22).

Para comprender los valores del hogar y de la familia judíos, tenemos que examinar ante todo sus cimientos:el matrimonio judío.

El Matrimonio es Obligatorio

El enfoque judío del matrimonio es profundamente singular.

Nosotros, los judíos, no consideramos —como sí lo hacen muchas otras religiones— que el matrimonio sea una cuestión opcional, o una concesión “desafortunadamente” necesaria para satisfacer las exigencias sensuales de la naturaleza, de otra forma incontrolables. No estamos de acuerdo en que la abstinencia total sea la marca de la santidad.

En cambio, el judaísmo considera al matrimonio unbien intrínseco, unmandamiento y unaobligación. La tradición judía prohíbe rigurosamente el abstenerse de procrear. La única persona exenta de este mandamiento es, en palabras de Maimónides, aquel “cuya alma anhela incesantemente estudiar la Torá, que mora en sus confines con la singular concentración de Ben Azái, que adhiere a la Torá todos los días. Sólo una persona así no es considerada pecaminosa por abstenerse del matrimonio” (Mishné Torá, Leyes Conyugales 16:3).

El Artesano Conoce su Vasija

¿Por qué afirmamos el valor del enfoque judío tradicional sobre el matrimonio?

Antes que nada recordemos que este criterio es extraído de la Torá, y que su significado ha sido definido y formulado por los Sabios judíos.

Como sucede en todas las áreas que cubre, la Torá, conforme fue interpretada por nuestros Sabios, está inmutablemente anclada en la realidad, porque Aquel que nos creó y nos dio forma también nos dio la Torá. Únicamente Él tiene conocimiento perfecto de Sus criaturas; sólo Él sabe qué redunda en beneficio de éstas y qué causa su perjuicio. La Torá es, por ende, las palabras dirigidas por el Divino Artesano a las vasijas humanas que formó: Sus instrucciones a la obra de Sus manos.

Estimamos de manera similar las instrucciones de nuestros Sabios, porque están iluminadas por la luz de la Torá incluso cuando en ella no se lo declare expresamente o cuando no se derive empleando las reglas mediante las cuales la Torá debe interpretarse. Porque la fuerza de nuestros Sabios está no sólo en su profundo razonamiento y en su lógica infalible, sino que también ha penetrado en el misterio Divino y ha sondeado la obra de Di–s, el alma del hombre.

La suya no es una investigación ni un conocimiento desde afuera. Más bien, el suyo es un conocimiento y una visión directa desde adentro. Es como si fueran partícipes de los procesos creativos de la vida. El misterio del universo, los secretos del alma, todas sus debilidades, y cómo puede rectificarse cada debilidad — todo eso es para ellos como un libro abierto, el “libro de la generación del hombre”.

Nuestros Sabios han derramado su sabiduría sobre nosotros para que todos los mortales puedan hallar el camino de la vida. Sólo necesitamos escuchar atentamente sus palabras de sabiduría y consejo.

Escuchemos qué dicen acerca del matrimonio.

Puro Como el Cielo

De los 613 mandamientos que Di–s inscribió en Su Torá, el que aparece primero, al comienzo del libro deBereshít, Génesis, es el mandamiento de procrear: “Sed fructíferos y multiplicaos” es lamitzvá primaria.

En el tercer día del génesis, el Creador ordenó:

“Produzca la tierra hierba, planta que dé simiente, árbol frutal que produzca fruto según su género, cuya simiente esté en él, sobre la tierra”.

El quinto día, tras ordenar “Produzcan las aguas en gran abundancia enjambres de criaturas vivientes, y vuelen las aves sobre la tierra en la abierta expansión de los cielos”, Di–s las bendijo, diciendo:

“Sed fecundas y multiplicaos; henchid las aguas en los mares y multiplíquense las aves sobre la tierra”.

En el día sexto ordenó:

“Produzca la tierra criaturas vivientes según su género, ganado y reptiles y bestias de la tierra según su género”.

Finalmente, Di–s creó al hombre a Su propia imagen. Y también al hombre dijo Di–s:“Sed fecundos y multiplicaos”.

Las Tareas Inconclusas de la Creación

El deseo del hombre de procrear deriva de una fuente pura, de la voluntad del Creador, que desea que Su obra perdure.

“El mundo está construido sobre la benevolencia” (Salmos 89).

Y la mayor bondad que el Creador concedió a Sus criaturas es haber dejado Su trabajo sin terminar: completar la obra es tarea del hombre. En ese acto de creación, el hombre se convierte en constante asociado de su Amo (Midrash, Bereshit Rabá 11:6;Tanjumá, Tazría 5; véase Talmud, Shabat 119b). Porque Di–s, quien jamás siente envidia por la obra de Sus manos, ha exaltado al hombre a una eminencia casi–divina. Al brindar al hombre la capacidad de crear progenie, plantó en el hombre tanto el impulso procreador como un amor espontáneo por todo infante recién nacido, una disposición innata a proteger y criar a los jóvenes hasta que estos, a su vez, puedan hacer su propia contribución creativa para el proceso continuo de creación.

De allí que la fuente del impulso procreador del hombre sea pura y sin mácula. Desbordante de gracia, amor y compasión, llena el mundo. Y estas características no se ven con más belleza y perfección que en la relación del artista con su obra, la de los padres con sus hijos.

Desafortunadamente, aunque el matrimonio se dio al hombre como una bendición, éste puede convertirlo en una amarga maldición cuando no santifica sus relaciones maritales.

¡Cuántas vidas han sido destrozadas por el envilecimiento de las relaciones maritales! ¡Cuánto dolor ha causado esto en el mundo!

Porque el matrimonio, que puede ser la mayor de las bendiciones, también puede ser la peor de las desgracias. Cuál de las dos cosas será, depende del carácter del esposo. Si el alma de un hombre es pura, su matrimonio será puro. Se regocijará en su matrimonio y se enorgullecerá de él, como en todo logro genuino y hermoso. Pero si su alma está maculada, se sentirá tan avergonzado del acto marital como lo estaría de cualquier fracaso personal.

No es Bueno que el Hombre Esté Solo

No es bueno que el hombre esté solo. El hombre debe vivir en matrimonio con una mujer; aquel que repudia el precepto de ser fructífero se asocia con el mal de la creación. Recíprocamente, quien cumple este mandamiento se asocia con el bien del mundo.

Nuestros Sabios de antaño dijeron:

“Cuando la Torá advierte al hombre que no viole los mandamientos para que ‘no sirvas al enemigo… por carecer de toda cosa’ (Deuteronomio 28), se refiere a ‘carecer de una esposa’” (Talmud, Nedarím 41a).

A nosotros podría parecernos que nadie ‘carece de toda cosa’, pero ese dicho de nuestros Sabios nos enseña que quienes no estamos casados, en realidad no poseemos nada en absoluto, aunque pueda no parecernos así.

Porque nada que el no–casado posea es suyo. ¿Qué deleite puede derivar de placeres que deben terminar con su propia vida? No tienen ningún valor, ni siquiera en el momento de su posesión.

Pero el bien que posee el hombre casado realmente es suyo en el presente, por más que pueda carecer de bienes temporales, y lo llevará a la vida eterna.

Nuestros Sabios se extendieron en esto, declarando:

“Quien no tiene esposa vive sin alegría, sin bendición, sin bien, sin Torá, sin protección, sin paz” (Talmud, Ievamot 62a).

“Sin alegría” — porque sólo aquel cuyo camino futuro está iluminado puede sentir alegría, y aquel que no tiene esposa mira hacia un mañana que ya es oscuro.

“Sin bendición” — porque sólo quien planta semilla recibe bendición, y el que vive sin esposa destruye su semilla.

“Sin bien” — porque sólo es bueno aquello que...