Algo me hizo despertar agitadamente. Luché por abrir los ojos. Todo a mi alrededor poco a poco se comenzó a enfocar. Estaba obscuro, con rayos de luz a un lado que apenas penetraron mi visión periférica. Escuché ruidos indistintos cerca, una clase de murmullo bajo viniendo de una distancia corta. Y sentí una presencia. Al comenzar a enfocar las cosas, me di cuenta que alguien estaba mirando mis ojos jamente. Yo también miré jamente y comprendí que no era alguien—era algo.
Entrecerré los ojos para cristalizar la imagen y comprendí que era un gato. No, espera, era una…rata. ¡Una rata del tamaño de un gato! De un tamaño muy grande. Sus ojos estaban tal vez a tres pulgadas de los míos, y sus bigotes aún más cerca. Aparte del movimiento de sus fosas nasales al catalogar mi olor, estaba perfectamente quieta, estudiándome con una hostilidad obvia.
Ahora yo estaba despierto, consciente de donde estaba y qué estaba sucediendo. Recordé haber puesto cuidadosamente mi hoja grande de cartón en el pavimento en este callejón, tal vez hace veinte minutos, esperando una hora de sueño pací co en las calles de Los Ángeles. ¿Qué hora era—cuatro, o tal vez cinco de la mañana? Una serie de gemidos sin ritmo llenaron el aire de otras personas sin hogar acostadas más allá en el callejón, haciendo su mejor esfuerzo para dormir un poco.
Yo me había quedado dormido unos cuantos minutos antes de que este roedor dientes de conejo invadiera mis doce pies cuadrados de propiedad de primera. Luché por ponerme de pie, recogí mi cama de cartón y arrastrando los pies salí despacio del callejón hacia la calle principal. Mi reloj decía que eran las 2:13 a.m. El tiempo obviamente marcaba un día festivo esta noche. La luz de los postes era la única iluminación en esta parte dela ciudad.
Pasé por una tienda cubierta con tablas y percibí el fuerte, siem