: Félix Lope de Vega y Carpio
: La fianza satisfecha
: Linkgua
: 9788498977226
: Teatro
: 1
: CHF 2.70
:
: Dramatik
: Spanish
: 122
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: ePUB
La fianza satisfecha es una obra teatral escrita por el famoso dramaturgo español del Siglo de Oro, Lope de Vega. Se cree que esta obra fue escrita en la época en la que Lope de Vega estaba en la cumbre de su carrera como dramaturgo. Esta obra es conocida por presentar una trama oscura y compleja, que gira en torno a la maldad de su personaje principal, así como a una serie de crímenes horrendos que se perpetran a lo largo de la historia. El protagonista, una figura despiadada, acomete acciones atroces que ponen a prueba los límites de la moral y la ética. A pesar de este sombrío panorama, La fianza satisfecha también se distingue por la presencia de elementos sobrenaturales que intervienen a lo largo de la trama. Estos elementos añaden una dimensión adicional a la historia, abriendo el camino para la intervención divina y la eventual posibilidad de redención. La obra también destaca por las lecciones que proporciona sobre el perdón. A pesar de las atrocidades cometidas por el personaje principal, la historia subraya la capacidad de perdonar como una virtud elevada, demostrando que incluso los actos más malvados pueden ser perdonados. De esta manera, La fianza satisfecha es una obra que presenta a los lectores una rica y compleja exploración de temas como la maldad, la redención y el perdón, todos ellos presentados a través del inigualable estilo de Lope de Vega.

Félix Lope de Vega (Madrid, 1562-1637). España. El que fuera llamado 'Fénix de los ingenios españoles', Félix Lope de Vega Carpio, nació en Madrid a finales de 1562. Su padre, el artesano bordador Félix de Vega, y su madre, Francisca Fernández Flórez, eran, probablemente, oriundos del valle de Carriedo (Cantabria), y se trasladaron a Madrid hacia 1561. El origen humilde de Lope de Vega sería transformado por él mismo en una imaginada hidalguía; de hecho, Lope siempre fue dado a investirse con atributos que le favorecieran y nunca ocultó su abultado deseo de fama y éxito. Sea como fuera, cristiano viejo o converso, lo que sí refleja su obra es una completa y cabal asimilación de los valores imperantes en la sociedad de su tiempo. Lope estudió primero en la escuela madrileña de Vicente Espinel, por quien siempre demostró estima y admiración, y después en un colegio jesuita que, años después, se llamó colegio Imperial. Posteriormente, al parecer entre 1577 y 1581, estudió en la Universidad de Alcalá de Henares, aunque no consta que obtuviera ningún título. Es probable, también, que siguiera algunas lecciones en la Universidad de Salamanca. Tras servir, desde muy joven, al obispo de Cartagena, inquisidor general y más tarde obispo de Ávila, don Jerónimo Manrique, Lope se alista en una escuadra de navíos y, en junio de 1583, zarpa de Lisboa rumbo a la isla Terceira (Azores), donde habían de combatir al prior de Crato, aspirante al trono portugués entonces en manos españolas a través de Felipe II. Acabada su misión, Lope regresa e inicia una de sus primeras relaciones amorosas, de entre las numerosas que se le atribuyen. Se trataba de Elena Osorio (su Filis), mujer bella y cultivada, hija de un empresario y actor teatral, la cual estaba separada de su marido (un actor). Lope escribiría algunas comedias para el padre de Elena. Años después, en 1587, tras enterarse de que Elena planeaba sustituirle por un influyente personaje madrileño (Francisco Perrenot Granvela), Lope difundió unos poemas infamantes contra ella y su familia, lo que le valió un destierro judicial de Madrid, por cuatro años, y de Castilla, por dos. En mayo de 1588, Lope toma por esposa a Isabel de Urbina Alderete (su Belisa), en Madrid. Isabel pertenecía a una familia muy influyente y de linaje antiguo, y es probable que el casamiento, aunque se realizó por poderes, pasara antes por algunas dificultades y supusiera la violación de la orden judicial por parte del escritor, que tenía prohibido regresar a la capital.

Jornada segunda


(Salen Leonido, de moro, y Lidora, mora.)

LidoraDetente.

Leonido No hay detener.

LidoraVuelve la cara.

Leonido No quiero.

LidoraEres cruel.

Leonido Soy acero.

Lidora¡Cruel hombre!

Leonido ¡Necia mujer!

LidoraMira que te quiero.

Leonido ¿A mí?

LidoraA ti.

Leonido Pues que no me quieras.

Lidora¡He de morir!

Leonido Aunque mueras.

LidoraY ¿por causa tuya?

Leonido Sí.

Lidora ¡Ah, gran Argolán!

Leonido ¡Lidora!

LidoraQué, ¿no, me querrás?

Leonido ¡Jamás!

Lidora¡Eres cruel!

Leonido ¡Necia estás!

Lidora¡Oye, mi bien!

Leonido Quita, mora.

Lidora ¿No te obliga mi hermosura?

LeonidoNo, porque la voluntad

no se inclina a tu beldad,

y el intentarlo es locura.

Si cruel te he parecido

en estas respuestas darte,

no puedo, Lidora, amarte,

aunque a otras he querido.

Lascivo en extremo he sido,

señora, y en tanto grado,

que he bellos rostros gozado,

y al tuyo le he aborrecido.

Yo confieso que eres bella;

de serlo puedes preciarte;

pero yo, Lidora, amarte,

no lo permite mi estrella.

Confieso, conozco y sé

las gracias que tú atesoras,

y aunque me cansan las moras,

te estimo, y no, sé por qué.

Ese tu gallardo brío,

el donaire, la belleza,

el garbo, la gentileza,

me llevan el albedrío.

Ese cuello de marfil,

que la misma nieve afrenta;

esos ojos, en que ostenta

amor rayos mil a mil;

ese tu saber profundo,

de quien es bien que se asombre

el mundo, no puede un hombre,

sino que te adore el mundo.

Y aunque sé que no merezco

los favores que me has hecho,

no sé que miro, en tu pecho,

que de verdad te aborrezco.

Lidora Aunque me ves que soy mora,

a los moros aborrezco,

y aqueste amor que te ofrezco,

grandes bienes atesora.

¡Quiéreme, Argolán!

(Sale el Rey.)

Rey ¿Así

se guarda la ley a un rey?

Lidora¿Cuándo yo falté a tu ley?

Rey¿Cómo cuándo, si yo vi

que le estabas persuadiendo

al noble y fuerte Argolán

te sirviese de galán?

LidoraY en eso, di, ¿qué te ofendo?

Rey ¿Qué me ofendes? ¿No me diste

palabra de que sería

mío tu amor, si traía

un cristiano?

Lidora Bien dijiste;

pero yo no te he agraviado;

que si bien lo consideras,

aunque eso fuera de veras,

el cristiano no me has dado.

Rey Ya sé con quién te recreas,

y a quien con tu amor persuades.

Lidora¿Es muy bueno que te enfades

cuando burlarme deseas?

Rey ¿Yo burlarte?

Lidora Sí, señor,

pues un cristiano ofreciste,

y, como ves, me trajiste

un moro, a quien tengo amor.

Y es tan grande la afición

que le tengo, que le diera,

sólo porque me quisiera,

la sangre del corazón.

¿Qué digo querer? Por sólo

que algún amor me mostrara,

y a la cara me mirara,

aunque con fingido dolo,

le hiciera, a estar en mi mano,

según le tengo el amor,

de todo el mundo señor,

y con poder soberano;

y si más mi amor me prueba

a mostrar que soy mujer,

puedes, Berlerbeyo, creer

que es por el traje que lleva;

que a no traer traje moro,

y no haber su ley negado,

patente hubiera mostrado

lo que en el alma le adoro.

Leonido Y correspondencia hallaras;

mas mi mala inclinación

me fuerza a que tu afición

menosprecie.

Rey ¿En qué reparas?

Ya, Argolán, patente has visto

lo que esa mujer te adora.

Tú, ¿qué dices?

Leonido Que Lidora

se cansa, que yo resisto

a su gusto, y que primero

le faltará luz al día,

a mi brazo valentía

para regir este acero;

primero verás bajarse

de los cielos las estrellas,

y en este suelo con ellas

duras piedras barajarse;

y antes dejará de ser

Mahoma santo Profeta,

que yo en tus cosas me meta

ni estime aquesta mujer.

Rey Estos brazos, Argolán,

por el favor que me has hecho,

del gran amor de mi pecho

patentes muestras darán.

Rige, traza, manda, ordena

en Túnez, cual dueño suyo;

que todo mi reino es tuyo.

LeonidoNo quiero yo cosa ajena.

Rey Ponte mi corona real.

LeonidoNo reino yo en compañía,

porque la soberbia mía

no tiene en el mundo igual.

Algún día podrá ser

(y esto en mi valor lo fundo)

que sacándote del mundo,

me la pueda yo poner.

Rey ¿Estás loco, por ventura?

Mas sí lo debes de estar;

y así le habré yo de dar

el castigo a tu locura;

que eres villano grosero,

y fuera bien que advirtiera

tu soberbia, que estás fuera

de tu propio gallinero.

Leonido Con mostrar las obras callo,

con que he de ponerte freno;

que en el suyo y el ajeno

canta, cuando es bueno, el gallo.

Llama todo tu Gobierno,

a tu ciudad y a Mahoma;

que haré que mi rabia os coma

y os vomite en el infierno:

desnuda, moro, el acero.

Rey¡Ah de mi guarda! ¡Lidora!

(Sale Lidora.)

Lidora¿Quién mi cuarto altera ahora?

LeonidoYo, Lidora, yo le altero;

yo, que afrento vuestra ley;

yo, que asuelo la ciudad;

yo, que rompo la amistad,

yo, que mato vuestro Rey;

yo, que jamás me acobardo;

y para mostrar mi modo,

saca, Rey, tu reino todo;

que en la ribera te aguardo.

Salid, que allí mostrará

este brazo varonil,

que a ti, a ciento y a cien mil,

y a Mahoma abrasará.

(Vase.)

Rey ¡Espera,...