: Félix Lope de Vega y Carpio
: El villano en su rincón
: Linkgua
: 9788498977134
: Teatro
: 1
: CHF 2.70
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: Dramatik
: Spanish
: 140
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El villano en su rincón es una obra de teatro del dramaturgo español Félix Lope de Vega, publicada por primera vez en 1617, si bien se data su composición entre 1611 y 1616.? A las puertas de París vive Juan Labrador, un rico campe­sino y súbdito fiel a su soberano, dispuesto a sacrificar sus bienes materiales si el monarca así lo ordena y dispuesto también a entregar para servicio del rey a sus dos hijos, deseosos de vivir en la Corte. Sin embargo, en El villano en su rincón, Juan Labrador está a su vez satisfecho de su forma de vivir. Hasta el punto que escribe con antelación su propio epitafio, haciendo constar que fue feliz sin necesidad de conocer al rey. La satisfacción de Juan con su forma de vida persiste hasta el final de la comedia y se manifiesta en una sentencia suya: «Porque morir en mi rincón quisiera». Juan se siente rey entre sus campos y no envidia la brillantez que rodea a la realeza efectiva.

Félix Lope de Vega (Madrid, 1562-1637). España. El que fuera llamado 'Fénix de los ingenios españoles', Félix Lope de Vega Carpio, nació en Madrid a finales de 1562. Su padre, el artesano bordador Félix de Vega, y su madre, Francisca Fernández Flórez, eran, probablemente, oriundos del valle de Carriedo (Cantabria), y se trasladaron a Madrid hacia 1561. El origen humilde de Lope de Vega sería transformado por él mismo en una imaginada hidalguía; de hecho, Lope siempre fue dado a investirse con atributos que le favorecieran y nunca ocultó su abultado deseo de fama y éxito. Sea como fuera, cristiano viejo o converso, lo que sí refleja su obra es una completa y cabal asimilación de los valores imperantes en la sociedad de su tiempo. Lope estudió primero en la escuela madrileña de Vicente Espinel, por quien siempre demostró estima y admiración, y después en un colegio jesuita que, años después, se llamó colegio Imperial. Posteriormente, al parecer entre 1577 y 1581, estudió en la Universidad de Alcalá de Henares, aunque no consta que obtuviera ningún título. Es probable, también, que siguiera algunas lecciones en la Universidad de Salamanca. Tras servir, desde muy joven, al obispo de Cartagena, inquisidor general y más tarde obispo de Ávila, don Jerónimo Manrique, Lope se alista en una escuadra de navíos y, en junio de 1583, zarpa de Lisboa rumbo a la isla Terceira (Azores), donde habían de combatir al prior de Crato, aspirante al trono portugués entonces en manos españolas a través de Felipe II. Acabada su misión, Lope regresa e inicia una de sus primeras relaciones amorosas, de entre las numerosas que se le atribuyen. Se trataba de Elena Osorio (su Filis), mujer bella y cultivada, hija de un empresario y actor teatral, la cual estaba separada de su marido (un actor). Lope escribiría algunas comedias para el padre de Elena. Años después, en 1587, tras enterarse de que Elena planeaba sustituirle por un influyente personaje madrileño (Francisco Perrenot Granvela), Lope difundió unos poemas infamantes contra ella y su familia, lo que le valió un destierro judicial de Madrid, por cuatro años, y de Castilla, por dos. En mayo de 1588, Lope toma por esposa a Isabel de Urbina Alderete (su Belisa), en Madrid. Isabel pertenecía a una familia muy influyente y de linaje antiguo, y es probable que el casamiento, aunque se realizó por poderes, pasara antes por algunas dificultades y supusiera la violación de la orden judicial por parte del escritor, que tenía prohibido regresar a la capital.

Jornada segunda


(Salen el Rey y Finardo.)

Rey Desasosiego me cuesta.

FinardoPara desasosegarte

¿puede en el mundo ser parte

cosa a tu grandeza opuesta?

Rey Este villano lo ha sido.

Finardo¿El villano o la villana?

ReyUn ángel en forma humana,

Finardo, me ha parecido.

Pero no creas que fuera

quien me desasosegara

cuando el cielo la pintara

con el pincel que pudiera;

que en negocio que el honor

pasa de las justas leyes,

aun nos valemos los reyes

de nuestro propio valor.

Su padre me dio cuidado;

que en verle vivir ansí,

tan olvidado de mí,

confieso que me ha picado.

¡Qué con tal descanso viva

en su rincón un villano,

que a su señor soberano

ver para siempre se priva!

¡Que trate con tal desprecio

la majestad sola una,

sin correrse la Fortuna

de que la desprecie un necio!

¡Que tanto descanso tenga

un hombre particular,

que pase por su lugar

y que a mirarme no venga!

¡Que le haya dado la suerte

un rincón tan venturoso,

y que esté en él poderoso,

desde la vida a la muerte!

¡Que le sirvan sus criados,

y que obedezcan su ley,

y que él se imagine rey

sin ver los reyes sagrados!

¡Que la púrpura real

no cause veneración

a un villano en su rincón

que viste pardo sayal!

¡Que tenga el alma segura,

y el cuerpo en tanto descanso!

Pero, ¿para qué me canso?

Digo que es envidia pura,

y que le tengo de ver.

FinardoAnsí cuentan el suceso

de Solón y del rey Creso.

ReyMuy diferente ha de ser;

que el filósofo juzgó

de otra suerte al rey de Lidia;

y yo tengo a un hombre envidia

por ver que me despreció.

Finardo Tres calidades de bienes

Aristóteles escribe

que tiene el hombre que vive;

y todas, señor, las tienes.

De Fortuna la primera

en que lo menos se funda;

del cuerpo fue la segunda,

del ánimo la tercera.

Bienes de Fortuna son

de riquezas multitud,

del cuerpo son la salud

y la buena complexión.

Los del ánimo, la ciencia

y la virtud. Éstos fueron

a quien todos siempre dieron

divina correspondencia.

Y si hay en la tierra alguna,

por felicidad la entienden;

que estos bienes no dependen

del tiempo ni la Fortuna.

Estando todos en ti,

¿cómo envidias a un villano,

tú con el cetro en la mano,

y él con el arado allí?

Rey Dame pena el verle opuesto

a mi propia majestad,

viendo la felicidad

en que su dicha le ha puesto.

Deseaba vez alguna

Augusto de Escipión

la fuerza, el ser de Catón,

y de César la fortuna;

y era un grande emperador;

y en un villano, ¡aún no veo

que tenga un justo deseo

de ver al rey su señor!

Mil el mundo peregrinan

por ver alguna ciudad

que tenga en sí majestad;

mares y montes caminan.

Y éste se esconde en su casa

cuando paso por su puerta...

¡Pues, vive el cielo, que, abierta,

ha de saber que el rey pasa!

Finardo ¿Eso te da pesadumbre?

¡Un villano en su rincón!

Y, ¿no se espanta un león

de un gallo y de cualquier lumbre?

El animoso caballo

del floro, un ave tan vil,

¿no se espanta?

Finardo ¿Que el gentil

león se espanta del gallo?

Rey Y de un carro; tanto siente

de la ruedas el rumor;

y ansí yo de un labrador,

que es un carro finalmente.

Finardo ¿Qué tienes imaginado

para que el hombre te vea?

ReyPorque ver no me desea,

me ha de ver, mal de su grado.

Pongan en que al monte salga;

que yo buscaré invención

para que su condición

contra reyes no le valga.

Finardo Pues, ¿tú quieres ir allá?

Venga acá Juan Labrador

a ver al rey su señor;

que él es bien que venga acá.

Rey Déjale con su opinión;

que si al rey con su poder

no quiere ver, yo iré a ver

al villano en su rincón.

(Vanse. Salen Belisa, Costanza y Lisarda.)

Costanza Solo está el olmo, a la fe.

BelisaLa palmatoria ganamos.

LisardaA muy bien tiempo llegamos.

Costanza¿Quieres tú que solo esté?

Lisarda Sí, porque hablemos un rato.

Costanza¿Mas que son cosas de amor?

Que te he visto en el humor

que te ofende algún ingrato.

Lisarda Por vida tuya, Costanza,

pues eres tan entendida

—mira que juro tu vida—

¿tuvieras tú confianza

en palabras de algún hombre

de estos hidalgos de allá?

Costanza¿De la corte?

Lisarda Sí; que ya

tengo en el alma ese nombre.

Costanza La que pudiera tener

de amigo reconciliado,

de juez apasionado,

y de firma de mujer;

la que tuviera, sembrando,

de un campo estéril y enjuto,

o del imposible fruto

del olmo que estás mirando;

la que tuviera de un loco

o de un celoso traidor;

la que de un hombre hablador

que siempre son para poco;

la que de un hombre ignorante

que presume de saber;

la que de abril sin llover;

la que del mar inconstante;

la que tuviera en la torre

que se funda sobre arena,

y en quien no siente la ajena,

y de su falta se corre;

la de amigo en alto estado

si fuimos pobres los dos,

ésa me diera, por Dios,

cortesano enamorado.

Lisarda ¿Qué es, Costanza, cosi cosa,

que llaman en corte enima:

un alto, que un bajo estima

sin fuerza más poderosa,

y un bajo que al alto aspira?

CostanzaUna música formada

de dos voces.

Lisarda Bien me agrada.

CostanzaAunque alto y bajo están, mira

que, aunque son tan desiguales

como la noche y el día,

aquella unión y armonía

los hace en su acento iguales;

que el alto en un punto suena

con el bajo siempre igual,

porque si sonaran mal,

causaran notable pena.

Lisarda Música me persuades

que el amor debe de ser.

CostanzaEl Amor tiene poder

de concertar voluntades.

Lisarda No hay músico ni maestro

como Amor, de altos y bajos;

pero canta contrabajos,

en que siempre está más diestro.

Belisa Al olmo vienen zagales,

no habléis cosa de sospecha.

Lisarda (Aparte.)(Cerrarte, Amor, ¿qué aprovecha?

Por cualquier dedo te sales.)

(Salen Fileto y Feliciano.)

Feliciano Costanza está aquí, Fileto.

FiletoElla me dijo que había

de venir al...