Jornada segunda
(Salen el Rey y Finardo.)
Rey Desasosiego me cuesta.
FinardoPara desasosegarte
¿puede en el mundo ser parte
cosa a tu grandeza opuesta?
Rey Este villano lo ha sido.
Finardo¿El villano o la villana?
ReyUn ángel en forma humana,
Finardo, me ha parecido.
Pero no creas que fuera
quien me desasosegara
cuando el cielo la pintara
con el pincel que pudiera;
que en negocio que el honor
pasa de las justas leyes,
aun nos valemos los reyes
de nuestro propio valor.
Su padre me dio cuidado;
que en verle vivir ansí,
tan olvidado de mí,
confieso que me ha picado.
¡Qué con tal descanso viva
en su rincón un villano,
que a su señor soberano
ver para siempre se priva!
¡Que trate con tal desprecio
la majestad sola una,
sin correrse la Fortuna
de que la desprecie un necio!
¡Que tanto descanso tenga
un hombre particular,
que pase por su lugar
y que a mirarme no venga!
¡Que le haya dado la suerte
un rincón tan venturoso,
y que esté en él poderoso,
desde la vida a la muerte!
¡Que le sirvan sus criados,
y que obedezcan su ley,
y que él se imagine rey
sin ver los reyes sagrados!
¡Que la púrpura real
no cause veneración
a un villano en su rincón
que viste pardo sayal!
¡Que tenga el alma segura,
y el cuerpo en tanto descanso!
Pero, ¿para qué me canso?
Digo que es envidia pura,
y que le tengo de ver.
FinardoAnsí cuentan el suceso
de Solón y del rey Creso.
ReyMuy diferente ha de ser;
que el filósofo juzgó
de otra suerte al rey de Lidia;
y yo tengo a un hombre envidia
por ver que me despreció.
Finardo Tres calidades de bienes
Aristóteles escribe
que tiene el hombre que vive;
y todas, señor, las tienes.
De Fortuna la primera
en que lo menos se funda;
del cuerpo fue la segunda,
del ánimo la tercera.
Bienes de Fortuna son
de riquezas multitud,
del cuerpo son la salud
y la buena complexión.
Los del ánimo, la ciencia
y la virtud. Éstos fueron
a quien todos siempre dieron
divina correspondencia.
Y si hay en la tierra alguna,
por felicidad la entienden;
que estos bienes no dependen
del tiempo ni la Fortuna.
Estando todos en ti,
¿cómo envidias a un villano,
tú con el cetro en la mano,
y él con el arado allí?
Rey Dame pena el verle opuesto
a mi propia majestad,
viendo la felicidad
en que su dicha le ha puesto.
Deseaba vez alguna
Augusto de Escipión
la fuerza, el ser de Catón,
y de César la fortuna;
y era un grande emperador;
y en un villano, ¡aún no veo
que tenga un justo deseo
de ver al rey su señor!
Mil el mundo peregrinan
por ver alguna ciudad
que tenga en sí majestad;
mares y montes caminan.
Y éste se esconde en su casa
cuando paso por su puerta...
¡Pues, vive el cielo, que, abierta,
ha de saber que el rey pasa!
Finardo ¿Eso te da pesadumbre?
¡Un villano en su rincón!
Y, ¿no se espanta un león
de un gallo y de cualquier lumbre?
El animoso caballo
del floro, un ave tan vil,
¿no se espanta?
Finardo ¿Que el gentil
león se espanta del gallo?
Rey Y de un carro; tanto siente
de la ruedas el rumor;
y ansí yo de un labrador,
que es un carro finalmente.
Finardo ¿Qué tienes imaginado
para que el hombre te vea?
ReyPorque ver no me desea,
me ha de ver, mal de su grado.
Pongan en que al monte salga;
que yo buscaré invención
para que su condición
contra reyes no le valga.
Finardo Pues, ¿tú quieres ir allá?
Venga acá Juan Labrador
a ver al rey su señor;
que él es bien que venga acá.
Rey Déjale con su opinión;
que si al rey con su poder
no quiere ver, yo iré a ver
al villano en su rincón.
(Vanse. Salen Belisa, Costanza y Lisarda.)
Costanza Solo está el olmo, a la fe.
BelisaLa palmatoria ganamos.
LisardaA muy bien tiempo llegamos.
Costanza¿Quieres tú que solo esté?
Lisarda Sí, porque hablemos un rato.
Costanza¿Mas que son cosas de amor?
Que te he visto en el humor
que te ofende algún ingrato.
Lisarda Por vida tuya, Costanza,
pues eres tan entendida
—mira que juro tu vida—
¿tuvieras tú confianza
en palabras de algún hombre
de estos hidalgos de allá?
Costanza¿De la corte?
Lisarda Sí; que ya
tengo en el alma ese nombre.
Costanza La que pudiera tener
de amigo reconciliado,
de juez apasionado,
y de firma de mujer;
la que tuviera, sembrando,
de un campo estéril y enjuto,
o del imposible fruto
del olmo que estás mirando;
la que tuviera de un loco
o de un celoso traidor;
la que de un hombre hablador
que siempre son para poco;
la que de un hombre ignorante
que presume de saber;
la que de abril sin llover;
la que del mar inconstante;
la que tuviera en la torre
que se funda sobre arena,
y en quien no siente la ajena,
y de su falta se corre;
la de amigo en alto estado
si fuimos pobres los dos,
ésa me diera, por Dios,
cortesano enamorado.
Lisarda ¿Qué es, Costanza, cosi cosa,
que llaman en corte enima:
un alto, que un bajo estima
sin fuerza más poderosa,
y un bajo que al alto aspira?
CostanzaUna música formada
de dos voces.
Lisarda Bien me agrada.
CostanzaAunque alto y bajo están, mira
que, aunque son tan desiguales
como la noche y el día,
aquella unión y armonía
los hace en su acento iguales;
que el alto en un punto suena
con el bajo siempre igual,
porque si sonaran mal,
causaran notable pena.
Lisarda Música me persuades
que el amor debe de ser.
CostanzaEl Amor tiene poder
de concertar voluntades.
Lisarda No hay músico ni maestro
como Amor, de altos y bajos;
pero canta contrabajos,
en que siempre está más diestro.
Belisa Al olmo vienen zagales,
no habléis cosa de sospecha.
Lisarda (Aparte.)(Cerrarte, Amor, ¿qué aprovecha?
Por cualquier dedo te sales.)
(Salen Fileto y Feliciano.)
Feliciano Costanza está aquí, Fileto.
FiletoElla me dijo que había
de venir al...