Jornada segunda
(Salen Saulo y Eliud.)
Saulo Gracias al cielo, Eliud,
que ha permitido que vea
el gran mar de Galilea
segunda vez con salud.
Aquí sin vida me vieron
y aquí anegado me vi,
y el cielo y Simón aquí
libre en tierra me pusieron.
Estas olas procuraron
darme muertes rigurosas,
y para mayores cosas
los cielos me preservaron.
Eliud ¡Qué falso y traidor está
sosegado el mar agora!
A quien su inconstancia ignora,
segura parecerá.
Pues aunque su calma pida
dátiles al parecer,
si puedo, no me ha de ver
navegándole en su vida.
No quiero tratar con quien
parece en la condición
que ha sido camaleón;
bien haya la tierra, amén,
que es siempre de una manera
brame el leveche y solano,
que el que es llano siempre es llano.
y el que es monte nunca espera
ser otra cosa jamás,
y sin mirar las estrellas,
guían carriles y huellas
a los que vienen atrás.
No hay más lindo caminar
que en un macho de alquiler,
tierra a tierra a su placer,
desde la venta al lugar.
Que navega a cuatro pies
sin viento, y si tiene alguno
por la popa, es importuno
si la cola el timón es.
Que cuando por maravilla
se va a pique en este mar,
puede, sin saber nadar,
salir un hombre a la orilla.
Saulo Éstas las barracas son,
si la memoria me dura,
de Andrés y Simón: procura
buscar a Andrés y a Simón.
Eliud Para pagar lo que debo,
con vida por ellos fuiste:
dos años ha que estuviste
casi a pique de ser cebo
de algún hambriento pescado
en este mar que se ve,
y parece que ayer fue.
SauloVuela con paso callado
el tiempo, Eliud, y pasa
por nuestras vidas ligero.
(Sale el pescador que salió al principio del acto primero.)
PescadorEste es aquel caballero,
si no me engaña la escasa
memoria con el pasado
tiempo, en aquesta ocasión,
que libró Andrés y Simón
del mar casi ya anegado.
De Tarso a Jerusalén
debe de volver.
Eliud Aquí
viene un pescador.
Saulo Ansí
podrás preguntar más bien
por Andrés y por Simón,
que deben de estar pescando.
PescadorSin duda van preguntando
por Simón y Andrés, que son
los nobles agradecidos,
y ansí de paso querrán
visitarlos.
Eliud ¿Dónde están,
pescador, entretenidos
Andrés y Simón, que quiere
Saulo, mi señor, hablallos,
servillos y regalallos?
PescadorDe su nobleza se infiere
tan noble agradecimiento;
pero venís a ocasión,
señor, que Andrés y Simón
siguen más heroico intento.
Saulo¿Pues están ausentes?
Pescador Todo
cuanto de hacienda han ganado
con las redes, han dejado
y se han ido.
Saulo ¿De qué modo?
Pescador Muy pocos días después
que pasastes, Saulo noble,
por esa ribera a Tarso
honrando los pescadores,
llegó a su margen de plata,
venturosa desde entonces,
aquel profeta divino
que Jesús tiene por nombre,
de quien tú diste las nuevas,
con notables escuadrones
de gente que le seguía,
y honrado el humilde borde
de la nave de Simón,
le predicaba sus voces,
poniendo atento los aires
el mar los peces disformes,
que, como si le entendieran,
sobre las rocas y sobre
las barcas, al parecer
admiraban sus razones.
Acabó el sermón, y Pedro
le dijo: «Toda esta noche
sin ningún provecho he estado
pescando»; y Jesús mandóle
hacerse al mar, y calar
las redes, y apenas ponen
en ejecución lo dicho
Simón y Andrés, cuando cogen
tanto pescado, que fue
forzoso a los pescadores
de otro navío a pedir
ayuda, porque hasta el tope
los dos de pesca quedaron.
Pedro a los pies arrojóse
de Jesús, dándoles gracias,
con Andrés, y él abrazóles,
y díjoles que dejasen
las redes, que desde entonces,
pescadores pretendía
hacerles él de los hombres.
Siguiéronle, y navegando
en esa nave una noche,
se pensaron ir a pique
del mar y el viento a los golpes.
Iba en la popa durmiendo
el profeta, y despertóle,
a pesar del mar airado,
Simón, diciéndole a voces:
«¡Maestro, que nos perdemos!
Nuestra fortuna socorre,
porque el mar, por anegarnos,
al cielo levanta montes.»
Despertó, y al mar y al viento
mandó sosegar, y entonces
mar y viento obedecieron,
porque sus palabras ponen
freno al mar y al viento airado.
y siguiéndole conformes
Juan y Jacobo su hermano,
con Andrés y Simón corren
el mar de Genesaret,
y luego Felipe escoge
en Betsaida, y Jacobo,
que Alfeo tiene por nombre,
decano de Galilea,
y a Bartolomé, del noble
tronco real, y a Tadeo,
y porque con él se nombre
al cananeo Simón,
a Tomé, y del banco enorme
a Mateo el publicano
y a un Judas Iscariote,
que sirve de despensero,
y les compra lo que comen,
que no me parece igual
en virtud a esotros once:
hombre bermejo de barba,
falso en todas ocasiones,
vendiendo siempre a quien mira,
que es propiedad de traidores.
Bien puede otras cosas ser,
mas su ausencia me perdone,
que tengo de él mal concepto,
al fin, con aquestos doce
discípulos, que ha nombrado
apóstoles, y cuyos nombres
escuchas, sin infinitos
que agora no se conocen,
que se llaman encubiertos,
permite el cielo que asombre
a la tierra con milagros,
que en este vecino monte
le he visto dar de comer
a más de cinco mil hombres
con no más de cinco panes
y dos peces. Cuantos oyen
su palabra no la dejan;
que sus divinos sermones
hacen labor en las almas,
y a cuantos las manos pone
quedan sanos. Yo le vi
a un paralítico pobre
de cuarenta años de enfermo,
que por solo falta de hombre
nunca entraba en la piscina,
a donde el cielo dispone
que revolviéndola un ángel
sanasen de sus dolores,
levantarse con su cama
a cuestas, aunque los torpes
escribas y fariseos,
porque era sábado entonces,
murmuraron y dijeron
que de su precepto el orden
traspasaba desta suerte
y que era delito enorme.
A un ciego de nacimiento
después vi dar vista, a donde
sanó a un leproso, y a un mudo
demonio forzó a dar voces,
hasta echarle de aquel cuerpo
que atormentaba, y...