: Félix Lope de Vega y Carpio
: El vaso de elección de san Pablo
: Linkgua
: 9788498972535
: Teatro
: 1
: CHF 2.70
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: Dramatik
: Spanish
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En El vaso de elección de san Pablo, Lope de Vega relata un episodio bíblico. Mientras Saulo iba a Damasco en persecución de los discípulos de Jesús, una voz le envolvió, cayó en tierra y oyó la voz de Jesús: Saulo, Saulo ¿por qué me persigues? Saulo preguntó: ¿Quién eres tú, Señor? Jesús le respondió: Yo soy Jesús a quien tú persigues. ¿Y qué debo hacer, Señor?

Félix Lope de Vega (Madrid, 1562-1637). España. El que fuera llamado 'Fénix de los ingenios españoles', Félix Lope de Vega Carpio, nació en Madrid a finales de 1562. Su padre, el artesano bordador Félix de Vega, y su madre, Francisca Fernández Flórez, eran, probablemente, oriundos del valle de Carriedo (Cantabria), y se trasladaron a Madrid hacia 1561. El origen humilde de Lope de Vega sería transformado por él mismo en una imaginada hidalguía; de hecho, Lope siempre fue dado a investirse con atributos que le favorecieran y nunca ocultó su abultado deseo de fama y éxito. Sea como fuera, cristiano viejo o converso, lo que sí refleja su obra es una completa y cabal asimilación de los valores imperantes en la sociedad de su tiempo. Lope estudió primero en la escuela madrileña de Vicente Espinel, por quien siempre demostró estima y admiración, y después en un colegio jesuita que, años después, se llamó colegio Imperial. Posteriormente, al parecer entre 1577 y 1581, estudió en la Universidad de Alcalá de Henares, aunque no consta que obtuviera ningún título. Es probable, también, que siguiera algunas lecciones en la Universidad de Salamanca. Tras servir, desde muy joven, al obispo de Cartagena, inquisidor general y más tarde obispo de Ávila, don Jerónimo Manrique, Lope se alista en una escuadra de navíos y, en junio de 1583, zarpa de Lisboa rumbo a la isla Terceira (Azores), donde habían de combatir al prior de Crato, aspirante al trono portugués entonces en manos españolas a través de Felipe II. Acabada su misión, Lope regresa e inicia una de sus primeras relaciones amorosas, de entre las numerosas que se le atribuyen. Se trataba de Elena Osorio (su Filis), mujer bella y cultivada, hija de un empresario y actor teatral, la cual estaba separada de su marido (un actor). Lope escribiría algunas comedias para el padre de Elena. Años después, en 1587, tras enterarse de que Elena planeaba sustituirle por un influyente personaje madrileño (Francisco Perrenot Granvela), Lope difundió unos poemas infamantes contra ella y su familia, lo que le valió un destierro judicial de Madrid, por cuatro años, y de Castilla, por dos. En mayo de 1588, Lope toma por esposa a Isabel de Urbina Alderete (su Belisa), en Madrid. Isabel pertenecía a una familia muy influyente y de linaje antiguo, y es probable que el casamiento, aunque se realizó por poderes, pasara antes por algunas dificultades y supusiera la violación de la orden judicial por parte del escritor, que tenía prohibido regresar a la capital.

Jornada segunda


(Salen Saulo y Eliud.)

Saulo Gracias al cielo, Eliud,

que ha permitido que vea

el gran mar de Galilea

segunda vez con salud.

Aquí sin vida me vieron

y aquí anegado me vi,

y el cielo y Simón aquí

libre en tierra me pusieron.

Estas olas procuraron

darme muertes rigurosas,

y para mayores cosas

los cielos me preservaron.

Eliud ¡Qué falso y traidor está

sosegado el mar agora!

A quien su inconstancia ignora,

segura parecerá.

Pues aunque su calma pida

dátiles al parecer,

si puedo, no me ha de ver

navegándole en su vida.

No quiero tratar con quien

parece en la condición

que ha sido camaleón;

bien haya la tierra, amén,

que es siempre de una manera

brame el leveche y solano,

que el que es llano siempre es llano.

y el que es monte nunca espera

ser otra cosa jamás,

y sin mirar las estrellas,

guían carriles y huellas

a los que vienen atrás.

No hay más lindo caminar

que en un macho de alquiler,

tierra a tierra a su placer,

desde la venta al lugar.

Que navega a cuatro pies

sin viento, y si tiene alguno

por la popa, es importuno

si la cola el timón es.

Que cuando por maravilla

se va a pique en este mar,

puede, sin saber nadar,

salir un hombre a la orilla.

Saulo Éstas las barracas son,

si la memoria me dura,

de Andrés y Simón: procura

buscar a Andrés y a Simón.

Eliud Para pagar lo que debo,

con vida por ellos fuiste:

dos años ha que estuviste

casi a pique de ser cebo

de algún hambriento pescado

en este mar que se ve,

y parece que ayer fue.

SauloVuela con paso callado

el tiempo, Eliud, y pasa

por nuestras vidas ligero.

(Sale el pescador que salió al principio del acto primero.)

PescadorEste es aquel caballero,

si no me engaña la escasa

memoria con el pasado

tiempo, en aquesta ocasión,

que libró Andrés y Simón

del mar casi ya anegado.

De Tarso a Jerusalén

debe de volver.

Eliud Aquí

viene un pescador.

Saulo Ansí

podrás preguntar más bien

por Andrés y por Simón,

que deben de estar pescando.

PescadorSin duda van preguntando

por Simón y Andrés, que son

los nobles agradecidos,

y ansí de paso querrán

visitarlos.

Eliud ¿Dónde están,

pescador, entretenidos

Andrés y Simón, que quiere

Saulo, mi señor, hablallos,

servillos y regalallos?

PescadorDe su nobleza se infiere

tan noble agradecimiento;

pero venís a ocasión,

señor, que Andrés y Simón

siguen más heroico intento.

Saulo¿Pues están ausentes?

Pescador Todo

cuanto de hacienda han ganado

con las redes, han dejado

y se han ido.

Saulo ¿De qué modo?

Pescador Muy pocos días después

que pasastes, Saulo noble,

por esa ribera a Tarso

honrando los pescadores,

llegó a su margen de plata,

venturosa desde entonces,

aquel profeta divino

que Jesús tiene por nombre,

de quien tú diste las nuevas,

con notables escuadrones

de gente que le seguía,

y honrado el humilde borde

de la nave de Simón,

le predicaba sus voces,

poniendo atento los aires

el mar los peces disformes,

que, como si le entendieran,

sobre las rocas y sobre

las barcas, al parecer

admiraban sus razones.

Acabó el sermón, y Pedro

le dijo: «Toda esta noche

sin ningún provecho he estado

pescando»; y Jesús mandóle

hacerse al mar, y calar

las redes, y apenas ponen

en ejecución lo dicho

Simón y Andrés, cuando cogen

tanto pescado, que fue

forzoso a los pescadores

de otro navío a pedir

ayuda, porque hasta el tope

los dos de pesca quedaron.

Pedro a los pies arrojóse

de Jesús, dándoles gracias,

con Andrés, y él abrazóles,

y díjoles que dejasen

las redes, que desde entonces,

pescadores pretendía

hacerles él de los hombres.

Siguiéronle, y navegando

en esa nave una noche,

se pensaron ir a pique

del mar y el viento a los golpes.

Iba en la popa durmiendo

el profeta, y despertóle,

a pesar del mar airado,

Simón, diciéndole a voces:

«¡Maestro, que nos perdemos!

Nuestra fortuna socorre,

porque el mar, por anegarnos,

al cielo levanta montes.»

Despertó, y al mar y al viento

mandó sosegar, y entonces

mar y viento obedecieron,

porque sus palabras ponen

freno al mar y al viento airado.

y siguiéndole conformes

Juan y Jacobo su hermano,

con Andrés y Simón corren

el mar de Genesaret,

y luego Felipe escoge

en Betsaida, y Jacobo,

que Alfeo tiene por nombre,

decano de Galilea,

y a Bartolomé, del noble

tronco real, y a Tadeo,

y porque con él se nombre

al cananeo Simón,

a Tomé, y del banco enorme

a Mateo el publicano

y a un Judas Iscariote,

que sirve de despensero,

y les compra lo que comen,

que no me parece igual

en virtud a esotros once:

hombre bermejo de barba,

falso en todas ocasiones,

vendiendo siempre a quien mira,

que es propiedad de traidores.

Bien puede otras cosas ser,

mas su ausencia me perdone,

que tengo de él mal concepto,

al fin, con aquestos doce

discípulos, que ha nombrado

apóstoles, y cuyos nombres

escuchas, sin infinitos

que agora no se conocen,

que se llaman encubiertos,

permite el cielo que asombre

a la tierra con milagros,

que en este vecino monte

le he visto dar de comer

a más de cinco mil hombres

con no más de cinco panes

y dos peces. Cuantos oyen

su palabra no la dejan;

que sus divinos sermones

hacen labor en las almas,

y a cuantos las manos pone

quedan sanos. Yo le vi

a un paralítico pobre

de cuarenta años de enfermo,

que por solo falta de hombre

nunca entraba en la piscina,

a donde el cielo dispone

que revolviéndola un ángel

sanasen de sus dolores,

levantarse con su cama

a cuestas, aunque los torpes

escribas y fariseos,

porque era sábado entonces,

murmuraron y dijeron

que de su precepto el orden

traspasaba desta suerte

y que era delito enorme.

A un ciego de nacimiento

después vi dar vista, a donde

sanó a un leproso, y a un mudo

demonio forzó a dar voces,

hasta echarle de aquel cuerpo

que atormentaba, y...